miércoles, 26 de septiembre de 2012

Degustación de Cerveza en la Embajada de EEUU...

- ¿Te apetece asistir una degustación en la Embajada de EEUU?
- ¿Perdona? [...] Hostia, pues por poco que me lo pueda montar...

Y por poco, pero pude montármelo.

Más o menos dos semanas antes del día D, el cobayo David me hacía esta indecente proposición. Después de asegurar mi disponibilidad, pude confirmarle mi asistencia a un evento del que no tenía más información que una invitación formal que me llegó por correo. En ella, se especificaba la casa oficial del embajador Alan D. Solomont como punto de encuentro, el 18 de septiembre a las 19 horas.

Me planté allí con antelación; de hecho, llegué primero. Al cabo de un rato, llegó un taxi con tres tipos que parecían sacados de un capítulo de la genial serie de Los Soprano: eran Ernesto y David (Yria-Guinea Pigs!) y David de Fábrica Maravillas. Seguía llegando gente, y pronto estuvimos muchos de los invitados a punto para entrar a la Embajada: JAB, Ramon Sorribes, David Gago, David Castro, Fernando Sánchez y Eric Coene; y algún otro que seguro que me dejo.

En el control de entrada no nos cachearon, pero sí tuve que dejar mi mochila aún asegurando que sólo llevaba un Ken Follet y un ordenador portátil. A continuación, nos dirigimos a la puerta de la residencia oficial, donde nos dieron la bienvenida y nos hicieron pasar a un salón en el que nos esperaba el embajador, que nos saludó con afecto.

La habitación era amplia, con una gruesa alfombra en el suelo y coloridas muestras de arte contemporáneo en las paredes. Había unas mesas altas, formando más o menos un semi-círculo enfocado a unas mesas con manteles blancos, donde empezaron a aparecer algunas cajas y botellas de cerveza. Lo primero que pude ver fue una botella de Goose Island, y empecé a relamerme los bigotes. Al cabo de un minuto, así como si nada, tenía a JAB a mi lado para compartir impresiones, y una copa de 312 Urban Wheat en mis manos, a modo de aperitivo. Más tarde, nos traerían una cremita de calabaza con espuma de cerveza para acompañar, aquellos que aún no nos la habíamos pimplado entera, la imponente cerveza de trigo que degustamos como preludio.

A. Medina, el embajador A. Solomont y R.Hanson.

Antes de empezar el acto, pudimos intercambiar unas palabras con el propio embajador Solomont, así como con un miembro de su equipo, que nos preguntaba con cierta preocupación dónde encontrar buena cerveza en Madrid. Teníamos al 50% del equipo de Cervezorama 2.0 detrás; la respuesta era fácil. Asimismo, pude acariciar y juguetear un momento con Stella Blue, la perrita del embajador, que paseaba tranquilamente por su casa, seguro que bien acostumbrada a recepciones y actos.

En el discurso inicial, Alan Solomont nos dio la bienvenida, e hizo especial hincapié en el buen momento de la craft beer en Estados Unidos. El objetivo del encuentro, nos comentó, no era otro que la promoción de la cerveza estadounidense en España, y por ello había invitado a gente del mundillo: unos para la difusión, otros para los negocios. Mr. Solomont confesó ser un gran aficionado a la cerveza, habiendo nacido en una ciudad cervecera como Boston; hasta llegar al punto de que en sus años mozos había invertido en una micro estadounidense (aunque, según sus palabras, antes de tiempo; y por eso se fue a pique). Su discurso, relajado y con destellos de humor, fue traducido por Arantxa Medina, asistente de asuntos agrícolas. Por último, se dirigió a los bloggers presentes para que posteáramos de que ahora es el momento de beber craft beer americana. Posteado está, señor embajador.

Con cervezas como las que tomamos, sin embargo, no hace falta ser tan obediente como he sido yo. Sólo la primera ya me había roto esquemas, aunque no era una opinión unánime entre los asistentes. Ese aroma a trigo crudo y esa combinación envolvente en boca, con puntos ligeramente tostados, me dejaron con ganas de más (de 2 o 3 botellas más, específicamente).

A continuación, el turno de palabra fue para Robert Hanson, el consejero de asuntos agrícolas, que nos instó nuevamente a hacer difusión de los productos cerveceros de Estados Unidos y a trazar unas redes de contactos para generar negocios que fueran provechosos para norteamericanos y españoles.

Andreas en plena
explicación.
Entrando ya a la degustación propiamente, el sueco Andreas Fält se presentó como miembro de la Brewers Association de EEUU (según su tarjeta personal: "Embajador americano de craft beer") y conductor de la cata de las distintas birras que nos esperaban. Robert Merryman (Condal Chef) se encargó de hacer una traducción libre de las impresiones de Andreas. Fue divertido seguir las explicaciones de uno y otro.

La charla fue interesante durante todo el recorrido cervecero, aunque muchos coincidimos en apuntar de que el nivel de las impresiones que nos relataba Andreas, a ratos, era muy básico.

Pasando a la birra, el orden de degustación fue el siguiente: John John Juniper Ale, de Rogue; Calico Amber Ale, de Ballast Point; Doggie Style, de Flying Dog; Dirtoir Black Lager, de Rogue; Morimoto Imperial Pilsner, de Rogue; y la Double Stout de Green Flash. No pudo estar por un error en el envío la Shaddock IPA de Widmer, el interior de la caja de la cual lo ocupaban otras cervecitas, bastante raras. De éstas, pude probar la Wyld, de la Uinta Brewing Company de Salt Lake City (Utah).
Cremita de calabaza.

Cada una de ellas fue acompañada con algo para picar; por orden: crujiente dulce con foie gras, tartar de atún sobre tortita crujiente de maíz, kebap, uva de oliva (muy curiosa), falafel, mini hamburguesa con cheddar, y un crujiente de brownie con wasabi y frambuesa. Todo realmente apetitoso, aunque el wasabi en el brownie tengo que confesar que me costó.

