lunes, 22 de abril de 2013

Modernidad vs Tradición

En el marco de una escapada de fin de semana largo a Gales, con la finalidad de asistir a la divertidísima boda de un buen amigo, no desaproveché la oportunidad de seguir explorando y aprendiendo acerca de la cerveza en el Reino Unido.

Como las conexiones aéreas a la parte occidental de la principal isla del archipiélago británico no son precisamente buenas, viajamos vía Londres tanto de ida como de vuelta, pasando nuestra última noche en la gran capital inglesa. Ante nosotros, una magnífica oportunidad de invertir las pocas horas de que disponíamos en descubrir algún rincón cervecero que mereciera la pena.

A diferencia del verano pasado, cuando visitamos Canadá, ésta vez había hecho los deberes, a sabiendas de que íbamos a disponer de una tarde-noche para explorar pubs londinenses. Pensé que sería interesante, sin tener que desplazarme por otro medio que no fuera andando, poder contrastar las dos realidades opuestas que vive actualmente Londres: la nueva generación de cervezas de inspiración yankee contra las clásicas cask ales CAMRA-compliant. En este sentido, nuestro mapa tenía dos chinchetas: una en Camden Town, la otra en Euston. Veamos que dio de sí la visita.


Brewdog Camden:

Casi al llegar a la boca de metro de Camden Town, giramos a la derecha por Greenland Street y empezamos a visualizar una muy luminosa señal azul, que nos indicaba que estábamos llegando al cuarto Craft Beer Pub de los escoceses de Brewdog.

Al entrar, lo primero que nos sorprendió fue que el pub no estaba rebozando de personas, pero había un suave olor generalizado a humanidad un tanto desagradable (de cuerpo medio y con matices de sobaquillo), que poco enganchaba con el ambiente de gente guay de 25 a 35 años que predominaba. Por lo demás, el local tenía una decoración que mezclaba lo aparentemente antiguo y desgastado con notas de modernidad destacables. Los tablones del suelo y parte del mobiliario parecían haber aguantado dos siglos de pisadas, aunque estaban en perfecto estado en cuanto a entereza. La sensación, para mí, fue la de como si hubieran cogido los trastos viejos y las luces de un garaje, lo hubieran arreglado un poco y se montaran un garito allí mismo; con toques de pintura acordes, que dieran luz y brillo, a fin de que el sabor final para los visitantes fuera moderno-vintage y no antiguo-cutre. La verdad es que me gustó mucho.

Nos dirigimos a la barra a fin de observar la oferta cervecera de las pizarras, y poder echar un ojo, asimismo, a la carta de botellas. De grifo, sólo había lúpulo y más lúpulo. Podía imaginarlo, pero quizás no tan exagerado. Tenía en mente pedir algo oscurito como última consumición, y no fue posible. Para Mrs. Birraire, el panorama tampoco pintaba bien: pedimos 3 de las 6 cervezas de más-o-menos-trigo que estaban en carta y no las tenían. Con todo, al final hicimos nuestro pedido y, ante el agobio de gente que había en la barra, decidimos optar por una mesita al lado de un gran ventanal que da a Bayham Street.

Mi estimada mujer había acabado pidiendo la Mikkeller Yeast Series 2.0 Saison, que sorprende comprobar que allí en Londres y de barril sabe notablemente más suave y redonda (y más belga) que aquí en mi casa de botella. Por mi parte, no dejaría escapar la oportunidad de probar una auténtica rareza de la que no tenía ni tan sólo noticia de que existiera: la Vagabond Lager de Brewdog. Sí, ya podéis imaginaros que no sabía a Pilsener alemana: es como una Pale Ale lagerizada, afrutada, con un toque sutil delicioso de frutos secos; muy fácil de beber, con una combinación de lúpulo muy agradable y un paladar limpio y ligero. Delicada; sin astringencias. Muy muy rica.

Mis dos siguientes víctimas fueron la Mikkeller Yeast Series 2.0 English Ale, que es la única de la serie que no he podido conseguir en botella, y la Brewdog Chaos Theory. La primera guarda una interesante relación de matices a pan de semilla alemán y a frutos secos, con un perfil de lúpulo americanizado de libro. La Chaos, muy curiosa: una nariz un tanto apagada y extraña (llegué a sospechar, de inicio, que no estaba bien); un saborazo en boca que hacía saltar de alegría, una vez evolucionada. Muy resinosa, sus lúpulos destacaban más por sus toques terrosos, acompañados magistralmente por una potente base maltosa de carácter británico, con frutos secos, cereales, miel y suaves recuerdos de madera. Cabe destacar también los aromas y sabores iniciales a fruta roja ácida. Cuesta imaginarla, ¿verdad?

Con todo, pasamos un rato bien entretenidos, gracias también en parte el WiFi gratuito de que dispone el local (un puntazo a favor cuando vas de viaje). El servicio del local nos pareció un pelín frío, y más siendo un pub de los siempre llamativos, informales y extrovertidos Brewdog; aunque para nada nos trataron mal. Nos quedó probar la oferta gastronómica, que por desgracia no era muy extensiva y se limitaba a algunas pizzas y cuatro cositas más en plan picoteo. El global, aunque en los momentos de mayor afluencia el ruido se disparaba demasiado, y a pesar de que la oferta fuera limitadísima a cervezas lupulizadas, fue muy positivo.


