Más allá de la sensación en boca

Imagen original: Maria Godfrida.

Se ha hablado y se ha escrito mucho acerca del olor, del sabor y del aspecto de la cerveza. Incluso en los anuncios comerciales apelan al sentido del oído, con supuestos tirajes de cerveza que nos abren la sed y las ganas de tomar una tras otra. Contrariamente, salvo para describir la sensación en boca, muy raras veces se habla de la cerveza desde el punto de vista del tacto. Y a ello me dispongo.


"El tacto del envase para la presentación o toma de cerveza influyen en nuestra percepción de un mismo líquido"


Cuerpo ligero o generoso, seca, cremosa, aterciopelada, de carbonatación viva o escasa… Estos, y muchos otros, son calificativos que habitualmente podemos utilizar para describir la sensación que nos produce la cerveza en su paso por la boca. Quienes han bebido cerveza conmigo un rato largo y en más de una ocasión seguro que conocen mi predilección por este aspecto en la evaluación de una cerveza: sin entrar en preferencias sobre su composición, si su tacto no es agradable es más que posible que no quiera tomármela. En una línea similar, podríamos incluir también la digestibilidad.

Pero dejemos el mouthfeel de lado, que hoy mi intención no era profundizar sobre el análisis del mismo, sino que quería escribir acerca de otros aspectos relacionados con el tacto a la hora de consumir cerveza. En el Barcelona Beer Festival, de la mano de David Moya -4 Pedres-, llevamos 5 años consecutivos demostrando a un grupo reducido de personas cómo distintos estímulos de imagen y sonido cambian nuestra percepción sensorial de un mismo líquido. El tacto, efectivamente, se comporta de forma análoga.

El sentido del tacto es aquel que nos permite percibir cualidades de los objetos como son la presión, la temperatura, la aspereza o suavidad, o la dureza. A continuación describo algunos aspectos más o menos aleatorios sobre los que últimamente he estado pensando en relación al tacto: quizás sean menos relevantes que la sensación en boca a la hora de determinar si nos gusta una cerveza, pero pueden jugar, no obstante, un papel relevante en su apreciación.


Envase para la toma


Tomé mayor consciencia de éstos -y cogí la idea de publicar las presentes reflexiones- cuando adquirí a modo de prueba un vaso Craft Master Two de Rastal -CM2-. Llevaba tiempo, en casa, consumiendo la mayoría de mis cervezas con el modelo original, el Craft Master One -CM1-, y quise analizar si esta nueva versión me daba un resultado tan satisfactorio. Tras varias pruebas dictaminé que, especialmente a nivel aromático, el CM1 me ofrecía prestaciones algo superiores.

Si bien al cabo de unas semanas me di cuenta de que utilizaba ambos vasos de manera bastante indistinta. Es más, pronto adquirí el hábito de utilizar el CM2 como vaso para cervezas batalleras. ‘¿Por qué?’, me pregunté. Es cierto que el CM1 a nivel visual no ha sido nunca santo de mi devoción, si bien su ergonomía, la claridad con la que presenta los aromas y la capacidad de trago largo son para mis hábitos y preferencias de consumo cervecero una fórmula ganadora.

Pero la realidad es que me da un placer especial beber con el CM2. Es un vaso con una línea muy elegante; el tipo de envase que personalmente tendría en un restaurante, a parte de alguna copa. Pero lo que de verdad me gusta es la naturalidad con la que se sienta en mi mano: no sólo es ergonómico, sino que se sujeta con suma facilidad, repartiendo equitativamente el peso a lo largo de la superficie de contacto. No pesa nada, y para una persona con capacidad para levantar peso limitada se agradece. El hecho de que esta misma persona tiene las manos poco robustas -de utilizarlas básicamente para picar en el ordenador-, hace que prescindir del asa parezca también adecuado para la experiencia táctil.

Contrariamente, no me molesta en general el contraste térmico de la cerveza con mi mano; incluso veo la virtud a una distribución del líquido en el envase que permita temperar la cerveza con las manos de manera más rápida. Este es un aspecto que valoro positivamente en un envase, dado que raras veces consigo que la temperatura de servicio de una cerveza se sitúe dentro de mi rango óptimo desde el inicio.

Pero hay más. Su forma más estilizada, con menor diámetro máximo y un poco más de altura, permite una circulación del líquido ligeramente más fluida, y por tanto facilita incluso más el trago largo. Asimismo, sin la curvatura del extremo tan acentuada como en el CM1, que da hasta cierto punto sensación de grosor del vidrio, el contacto con los labios resulta más placentero.

En resumen, la toma es para mí más confortable: ofrece un mejor tacto. He aquí el motivo por el que me encuentro utilizando el CM2 de forma prioritaria y recurrente a pesar de que organolépticamente el CM1 es para mí algo superior.