En cuanto a birra, me gustaría destacar por encima de todas la ya mencionada 312 Urban Wheat de Goose Island, que para mi gusto fue la mejor (y de la que me procuré un generoso refill antes de irme). La Dirtoir de Rogue me encantó también, con una bebibilidad increible, con notas tostadas a cacao y un punto ahumada, pero nada empalagosa con su moderado dulzor. Por último, también desde Oregon, la John John Juniper Ale, elaborada con pepino y enebro, me pareció destacable. Cierto es que no gozó de la mayor popularidad entre los asistentes, pero a mi me convenció mucho por su originalidad, con toques clarísimos a cohombro y frutas del bosque, acompañados por un fondo de ginebra. De hecho, la cerveza tiene maduración en barrica de esta bebida espirituosa, así que no era difícil de imaginar. Muy compleja e interesante.

Durante el evento, pude coincidir también con Iacopo Sposaro (Irreale) y Alberto Benavides (Bar&Beer), así como con Mikel Rius, con quien pasaría gran parte de lo que restaba de noche, que no terminaría en la embajada.

Vista general del ambiente en la embajada.

Así fue como terminamos todos (o gran parte de nosotros) en Irreale; y luego en Animal. Los más valientes, finiquitaron la noche en Kloster. Por mi parte, después de tanta cerveza americana, aposté por el buen producto nacional que tenemos, tomando una deliciosa Tres Mares de Dougall's, y concluyendo la noche suavemente con la genial Pils de Naparbier. Todo ello acompañado de grandes charlas con JAB, David Gago y Mikel, entre otros; además de una corta pero profunda conversación con Robert acerca de la Batalla del Ebro y del panorama cervecero local.

Después de una tarde-noche tan llena de acontecimientos, charlas e intercambios de impresiones con buena gente como la que nos acercamos a la embajada aquel martes, a uno le queda un sentimiento de felicidad dentro. Al marcharme, me sentía satisfecho de escribir este blog, de conocer a esta gente y, sobretodo, de ser cervecero.

...

No me gustaría dejar de agradecer de manera entusiasta al equipo entero de la Embajada de los EEUU en España y Andorra, a David de Cervezorama y a Robert Merryman el hecho de que hayan facilitado mi asistencia a un evento tan interesante: por el entorno, por ser novedoso y por el buen material catado. Muchas gracias.

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Podéis leer las crónicas de JAB y el Homo Lupulus para tener otros puntos de vista del mismo evento.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Swansea Bay Beer Festival - Las Cervezas...

Segunda y última parte de mis nuevas aventuras galesas; en este caso, en el Swansea Bay Beer Festival. Si en la primera entrada me centré en hacer una breve (tanto como pude, os lo aseguro) crónica de mis impresiones del festival, esta vez voy a apuntar a aquellas cervezas (y sidras, y perry) que más me entusiasmaron durante los tres días de festival.

Como ya comenté, las cervezas estaban divididas entre Golden, Bitter, Mild, Stout/Porter, Strong Bitter, Barley Wine y Speciality; y todas ellas eran servidas en las jarras oficiales del SBBF, directamente de un barril cask por los amables voluntarios de la CAMRA que dan apoyo a este tipo de eventos a cambio de nada.

Trazar un semi-recorrido siempre ha sido una prioridad para mí: siendo de esta manera más fácil seguir una lógica de consumo, no olvidar cervezas que uno quiere degustar, probar cuantos más productores mejor, etc. Esa tarea de reflexión profunda previa propició que, casualmente, empezara por la que para mí fuera probablemente la mejor cerveza de todo el festival: la Hobsons Mild.
Le tiene un aire a Guillem
Laporta... yo lo dejo ahí.

Con unos asombrosos 3,2% ABV, esta cerveza roza la perfección en su estilo. Presentaba una delicada pero aromática nariz con notas a fruta en almíbar, a malta asada, un toquecillo ahumado y lúpulo floral inglés. En boca asombra la intensidad de esta cerveza de tan poca graduación, perfectamente equilibrada, repitiendo notas maltosas de fruta y flores. De cuerpo medio y carbonatación testimonial, fue para mí un disgusto enorme. Sí, un disgusto: ¿por qué no puedo tomar yo esta cerveza cada día del mundo? No en vano, me la recomendaron hasta cinco personas distintas.

Si mi vida tomara un giro inesperado y decidiera ir a vivir a UK, tener esta cerveza cerca podría ser un factor importante para considerar mi ubicación. Bebibilidad y carácter unidos en sagrado matrimonio.

(Después de este particular homenaje a esta gran birra, voy a ir más al grano; prometo).

La Best Bitter de Hobsons fue realmente rica también, pero se quedaba corta al lado de su hermana y de otras deliciosas bitters como, por ejemplo, la Sampson's Jack de Gower. De corte muy clásico británico, esta cerveza entre ámbar y cobre se presentaba con una espuma tan cremosa y persistente, acompañándome de inicio a fin, que me saltaron las lagrimas ante tal muestra de amabilidad. En nariz y boca nada destacable que se saliera de guión: floral y maltosa, con notas de frutos secos, cuerpo medio y carbonatación ligera. Pero TAN bien hecha...

Y si seguimos por la senda de las bitters, cabe destacar también la Civil Unrest de Black Falls, o la Thunderbird de la Kite Brewery. La primera, de Manchester, era entre ambarina y cobriza, transparente, con una espuma muy fina una vez reposada. De aroma a maltas afrutadas y frutos secos, con notas de almíbar y frutos rojos, a la vez que lúpulos florales. En boca descubría unas interesantes notas a madera, geniales con los toques a nuez y caramelo. Sedosa, de cuerpo medio y de final largo y floral. Me dio la sensación de que se encontraba a caballo entre una bitter y una mild por la oscuridad general de su malta; me encantó.

De carácter inconfundible a bitter, la Thunderbird me pareció, en un primer instante, la más floja de las probadas hasta el momento. Algo que, una vez reposada, cambió radicalmente; convirtiéndose en una sabrosísima ale, con un genial equilibrio entre lúpulos y maltas británicas, que le daban notas florales, a naranja y a caramelo, madera y nuez. Si alguien me pidiera una definición de cerveza de sesión, probablemente le instaría a probar diez pintas de esta cerveza para que lo descubriera él mismo.


