Precedente (BirraSo Festival 2013)...

Este viernes fue un día de esos. Reintroducido ya de nuevo a mi habitat barcelonés original, podría decir que la noche del día 6 fue la primera "farra" que me pegaba desde que dejara de cerrar bares cerveceros en aquellos joyosos días laborables tan bien aprovechados por Madrid. El contexto: la celebración del primer festival con cartel de artistas musicales y cerveceros, el BirraSo, que tuvo lugar en un escenario privilegiado como es el Poble Espanyol.

Sin estar directamente implicado en su organización, sentía el festival como algo propio: el sello BBF se notaba por todas partes, y un montón de caras amigas, muchas de ellas con signos evidentes de cansancio después de horas intensas de trabajo, me daban la bienvenida desde la entrada o desde detrás de la barra, como si 24 horas antes hubiéramos estado currando codo a codo como hace medio año en Las Arenas. La diferencia, no obstante, era que en esta ocasión yo tenía la oportunidad de no preocuparme más que de descansar mentalmente y de gozar de mi primer festival de música con una selección cervecera cuidada, variada y cercana a mis gustos. Y en ello me empleé a fondo.

A pocos se les escapará que mi asistencia al BirraSo no tenía mucho que ver con el apartado musical: sinceramente, sólo conocía 3 de los 10 grupos, y ninguno de sus álbumes se encuentra en mi colección. Pero el hecho es que tampoco la cerveza me atrajo al evento: las novedades cerveceras presentadas que me interesaban las tenía cubiertas de antemano. Lo que me sedujo, en realidad, fue el concepto: quería verlo con mis ojos, y beberlo con mi vaso. ¿Cómo funcionaría? ¿Qué feedback se podría sacar de la experiencia?


Al entrar, alrededor de las 19h de la tarde, recogí mi entrada y me entregaron el vaso del festival. Había querido preguntar (e incluso dar mi opinión al respecto) acerca de este tema, que me parecía especialmente trascendental, pero mi desordenada mente no fue capaz de recordármelo en ningún momento oportuno. Sin embargo, mis expectativas y preferencias se confirmaron al comprobar que el vaso era, como debía ser, de plástico. ¡¡Horror!!

Pues no: en este caso no se trataba de catar, ni de descubrir, ni de nada que no fuera simplemente beber con comodidad durante unas cuantas horas, de pie (y para los que no son sujeta-barras como un servidor, incluso para bailar). A decir verdad, y después de utilizar el vaso para alguna que otra cervecilla (no más), no me parecería descabellado utilizar el formato plástico en ferias si no fuera por un tema de imagen (este tema da para otro post; hoy no toca).

Con mi vaso ya en pleno bucle de llenado y vaciado, sólo me quedaba disfrutar de la música y la compañía de la buena gente que me iba encontrando. Musicalmente, sin desmerecer a nadie, y teniendo en cuenta que mi atención al escenario empezó más tarde que las actuaciones, me pareció muy destacable lo bien que sonaban The Sweet Vandals, aunque para mí la gran revelación personal fue el incontestable directo de la Fundación Tony Manero; bárbaro, buenísimos. Betagarri dio cañita también con su música ska, recordándome aquellos conciertos de Festa Major de cuando mi joven rostro no escondía tres décadas de bagaje vital. 

En cuanto a la otra vertiente propia del Birrazo*, y como ya había anunciado por redes sociales, la Guineu Soul Ale (la birra de Fundación Tony Manero) fue un auténtico gustazo, ideal para el contexto para el que fue creada. Para un incondicional de la Riner, una "Black Riner" fue un gran regalo de los grandes. La Naparbier Betagarri era otra referencia francamente interesante, que definí desde el primer día que la probé como una ZZ Pils (que es mucho decir). Juan, Josu: ya me diréis si estáis de acuerdo. Aún así, la cerveza que más disfruté, por descolocación, fue la Guineu Dr. Calypso, que me dejó con la boca abierta por lo muy muy fresca que estaba. Maravillosa, bravo Guzmán.