Presentación del producto


Aquí entramos en el terreno de las expectativas, más que de la experiencia en la toma de cerveza. A bote pronto, suena como un aspecto más visual que táctil, pero la presentación de la cerveza también tiene elementos de tacto que influyen en la experiencia.

Consideré uno de estos elementos hace no mucho tiempo, tras sujetar una botella de Aniversari IPA de Montseny: la encontré especialmente robusta, para una botella de 33cl, y me dio una sensación de empaque francamente positiva. Fui más allá y confirmé que, en efecto, hace un tiempo que los cerveceros de Sant Miquel de Balenyà trabajan con botellas de vidrio de mayor calidad: ‘pesan más, y cuestan más, pero ahorras en roturas de botellas y, a su vez, ofreces un producto que presenta más calidad’, me comentó Albert Sánchez, cervecero de Montseny. Una calidad que, de forma sutil pero efectiva, se nota.

Pero ¿y qué hay de las etiquetas o botellas con relieve? Si un buen diseño visual nos puede resultar sugerente a la hora de tomar cerveza, un acabado con relieve da una sensación de calidad y cuidado elevado. El problema, no obstante, viene cuando esta sensación no se ve recompensada con el contenido de la botella, que acaba siendo el que realmente decide. Fenómeno, el anterior, lamentablemente común con la ‘gourmetización’ de cervezas que, en realidad, tienen más de marketing que de calidad.

Lo anterior no deja de ser una prueba de cuán influenciables son nuestros gustos a partir de elementos que no son puramente sensoriales respecto al líquido.

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Mi conclusión personal es que el tacto, tanto del envase para la presentación como para la toma de una cerveza, influye en cómo vamos a percibir un mismo líquido, ya sea positiva o negativamente.

Termino con una pregunta abierta a cerveceras y establecimientos, ¿estáis considerando el tacto como parte de la experiencia de tomar cerveza?


Salut i birra!

Comentarios

  1. BUENAS BIRRI, LEYENDO TUS DISERTACIONES SOBRE EL AGARRE DEL VASO HE SENTIDO UN ARRANQUE ONANISTA QUE NO CREÍ NUNCA TENER HABLANDO SOBRE BEBER CERVEZA JAJAJAJA, CREO QUE SE TE HA IDO LA PINZA JAJAJA.
    EL TEMA DEL GROSOR DE LA BOTELLA TAMBIEN INFLUYE, IMAGINO, EN EL PRECIO A LA HORA DEL TRANSPORTE, TANTO AL LLEVARLA A LA FÁBRICA COMO A LA HORA DE SACARLA DE LA FÁBRICA, UNOS GRAMOS EN UNA BOTELLA NO VAN A NINGÚN LADO, PERO EN UN PALET PUEDE SER MOTIVO DE SOBRE COSTE.
    TE DEJO UNA IDEA QUE LLEVO TIEMPO RONDANDO Y ESTE POST ME HA DESPERTADO LA CURIOSIDAD, EL SONIDO.
    MUCHAS VECES ABRO UNA CERVEZA Y POR EL SONIDO DEL LÍQUIDO AL CAER, O DE LA ESPUMA AL GENERARSE MI PERCEPCIÓN ME PREDISPONE A JUZGAR LA CERVEZA ANTES SI QUIERA DE HABERLA BEBIDO ( SI LA CARBONATACIÓN ES CHISPEANTE EN PLAN EFERVESCENTE ME DA MALA ESPINA Y SI SE NOTA UNA DENSIDAD ALTA Y LOS SONIDOS DEL LÍQUIDO SON MAS GRAVES ESPERO UN DISFRUTE MÁXIMO ) ¿QUE OPINAS SOBRE ELLO? AHÍ TE DEJO LA IDEA, TE CEDO EL COPYRIGHT, EL TM Y MI CONSENTIMIENTO A USAR ESOS DATOS SEGÚN LA NUEVA LEY DE PRIVACIDAD JAJAJAJA.
    SALUT!

    FDO. CERVERIANA

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    Respuestas
    1. ¡Buenas Jorge! He tratado de ser descriptivo y detallista, nada más :-). En cuanto al otro tema que comentas, creo que hay ciertos sonidos que nos remiten a experiencias pasadas que nos hacen augurar que la experiencia cervecera no será buena. El tema aquí, a diferencia del tacto, es que raras veces falla: salvo en contadas ocasiones, al levantar la chapa -por ejemplo- podemos anticipar que la carbonatación será desagradable, y que potencialmente tengamos algún problema de contaminación bacteriana, con toda la afectación aromática y de sabores que pueda tener en función del grado de avance. Aquí, lo ponga en mi vaso prelidecto o en un tubo de plástico, la cerveza estará para tirar.

      Un abrazo.

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