Impresionante fue la The Original Oak, de la vieja conocida Swansea Brewing Company. Quizás la más turbia de todas las cervezas tomadas (levemente nublada), tenía un carácter cítrico, con un agradable punto ácido, bien redondeado con una buena carga de malta con matices asados y notas de fruta roja. Presentaba un perfil de carbonatación casi inexistente, con un equilibrio perfecto entre dulce y amargo, finalizando seca y dejando un suave pero interesante sabor a arándanos después de cada trago. No puedo esperar más para volver al Joiners Arms (brewpub de la Swansea BC)... probablemente en medio año pueda saciar mi sed.


Una cervecera que me dejó con ganas de probar muchas más cosas fue la Purple Moose de Porthmadog. Su Glaslyn Ale, entre una Golden y una Bitter, fue de mi agrado, con un postgusto increible que unía notas de lúpulo cítricas y herbales a suaves notas de cereal y frutos secos. Pero mención especial se merece la otra cerveza ofertada de la cervecera del ante morado (y no sólo por su original nombre): The Dark Side of the Moose. Esta Mild hizo las delicias de mis amigos Darren y Karl, así como las mías, enamorándonos cada vez que nos acercábamos a la nariz o la boca ese delicioso néctar entre marrón y rojizo. El tiempo parecía haber perdido ritmo: la gente a nuestro alrededor se movía pesadamente, el ruido era confuso y lento; eramos nosotros y nuestra cerveza, de perfil lupulado muy británico, e impresión general afrutada y, nuevamente, con malta asada, frutos secos y toques a caramelo y azúcar quemado. Con una cerveza de este calibre, no sólo Anakin caería en la tentación de pasarse al lado oscuro.

Y hablando de oscuridad, con aspiraciones a podio (si lo hubiera) estaría la cerveza que había traido una cervecera de la que todo el mundo me había hablado muy bien, pero que hasta la fecha se me resistía. La Hophead de Dark Star, seguramente la de perfil más apto para festivales y ferias de las nuestras, tenía un aspecto genial, con una apetitosa espuma blanca, esponjosa y cremosa, que coronaba un pálido líquido amarillo con un olor espectacular a cítricos y hierbas, y con deliciosas notas a albaricoque verde. De carbonatación muy ligera, hasta cierto punto me recordó la gran Riner de Guineu, aunque con un gradito más de alcohol, que le daba un plus de fuerza.

¿Más? Pues la siguiente a destacar sería la Oscar Wilde de Mighty Oak. Otra Mild para chuparse los dedos: afrutada, con notas a frutos del bosque por todos sitios, pero con un carácter tostado muy notable también, dejando un sinfín de pequeños matices, entre los que destacaría el caramelo y, de manera muy suave, el chocolate. Una obra maestra como las del autor de The Picture of Dorian Grey. En jerga local, diría que, de todas, era la más moreish. No por casualidad ha sido reconocida con importantes premios a nivel británico.

Imagen sacada de aquí.

(Tranquilos que quedan pocas. No sabéis como me ha costado elegir las mejores.)

Pasemos a destacar otra cervecera Galesa. En este caso la Otley, de la que pude probar todo lo que presentaba sin excepción. Si bien la O-Garden (guiño a Hoegaarden) era una bitter cargadísima de trigo bastante interesante, y la O4 Columb-O una Golden Ale más que digna, las dos más destacadas fueron la Croes-O (bienvenido, en galés) y la Oxymoron.


La primera se trata de una Golden excepcional, con un aroma meloso a cítricos, toques de pomelo y con un punto especiado. Si tuviera que quedarme con un sólo detalle de esta birra, sin embargo, me quedaría con su suave final cítrico, que escondía unas interesantísimas notas a pistacho, que le daban una gran originalidad. Una compañera perfecta para el verano.

La Oxymoron era una pequeña rareza, tratándose de una Black IPA. La única del festival, impensable para elaboradores de corte clásico, puedo asegurar que es una de las mejores cervezas que he probado dentro de su estilo. Si coges una Stout en cask muy británica y le añades cierta cantidad de lúpulo americano (amarillo o cascade, se me ocurren) tendrías la Oxymoron. Claro que te faltaría la maestría de la Otley Brewing Company.

Penúltima, la Barley Wine de Oakham, llamada Attila. Si una cosa he podido comprobar en este festival, y en alguna otra contada ocasión, es que a este estilo de cerveza le va el cask. Es una combinación que te deja sin aliento, como las camisetas verdes sobre la piel morena de una atractiva mujer en verano. Pero con la diferencia que se trataba de una cerveza curiosamente pálida de aspecto, que no de aroma ni sabor, combinando un rango de frutas bestial con ciertas notas acarameladas y a hierba salvaje. Moderadamente alcohólica; desmedidamente buena.

Y por último, la cerveza que se disputaría el trono con la Hobsons Mild: la Landlord de Timothy Taylor. Un clásico entre los británicos cerveceros, con una triunfante historia de admiración y premios detrás, la Landlord es una bitter un tanto atípica, pensada para desafiar las bitter clásicas. La base es, efectivamente, una bitter inglesa de toda la vida, sin duda; pero tiene un perfil de malta muy propio y bien definido, con interesantes toques de avellana y pistacho, que se sale lo suficiente de guión para ser distintivo; y acompañado todo por un sorprendente exotismo en lo que se refiere a su lupulización. Imaginaba, en mis sueños, encontrarme una cerveza de estas características, con toques magistrales a fruta de la pasión. Pruébenla y ya me dirán: en el norte de Europa, existe un país entero enamorado de esta cerveza.



Antes de irme, si me permitís, me gustaría hablar de sidra y perry. Ante todo, me gustaría dejar claro que mis conocimientos sobre estas dos bebidas son mucho más limitados que los de cerveza, siendo mi experiencia realmente corta. No obstante, no quería dejar de mencionar tres brebajes concretos que me dejaron totalmente anonadado y que, dentro de las sidras y perrys probadas allí y anteriormente al evento, destacaron más que notablemente.