Bree Louise:

Saliendo de Camden, nos dirigimos a una pequeña calle llamada Euston Street, al lado de la gran y conocida estación que lleva el mismo nombre. Fue justo en la conjunción entre esta callejuela y Cobourg Street que encontramos un pub de fachada predominantemente roja, con variadas plantas exteriores que aportaban un poco de verde de contraste, en el seno de un precioso edificio de ladrillo. Las mesas de fuera, con valientes clientes en manga corta sentados en alguna de ellas, eran realmente tentadoras, pero apostamos por cruzar la puerta roja para poder cenar dentro uno de los famosos Pies caseros del Bree Louise.

Para que os situéis, estamos hablando de un pub galardonado como CAMRA's Pub of the Year en 2009 y 2010, gracias a su también reconocida comida y la gran selección de Real Ales, con una rotación de vértigo. La cosa realmente prometía, si bien al entrar la primera impresión fue un tanto agridulce al comprobar que el sitio tenía un grado de cutrez bastante elevado. No había, a penas, ni una sola silla, ni tampoco mesas, que fueran iguales; todas distintas. La moqueta del suelo no es que estuviera especialmente sucia, pero su patrón junto a un mobiliario algo destartalado y la sensación de que todo parecía tener más años que el producto de mi edad y 3 no acabó de convencernos.

No obstante, elegimos mesa al lado de una preciosa colección de tapas de bomba de mano, y rápidamente examinamos la carta que nos trajo un camarero. El ambiente andaba un poco apagado: ya sé que un domingo sobre las 20h no es el momento más popular de los pubs en Londres, pero había alrededor de quince personas, solas o en pequeños grupos, con casi nula interacción con la barra. Y, quieras o no, cuando como en mi caso estás enamorado del ambiente de pub británico, es un tanto decepcionante.

En fin, que después de que nos informaran de que el 3 Cheeses Pie no estaba disponible, apostamos por el Steak & Kidney, que resultó ser delicioso. En cuanto a cerveza, había una oferta de 9 handpumps con cervezas estilo Spitfire, London Pride o Bass, 11 gravity casks y también algo de sidra y perry, a parte de dos tiradores con Lagers checas. Me dirigí a la barra que estaba al lado de la entrada de Euston Street, donde se encontraban los casks ligeramente inclinados para el servicio de una buena variedad de cervezas que sólo llevaban la información del nombre y el alcohol por volumen.

Fue en este punto cuando interactué con uno de los chicos que estaba detrás de esta parte de la barra, al pedirle qué cervezas tenía. Con una mezcla de pereza, sorpresa y tirantez, no sabría adivinar en que proporción, me dio cuatro indicaciones muy básicas que me dieron poca idea de qué había, aunque una cerveza me llamó la atención en especial, y aposté por ella: la edición especial para el torneo Seis Naciones de Rugby de Partners (llamada, como corresponde, 6 Nations).

En principio se trataba de una Bitter, aunque para mi gusto "mildeaba". Afrutada, de color rubí oscuro, especialmente floral y con toques asados. Asimismo, presentaba un perfil de frutos secos notorio y algo de cereal tostado, con un cuerpo más bien ligero. Lo cierto es que estaba de vicio, y acompañó con destreza la buena cena que estábamos tomando. Una vez terminada mi pinta, fui a por media pinta de algo similar a una Stout, ya que arrastraba las ansias de cerveza oscura desde la visita en Camden. Nuevamente me acerqué a la barra y pedí la Tempest Stout de Art Brew. Ésta última fue un pelín mejorable, porque aún teniendo un buen sabor a maltas achocolatadas y un perfil floral suave pero fresco (que es más o menos lo que andaba buscando) parecía estar un poco demasiado aguada, con un paladar flojillo en comparación al resto de cerveza. Me la terminé a gusto, pero quizás esperaba algo más contundente.

Con todo esto, ya habíamos terminado nuestra cena, y habíamos podido hacer la comparativa entre ambos sitios. Sin lugar a dudas, la oferta gastronómica de Bree Louise daba mil vueltas a la de Brewdog Camden: variedad de cervezas y, aunque no pudimos probar la comida en el primer pub, me atrevería a decir que los Pies caseros eran insuperables. Pero Brewdog Camden era, sin duda, un sitio mucho más agradable al que acudir: bien es sabida mi casi-obsesión con los pubs tradicionales, pero Bree Louise no consiguió que me sintiera en ningún momento como uno más, ni me mostró la cara más amable y social que tienen los británicos; algo que he encontrado en numerosos pubs de toda la isla. De acuerdo que en Londres capital la gente es algo más estirada que en otras partes de este magnífico país pero, usando su vocabulario propio, Bree Louise no era welcoming una vez dentro.

A BC le vendría bien un toque más británico en su oferta, aunque fuera introduciendo referencias como The Kernel, Thornbridge o Magic Rock en sus grifos, a parte de la comida. O, al menos, que no todo fueran lúpulazos. A BL le convendría restaurar un poco el local, hacerlo más amigable; y moderno, porque no. Creo firmemente que los pubs tradicionales deben adaptarse a los nuevos tiempos para atraer al público más joven. Cabe decir, aún así, que si viviera en London me veo más como regular en BL que en BC: la oferta gastronómica pesaría, y conociendo mis gustos con el tiempo me acostumbraría a uno a la vez que me cansaría del otro.

Conclusión: lo mejor es que cada modelo (Modernidad y Tradición) aprenda algo del otro, sin renunciar a su esencia. Y ya puestos a pedir, que los londinenses aprendan a ser tan agradables como sus vecinos galeses.

Salut i birra!

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