Como internacional, me sigo llevando buenas sensaciones con esta marca suiza que recientemente descubrí: Bad Attitude. De talante noritaliano en sus creaciones, complementan su saber-hacer con una trabajada imagen rompedora. Especialmente me gustó su steam beer Bootlegger, por salirse de guión sin cargarse el estilo por la mitad.

No apuré hasta las dos, y el sábado no pude asistir finalmente, pero me llevé una grata impresión del festival: un escenario magnífico como es el Poble Espanyol, que sólo tiene inconvenientes si llueve (algo que, a pesar de las previsiones, finalmente no ocurrió), y que demuestra capacidad y encanto más que suficientes para albergar todo tipo de eventos festivos. Asimismo, las protagonistas (música y cerveza) estuvieron a la altura de mis expectativas, con una selección bien pensada en ambos casos. Cerveceramente, la verdad es que las marcas y estilos presentes parecían ideales para tomar unas cuantas estando de concierto, y teniendo en cuenta la climatología propia de principios de septiembre.

A modo de paréntesis, mención especial merece, a mi parecer, el chico que iba barriendo al ritmo de la música, con una profesionalidad y un entusiasmo inigualables: todo el recinto se mantenía impoluto gracias a su trabajo, que demostró que podía hacer a la vez que se divertía como cualquiera de los asistentes. El sudor de su camiseta demostraba el ímpetu con el que vivió la jornada. Genio y figura, además de un ejemplo de compromiso y actitud.

Dicho esto, y como balance particular, creo que se ha marcado un importante precedente, demostrando que es posible montar un festival musical con "cartel cervecero". Obviamente, ciertos patrocinios te solucionan la vida si quieres montar una jornada de conciertos, pero como en todo en esta vida se trata de tener claro qué tipo de cultura vas a ofrecer: apostar por bandas menos mediáticas no va en detrimento de la calidad. La escena cultural alternativa está muy extendida por todo el país: dicen, por ejemplo, que en Catalunya cada pueblo tiene su Festa Major Alternativa, paralela a la que organizan los ayuntamientos. A lo que uno inevitablemente se pregunta: ¿qué cervezas se ofrecen dentro de esta oferta de alternatividad? A estas reflexiones daba respuesta, hace unos días, un buen compañero manresà en redes sociales; y las contradicciones de una fiesta que se declara "anti-capitalista y alternativa" afloraban en un momento en que el panorama cervecero local parece preparado para este tipo de ocasiones.

Interesante fue acercarme a la barra a escuchar y hablar con otros asistentes para comprobar que la "parte no cervecera" del festival estaba disfrutando con la oferta para llenar el vaso: curiosidad, caras de sorpresa y satisfacción fueron la tónica de lo que pude recoger mientras me mezclaba entre la multitud, jugando a ser voyeur. La difusión de lo nuestro, aunque haya quien quiera censurarlo a toda costa, se lleva a cabo cada vez desde más flancos distintos: otro gran logro del BirraSo.

Recapitulando: así como en toda empresa, los inicios siempre son duros. Hacen falta más ediciones de BirraSo para convencer a más y más gente; de eso no me cabe duda. Incluso cuando, en mi opinión, el destino del festival es el de reconvertirse radicalmente o, directamente, desaparecer: espero que llegue un día en que no tenga sentido plantear un festival desde la especialidad de fusionar música con oferta cervecera. Sería una muestra de normalización que queremos y que necesitamos, pero que queda lejos por ahora. Contentémonos con este precedente, y los que están por llegar. Por si a alguien le queda alguna duda, esto no ha hecho más que empezar.


Felicitats a tota l'organització. Salut i BirraSo!



* Las estadísticas del blog revelan que mucha gente creyó que el nombre del festival hacía referencia a algún pepino cervecero. 

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