Como sidras, me impresionaron sobremanera la medium-dry Dog Dancer de Gwynt Y Ddraig (de quienes estuve cerca de probar toda la gama que había; a cual mejor) y la Kingston Black de los ingleses Broadoak, una dry acojonante. En cuanto a perrys, destacar especialmente la que, en mi muy ignorante paladar, se presentó como una bebida divina y perfecta: la Two Trees Perry de, otra vez, los galeses de Gwynt Y Ddraig. Fuentes más fiables que la mía, me aseguraron que podría tratarse fácilmente de la mejor de Gales.

Si con la cerveza dejé aconsejarme a menudo por mis compañeros, buenos conocedores del panorama local, en sidra y perry (que, obviamente, fue de lo que menos tomé) fui directamente tutelado por un par de expertos en la materia. Así que no es de extrañar que en mis intentos con estas bebidas acertara tan de lleno con alguna de mis elecciones.

Por último, me gustaría destacar que entre birra y birra, tuve grandes conversaciones con homebrewers locales, que me daban su punto de vista sobre algunas de las cervezas que íbamos tomando y me preguntaban animosamente sobre el auge cervecero español, del que poco o nada conocían. Hice autocrítica, pero dejé bien el producto nacional. Si alguien considera que podría ser un buen embajador cervecero, que se ponga en contacto conmigo: birraire@gmail.com (admito pago en especie).



Espero haberos podido trasladar, hasta el punto que se pueda, la magnitud de las cervezas que uno podía tomarse en Swansea entre el 23 y el 25 de agosto de 2012. No puedo hacer más que recomendaros de manera entusiasta que acudáis a un festival CAMRA cuanto antes.

Salut i birra!

martes, 18 de septiembre de 2012

Swansea Bay Beer Festival - Experiencia e Impresiones...

La parte cervecera de mi verano (aunque la no cervecera no se quedó corta en cerveza) empezaba el día 22 de agosto con una escapada gastro-cervecera a Swansea para ver a unos buenos amigos galeses y asistir a uno de los festivales CAMRA más celebrados de todo el Reino Unido: el Swansea Bay Beer Festival; tres tardes-noches de buen rollo, risas y grandísima cerveza, sidra y perry.

Me habían hablado mucho del festival; también había leído mucho acerca de él. Durante algo más de un año, estaba deseoso de que llegara el momento de asistir a este gran evento; y, por suerte, cumplió fantásticamente con toda la ilusión y expectativas generadas de antemano: no sólo tomé cervezas superlativas, sino que además pude disfrutar plenamente junto a Mrs. Birraire de la compañía de grandes amigos, y de la gente galesa en general.

Así pues, el día 23 nos plantamos puntuales en la Brangwyn Hall, una sala polivalente situada al lado del centro de la ciudad del cisne blanco, pensada especialmente para conciertos, pero que desde hace unos años acoge también el evento cervecero más importante del País de Gales, con una gran afluencia de público gracias a la buena representación de cervezas galesas e inglesas (además de una escocesa en 2012) presentes en cada edición.

El ambiente CAMRA se respiraba por todos lados, con cartelitos, revistas gratuitas, flyers de campañas, merchandising variado y un montón de orgullosos miembros que enseñaban su carné al entrar. Esta vez, nadie dudó de mi mayoría de edad (un logro, 11 años después de alcanzarla) y pude desfilar tranquilamente hacia el interior, cual hooker al lado de los dos pilares que me acompañaban*. Mrs. Birraire llegó unos minutos más tarde con las respectivas parejas de Darren y de Karl (sí, los pilares), asegurando de esta forma mis (de-otra-manera-remotas) opciones de volver a casa.




Después de pagar mi entrada (5 GBP), cogí con ansia mi preciosa jarra de media-pinta-generosa y la guía de cervezas. A continuación, fui a comprar mis primeros tokens (fichas) para poder adquirir cervecitas. Aunque ya me lo habían comentado anteriormente, fue bastante curioso que éstos fueran de papel. A ellos les parece tan normal y lógico, pero no creo que sea una idea exportable para nuestras ferias y festivales, por razones de fácil reproducibilidad. No menos sorprendente, sin embargo, fue el precio: cada token equivalía a 10 centavos, y el precio medio de llenado de la jarra era de 14 tokens. Un regalo; un peligro.

¿Y en qué iba a gastar yo mis papelitos? Para que os hagáis una idea, ésta es la lista de cerveceros con, al menos, un barril de cerveza (o sidra, o perry) en el festival:


Antes de empezar, desconocía la amplia mayoría de las cerveceras presentes. Pasados el jueves, el viernes y el sábado, pude mirar la lista sin la sensación de encontrarme en una galaxia muy, muy lejana; conociendo al menos una referencia de casi todas las cerveceras.

Aunque no era nada destacable en el si de un festival de cerveza británico, personalmente me llamó la atención la clasificación de estilos que venía en la guía, que diferenciaba entre Golden Ale (incluyendo semi-APAs e IPAs), Bitter, Strong Bitter, Stout/Porter, Mild, Barley Wine y Speciality Beer (siendo esta última categoría un auténtico cajón de sastre). Creo que no hace falta ni comentar que todo estaba en cask, sin excepción.

Las Goldens y las Bitters copaban más de la mitad de referencias, con una presencia notable de Milds (para mi disfrute), pocas Stouts/Porters, tres Barley Wines, y algunas especialidades contadas (desde lagers a cervezas altamente lupuladas, a la americana que por lo que fuera no habían entrado en la categoría Golden). Aunque esta parte la contaré detalladamente en el siguiente post, las rarezas e interpretaciones de estilos foráneos no estuvieron entre mis cervezas elegidas. Habría sido estúpido pedirme según qué cervezas y no probar, por ejemplo, todas las Mild posibles; ¡que aquí no tenemos!

A partir de entonces, empezó mi festival particular; aunque no sin antes sentarme a reflexionar un buen rato sobre cómo proceder ante una oferta cervecera tan desconocida para mí, con la perpleja mirada de Darren y Karl, que no daban crédito a mi inoperancia mientras remataban su segunda cerveza.

Sin más dilación, me sumergí en un mundo de cerveza limpia y clara, con notas florales en nariz, con retrogusto a frutos secos y cremosas coronas de espuma. Tomé, o mejor dicho degusté, todo lo que el cuerpo y la cabeza me dejaron, con permiso también de la disponibilidad de mis cervezas objetivo.

Entre jarra y jarra, token y token, pude echar unas buenas risas con todo el grupo que habíamos ocupado una de las pocas mesas disponibles en la Brangwyn Hall. También pude interactuar con algunos locales, forzando mis sentidos para entender aquellos acentos galeses más cerrados y/o etílicos. Asimismo, detrás de la barra encontré un personal muy abierto y dispuesto a hablar de cerveza: todos ellos voluntarios de la CAMRA, de conocimientos cerveceros más que notables e inclinaciones, en general, muy clásicas en todo lo que se refiere a cerveza.

Encuadrar bien la foto no era tarea fácil...

Cada día nos acompañó un buen hilo musical; algo imprescindible en ambientes británicos. Muchos grupos noveles desfilaron también por el escenario, obsequiando a los asistentes con covers más que dignos de grupos como The Beatles, Creedence Clearwater Revival, The Kinks, Rolling Stones, Manic Street Preachers y tantos otros que ocupan posiciones privilegiadas en mis listas de reproducción personales.

Comparativamente, me gustaría destacar que los galeses acuden a este tipo de festivales con un chip muy distinto al que acudimos muchos de los cerveceros de aquí. Soy consciente de que hay de todo en la viña del señor, pero mientras localmente estamos, a veces, obsesionados con probar cada cerveza a toda costa (me incluyo totalmente en esta categoría), allí la gente se lo toma más tranquilamente.

Para ellos, no deja de ser un día al que acuden a un recinto de notables dimensiones en lugar de su pub, a cambio de poder probar cervezas de cada rincón del país. Pero no deja de ser un plan similar al de cada semana. Aquí quizás nos hayamos tomado lo del beer-hunting demasiado a pecho: nuestra cultura cervecera es muy joven, y casi ha llegado de la mano con las redes sociales y los smartphones. Portales de ratings a cervezas o aplicaciones como Untappd creo que fomentan esta ansia desmedida de probarlo todo (y aunque no los uses, como es mi caso, se pega).

Hace tiempo que estoy reflexionando sobre estos temas, pero después del SBBF he aprendido que es mejor relajarse con los amigos y probar menos novedades, para tomar mejor cerveza. Sin ansia de degustar lo último, uno es más selectivo; y es que, sin prisas, la cerveza sabe mejor. Se trata de abandonar parte del friquismo (y snobismo) para, simplemente, beber cerveza de forma desenfadada. La cerveza, al final, lo que debe hacer es despreocuparnos; que para dolores de cabeza ya tenemos las otras facetas de la vida.

Personalmente, ya había empezado a reformarme en esta dirección; espero vivir a partir de ahora las ferias con una mayor naturalidad; como también espero que, localmente, alcancemos esta madurez cervecera colectiva. (Y si alguien cree que no entra, para nada, dentro de lo que estoy describiendo, es porque no le estaba incluyendo dentro del pack).

Los tokens

En resumen, mi impresión global fue excelente: ambiente y calidad de la cerveza siendo lo más destacado; justo lo que uno busca en eventos de esta índole. Finalizado el festival y la escapada, volví a casa un poco más enamorado que la vez anterior de este pequeño país británico: de su cultura, de su gente y de su tierra.

El año que viene el SBBF se celebra en abril debido al cierre por reformas de la Brangwyn Hall; lo cual me impedirá asistir. En 2014, si a alguien se le ocurre ir, nos vemos allí.



Miscelania de impresiones:

(en realidad son las notas previas que tomo antes de redactar un post, que no sabía donde encajar, pero vamos...).

  • Un porcentaje muy elevado de asistentes al SBBF iba a pillarla gorda, sin más. Eso hace que desde bien temprano haya gente peleada con el equilibrio y la gravedad.
  • Sí, no nos engañemos: seguimos a años luz de sus cervezas.
  • Si el inglés con acento galés no es fácil, a partir de cierto número de pintas parece otra lengua.
  • Reconozco que me cayó la lagrimita con la preciosidad de jarras del evento.
  • La comida en Gales es deliciosa. En el SBBF hay mucho margen de mejora.
  • Hay gente que sólo va a beber sidra. Pero espera: ¡hay asistentes que sólo toman perry!
  • Utilizar un recinto como la Brangwyn Hall permite que no haya problemas de tomas de agua ni aseos.
  • Por lo general, los sidreros tenían un punto de sofisticación mayor que los birreros.
  • Los precios de la cerveza y la cultura bebedora local (de allí) contribuyen decisivamente a que se colapsen los lavabos. No había visto nada igual en mi vida.
  • Me encanta ver que mi vaso no está lleno de líquido entre poco translúcido y opaco, birra tras birra. Sí, es una crítica a nuestro panorama (pero constructiva).
  • El galés es una lengua apasionante. Su fonética... todo un reto. En todo caso, no se aconseja su uso bajo los efectos del alcohol: luego el reto se convierte en utopía.
  • Si había beer snobs, se camuflaron bien.
  • Fue curioso asistir a un festival cervecero en el que no hubiera, en palabras de los locales, american nonsense (sinsentido americano; en referencia a cervezas ultralupuladas). 
  • Curiosidad: los vasos de los festivales locales (de aquí, nuestros) y los del SBBF son, en principio, de media pinta. No voy a apuntar nada más al respecto... sólo quiero que echéis un vistazo a la siguiente foto.
Cuando bebes, se nota más.

Como última reflexión, y esta vez a favor nuestro, diré que el hecho de que hemos podido pensar, casi sin  prejuicios, cómo debe ser un festival o feria cervecera, en un panorama tan novel como el nuestro, ha significado que no toleremos vicios por ser "normales", siendo entre todos los aficionados muy quisquillosos para pedir-pedir-y-pedir todo aquello que nos falta en cada evento, haciendo de nuestros festivales y ferias acontecimientos más abiertos a las ideas individuales y colectivas. En Gales se quejan poco. Aunque algunas de las cosas que nos pasan aquí, allí podrían suponer un terremoto: como precios desorbitados en algunas referencias o cervezas manifiestamente mal acabadas.

Después de mi primera feria CAMRA, veo que hacemos muchas cosas bien; algunas incluso mejor que ellos. Pero aunque la cultura en general, y la cervecera específicamente, distan mucho de la que tenemos por aquí, nos quedan por aprender aún varias cosas. Nos toca seguir la senda de crecimiento actual, con humildad y con ganas de aprender y pasarlo bien.

Lloniannau!


* Si no has entendido esto, no podrías entrar en según que pubs de Gales (puedes consultar el artículo sobre Rugby de la Wikipedia, si estás tan deseperado como para querer entender mis símiles baratos). Yo sé que Raúl y Txema lo han pillado.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Quedada Chulapo-Bloguera-Cervecera (QCBC)

"Jaja, muy bueno el post... patatim patatam... a ver si un día tomamos unas birras juntos"
"Gracias por tu comentario... patatim patatam... encantado por mi parte, a ver cuando coincidimos"
"Esto deberíamos montar algo y vernos para apretarnos unas cervecitas"
"Sí sí, montamos alguna fijo"
etc.

Posts, comentarios, conversaciones virtuales diversas. Como en la vida misma, todo son buenas intenciones y poca iniciativa. Todos nos hemos encontrado a aquel compañero de clase, con quien nunca llegamos a congeniar durante nuestra escolaridad, pero con quien nos parece urgente y necesario hacer un café para "ponernos al día" aquel día que nos cruzamos por casualidad en otra ciudad; en otra época. En otra vida.

El miércoles 12 de septiembre fue revolucionario, en este sentido. Justo anteayer era el día que, de manera muy aleatoria y provisional, se asignó a un evento organizado en Facebook. Era una fecha orientativa pero, mira por donde, acabó siendo el momento de reunión entre varios de los bloggers cerveceros que nos movemos por Madrid y alrededores. (Sí, y que varias veces nos hemos emplazado a vernos, "desvirtualizarnos" y cosas similares).

(Venga va, voy al trapo). Después de una informal y distendida discusión a través de la mencionada red social, decidimos hacer la quedada* por la zona de Bilbao (en Madrid), empezando la ruta cervecera en el nuevo Oldenburg.

Allí nos citamos todos, a las 20h de la tarde. No estaba seguro de llegar a esa primera parada, pero finalmente pude largarme a tiempo del curro para no perderme ni una sola cerveza. Al cruzar la puerta, enseguida vi a JAB, y luego a Rodrigo (Barón de la Birra) y a Álvaro.

No me costó identificar a Raúl (quizás más conocido como Aniceto), y no conocía a Elisabet, pareja de Álvaro. Al rato llego Fran, seguido del Conde de la Birra.

Es una Chimay Triple. El vaso...
una patinada notable.

Ya estábamos todos: hablando, en algunos casos, por primera vez en directo, haciendo una de las cosas que más nos gusta, que no es otra cosa que tomar cervecitas. Temas, conversaciones e impresiones variadas; para todos los gustos. Después de mi primera cervecita (una Chimay Tripel de barril, estropeada en parte por la incomprensible elección de vaso), decidimos cambiar y pasarnos por Europe.

Allí pedimos nuestras cervecitas, con la posibilidad de ordenarnos de manera distinta y hablar con otros compañeros. En la cervecería tuvieron el detallazo de invitarnos a un par de platillos para picar, que siempre va bien cuando te vas de birras. Mi agradecimiento desde aquí.

No tenía pensado probar nada nuevo esa noche, pero se me presentó  la ocasión de probar mi primera Sagra (sí, no había probado ninguna aún); concretamente la Bohío, que estaba pinchada en barril. No tenía ningún tipo de expectativa previa, ni mala ni buena, y fue una agradable sorpresa encontrar una barley wine bastante afrutada que, cuando cogió temperatura, tenía un aroma y sabor muy agradable, y fantásticamente equilibrado. Tengo ganas de probar otras cervezas de estos cerveceros castellanos y poder comprobar en qué punto ponen el listón. Sin duda, la Bohío lo deja bien arriba; una buena elección.

Grata impresión, la Bohío.

Y como la vida está llena de oportunidades a la par que de casualidades, justo esa misma noche se inauguraba un nuevo local cervecero en Madrid, en el mismo barrio de Bilbao. Así fue como "estrenamos" en comitiva el Animal Picar&Beer, que se encuentra en la calle Hartzenbusch número 9. Sin mucha decoración por el momento, se trata de un local de dimensiones moderadas, con algunas mesitas y una barra con 6 grifos rotativos, que para aquella noche guardaban maravillas como las siguientes: Pils de Naparbier, Punk IPA de Brewdog, St Feuillien Saison, De Molen Rijn & Veen, De Molen Amarillo y, la que elegí yo, Black Ball de To Ol (fantástica, como muchos ya sabréis).

Pude hablar un rato con Tibor Domènech, la figura visible de este nuevo proyecto cervecero. Podía sospecharlo por su nombre, pero efectivamente es catalán, como un menda; de la garrotxina población de Olot, concretamente. (Como me gusta la Garrotxa). Le prometí que nos veríamos pronto, y muy probablemente de forma habitual: quiero probar bien la experiencia Picar&Beer. Los vinos que tiene en carta seguro que están ricos, pero creo que me quedaré con las birras (a parte de los grifos, tiene unas neveritas cargadas de joyas).

Black Ball de barril...
porque yo lo valgo.

Los cobayos Miriam y David estaban allí tomando unas birritas también, y pudimos intercambiar impresiones al respecto. Como siempre, un placer coincidir con esta buena gente.

Estoy contento de como funcionó la quedada. Estuvo muy bien volver a echar unas risas con Rodrigo, que es el fiel reflejo de lo que son sus posts: ordenados, taxativos, con un punto de locura y humor, directos y abundantes. Genio y figura.

A Aniceto (le pega más que Raúl, os lo aseguro) tuve que recriminarle su post sobre la Struise Witte (¡blasfemo!), cosa que generó una interesante conversación sobre wits, a la que se juntó JAB, también. Con él ya habíamos quedado anteriormente y disfrutado conversaciones y cervecitas; y repetir fue un auténtico placer.

Me gustó reencontrar a Álvaro, y conocer a Elisabet, después de haber coincidido por primera vez degustando aquella bestial barley wine de Marble en el BBF. Asimismo, un placer conocer a Fran y al Conde de la Birra, con quienes espero volver a echar otras birras pronto (si acabamos institucionalizando la QCBC, no lo dudo que será así).

Soy consciente de que en la Cervecería Europa teníamos algún otro compañero en la mesa, pero no tuve ocasión de saludarles al ser su visita muy fugaz. Espero en el futuro estrechar vuestras manos y charlar un rato también.

Y nada; a los que no pudieron asistir, o a los que no avisamos con toda la desfachatez y mala intención del mundo (mandarme un privado por Facebook y os invito al evento), espero veros pronto en la segunda parte de la quedada: porque cuando nos fuimos no terminó; sólo la dejamos la suspendimos para más adelante.

Vista de lo que dejaba atrás
al irme de Animal.

Salut i passi-ho bé, companys!



* "Quedada" es un término que asocio de una manera casi-inmediata a los encuentros físicos entre gente que se conoce a virtualmente. No sé si a alguien más le ocurre; debe ser un tema generacional (irc-hispanoEste apunte tiene poco que ver con el post, pero estaba deseando poder mencionar dicha circunstancia (y como el blog es mío, mando yo).

viernes, 7 de septiembre de 2012

Sorpresa Birraire - Agosto 2012...

Después de un verano muy movidito cervecísticamente (del que voy a desvelar bastantes detalles durante los próximos posts del mes de septiembre), ha sido complicado decidir qué momento, cerveza, pensamiento o vivencia podrían hacerse un hueco en esta sección.

Reflexionando sobre el tema ya hace unos cuantos días, tomando una deliciosa kriek y con vistas al mar, pude ver más claramente que la Sorpresa Birraire del mes pasado se la merece el descubrimiento personal de la realidad de brewpubs que existe en Canadá (y, más concretamente, en Ontario y Quebec).

Este verano, después de mucho ahorro y años esperándolo, he podido visitar la costa este de tan superlativo país. Se trataba de un viaje no cervecero: para disfrutar, especialmente, de la naturaleza. Los parques naturales del Canadá son, efectivamente, una auténtica gozada para los que amamos el entorno natural en general, y el senderismo en particular.

No obstante, dentro del objeto principal del viaje también cabía la urbanidad de ciertas ciudades y pueblos. Y es en este entorno que, sin haber mirado casi nada de antemano, me encontré una escena cervecera, para mí, soprendentemente arraigada; muchísimo más de lo que podría haberme imaginado.

A base de pequeñas consultas con mi smartphone y con la ayuda de la Lonely Planet que nos acompañó fielmente durante las 2 semanitas de viaje, pude encontrar más brewpubs interesantes de los que habría podido visitar en el caso de realizar un viaje con una intencionalidad cervecera más pronunciada. Si bien, cuando miro atrás, parece como si esta grata experiencia por Canadá hubiera tenido, desde un principio, ciertas-muchas intenciones birraires.


En todo caso, durante las próximas semanas voy a repasar cada uno de los pubs que pude visitar en el país de la hoja de arce. Servirán no sólo como cuaderno de viaje, sino como inapelable justificación de esta Sorpresa Birraire. Espero que os guste.


PS. Sí, a mí también me sorprende que un post mío sea tan corto.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

27 de agosto...

El 27 de agosto es una fecha especial para mí. En 2007, con una tímida experiencia laboral anterior como becario, fui asignado a un proyecto que me llevaría a trabajar en Bruselas. La ilusión que tenía por aquella nueva vivencia, ya en aquel entonces, escondía ciertas preocupaciones birraires. Mis gustos cerveceros ya estaban en cierto modo encarados, pero está claro que fue aquel agosto de 2007 cuando mi vida cervecera dio un vuelco y tomó el sendero por el que Birraire camina hoy en día.

La semana pasada se cumplieron 5 años desde tal efeméride. Es un fecha que no consigo olvidar y que, año tras año, recuerdo con cariño y nostalgia. Han pasado muchas cosas desde 2007: muchas de buenas, otras francamente lamentables. En todo caso, dicha fecha es siempre para mí un motivo de reflexión, recuerdo y auto-evaluación personal.

Rollos a parte; a lo que iba. Durante mi estancia en la capital de Bélgica, hice una preciosa adquisición: una botella de 75cl. de Chimay Grande Reserve (no había conseguido encontrarla nunca por aquí, en aquellos tiempos no tan lejanos).

No casualmente, cinco años después, la botella en cuestión seguía en mi bodeguita; envejeciendo para ser descorchada en algún momento de celebración que me pareciese idóneo. Si bien inicialmente no había un momento predeterminado para ello, ya hace mucho tiempo que sabía que el final de esa botella sería para conmemorar el quinto aniversario de mi aventura belga.


Y así fue como llegué a tomar mi primera Chimay Grande Reserve (CGR) de más de 3 años; algo para mí muy especial: no sólo por dónde y cómo conseguí la susodicha botella, sino porque siempre he simplificado mis gustos cerveceros admitiendo que se trata de mi cerveza favorita (los matices a esta afirmación y las demás favoritas, para otro día... si es que tiene algún interés, que lo dudo), y eso le da aún más valor personal.

Había leído y preguntado, en su momento, todo lo que pude acerca del envejecimiento de cervezas en general, y de la CGR en particular. 2012 parecía un buen año para destapar mi pequeña joya. Durante la semana del 27, me encargué de saborear una Chimay Bleu "fresca" de 33cl. para tener un recuerdo reciente antes de tomar un buen vintage (como si lo necesitara, pero vamos... fue una excusa efectiva).

El viernes 31, tranquilo, en mi casa, después de un buen ritual de evaluación sensorial de mi estimada botella (aún sin abrir), destapé la Chimay Grande Reserve 2007.

Lo primero que me llamó la atención fue que la habitual generosidad de espuma que presenta esta cerveza se convirtió en una tímida espuma que, si bien no era escasa, parecía algo dormida. No obstante, coronaba de manera majestuosa el cáliz de Chimay, con una cremosidad y durabilidad que ya la quisieran muchísimas cervezas. (Cabe destacar que, aunque más introvertida de lo habitual, en las dos posteriores "tiradas" de cerveza la espuma parecía haberse despertado un poco).

Asimismo, el color de la cerveza era notablemente distinto: del casi-negro habitual, y la característica turbidez, pasaba a un rojo rubí muy intenso, y una claridad propia de pilseners (sólo se presentó algo turbia después del tercer y último vertido).

Al aroma le costó arrancar. Desde un inicio, noté una incidencia más que notable del alcohol, que probablemente hubiera incrementado durante este tiempo respecto de los 9% que aparecen en la etiqueta.

Como no tengo tendencia a beber con prisas, le di opción a la cerveza de reposar en la copa y evolucionar; no sin un poco de preocupación ante un aroma que, aunque muy interesante, no me parecía absolutamente soberbio (que malas son las expectativas). Al rato, afortunadamente, despertó; ¡y vaya si lo hizo!

Ese aroma y sabor a pera que tanto me chifla en este cerveza parecía haber desaparecido inicialmente, dando paso a notas más oscuras que ganaban presencia, como a cerezas y ciruelas bien bañadas en alcohol, juntamente con recuerdos a ciertas variedades de vino dulce. Pero, de repente, empecé a oler y saborear esa pera que tanto anhelaba, aunque se presentaba distinta. La sensación general que me provocó a partir de entonces fue la de un delicado licor elaborado a base de deliciosas peras al vino como las que prepara Mrs. Birraire para acompañar algunos exquisitos platos con los que, por suerte, me obsequia tan a menudo.

En boca el paso era elegante y suave; alcohólico, pero muy bien balanceado. De cuerpo generoso, parecía ser menos densa que el líquido sin envejecer. Mi impresión general, fue la de una cerveza de excepción, que sirvió de homenaje a mi persona y para celebrar el V 27 de agosto debidamente.

La verdad es que me esperaba una cerveza bastante distinta de la que tomé; si bien superó con creces el listón de mis expectativas: algo inimaginable en un principio. Había coqueteado con la imagen de una cerveza con más presencia de notas asadas y torrefactas de lo que es habitual. Para nada me esperaba el fino néctar de frutas reposadas en alcohol que atesoraba mi valiosa botella de Grande Reserve, que ya descansa en una estantería, satisfecha después de haber cumplido sobradamente con su propósito de proporcionar un alto grado de placer.

Como conclusión, me quedo con que la grandeza con la que una Chimay GR (o azul) estándar acompaña generalmente la carne (la de buey, mi preferida como maridaje) desaparece.

Contrariamente, se convierte en una perfecta cerveza "de copa"; para saborearla tranquilamente durante un muy buen rato, sentado en la butaca, con mi mujer al lado (en mi caso, claro está) y con alguna cosa ligera para leer y disfrutar al máximo de cada trago. No es, para nada, el tipo de cerveza que me tomaría en un pub; pero sí un sustituto perfecto del whisky después de una rica comida de domingo.

Y como las cosas importantes
hay que celebrarlas
debidamente...
... me apreté un par de primas de la
CGR durante la semana para
calentar motores.


















PS. Está claro que la ilusión con que me tomé la CGR podría afectar mi tan excelente veredicto; pero mis primeras impresiones no fueron tan buenas como las del final. De hecho, sufrí ante la posibilidad de que me pareciera sólo buena, al principio.

(La imagen de la bandera de Bruselas la he sacado de aquí).

lunes, 3 de septiembre de 2012

Gacetilla Cervecera XIII

Vuelta al cole y vuelta de la Gacetilla Cervecera. No ha sido un número fácil de coordinar dadas las vacaciones de verano, pero aquí está recién salido del horno para todos.

Para esta edición, empezamos reflexionando sobre el contexto socio-económico y la cerveza. JAB y Jordi repasan conjuntamente el auge de la Cerveza Sin: cómo se elabora y cuál es su historia en España.

A continuación, los compañeros extremeños de Cerveza Artesana Jara se nos presentan. Edu Casas, por su parte, nos habla de uno de los objetos más codiciados por los coleccionistas de breweriana: las etiquetas.

En un artículo puramente coleccionista, Joan Carles Garcia habla sobre los pins cerveceros, y empieza un catálogo que irá publicando en la GC.

La parte central de este número lo ocupa la realidad cervecera de mi querida ciudad natal de Sabadell. Contamos con una entrevista a con los responsables de La Microcerveseria (Or i Plata), la nota de cata de La Tossa 2.537 (la cerveza de Moixeró Espai Gastronòmic) y un artículo de Sami Claret en que nos habla de su experiencia cervecero-nómada. No os lo perdáis.

Pasado el ecuador, descubrimos la nueva tienda cervecera de Barcelona: La Bona Pinta. Asimismo, repasamos dos de los próximos eventos cerveceros. Txema Millán nos trae las últimas novedades valencianas, y Pep Nogué vuelve con una receta cervecera a base de carne de cerdo.

Cerramos la Gacetilla Cervecera XIII con una nueva tira cómica de Ale y Lager, de Pedro Gómez; y con la contra con breves y actividades.

Esperemos que la disfrutéis. En noviembre, ¡más!




Y si queréis descargaros el PDF, no dudéis en pasaros por nuestra web: http://www.lagacetillacervecera.es