Si no puedes con tu enemigo...


Europa Press destapó ayer la noticia que había corrido a modo de rumor durante las últimas semanas en el sector: Heineken adquiere un 51% de la cervecera madrileña La Cibeles. Fundada por David Castro en 2010, año en que la escena microcervecera de Madrid era casi idéntica a la de finales de los años 90 en Barcelona, con poco más que cerveza importada como alternativa a las grandes marcas nacionales, La Cibeles pronto logró notoriedad y entusiasmó a los, entonces, escasos seguidores cerveceros con inquietudes más allá de la eterna cañita de Mahou.


"La propiedad y la independencia de una empresa son secundarias ante un valor fundamental como es la coherencia"




Cierto es que desde que empezaron las adquisiciones de participaciones en micros españolas, con la compra parcial de Nómada por parte de Mahou-San Miguel, La Cibeles aparecía en todas las quinielas junto a otras empresas como La Virgen o La Sagra, que no tardaron en confirmar los pronósticos de medio sector tras el interés demostrado por las grandes cerveceras en poner un pie dentro del craft peninsular. En este sentido, dudo de que la noticia haya sorprendido a nadie.

El hecho no tendría mayor relevancia a estas alturas, si no fuera por un detalle que dista de ser trivial. Y es que el jefe de producción y fundador de La Cibeles, David Castro, era hasta ahora el Presidente de la Asociación Española de Cerveceros Artesanos e Independientes -AECAI-.


La Asociación: ¿lobby o lanzadera?



La AECAI fue fundada en 2014 por las cerveceras Domus, Sagra, La Virgen, La Cibeles, Dawat, San Frutos y Arriaca -tres de las cuales, casualmente, adquiridas total o parcialmente por grandes grupos cerveceros-, y cuenta a día de hoy con cerca de 50 empresas elaboradoras. Como destaca en su portal web, entre los objetivos de la Asociación se encuentran:
  • La definición y pautas sobre la denominación de “Cerveza Artesana”.
  • Promoción de la cultura de la cerveza artesana.
  • Defender los intereses comunes de los asociados.
  • Publicación de datos del sector. 
A resumidas cuentas, su función es la de velar por los intereses de los asociados y potenciales asociados, buscando la coordinación entre empresas para proyectos comunes y divulgando acerca de su actividad, a la vez que ejerciendo de lobby ante otros organismos para representar los intereses comunes. El ejemplo más claro de lo anterior sería, precisamente, el primer punto señalado, que se estuvo trabajando varios meses, y que fue recogido como objeto de debate en el orden del día de la Asamblea celebrada por la asociación el 9 de septiembre de 2016.

En esta Asamblea, según recoge el resumen publicado por la misma Asociación, se consensuó el concepto de 'Cerveza Artesana' para trasladarlo al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, a fin de que se incorporara en el Norma de calidad de la cerveza y de las bebidas de malta, aprobada por el Real Decreto 678/2016, que recoge dicho concepto en su artículo 3.4:

'Fabricación artesana: Elaboración conforme a lo establecido en la presente norma de calidad, mediante un proceso que se desarrolle de forma completa en la misma instalación y en el que la intervención personal constituye el factor predominante, bajo la dirección de un maestro cervecero o artesano con experiencia demostrable y primando en su fabricación el factor humano sobre el mecánico, obteniéndose un resultado final individualizado, que no se produzca en grandes series, siempre y cuando se cumpla la legislación que le sea aplicable en materia de artesanía'.

Una definición muy genérica, traje a medida para los grandes grupos, que dejó la puerta abierta a la consideración de artesanas a cervezas como las de La Virgen y La Sagra tras ser adquiridas por ABI y Molson Coors, respectivamente. Y que ahora servirá igualmente a La Cibeles y Heineken. Desde luego, los intereses comunes de algunos asociados han sido efectivamente defendidos.

Otra de las iniciativas destacadas de la AECAI fue la creación del sello de la Asociación para, atentos todos, '[...] que la gente sepa si está consumiendo o no cerveza artesana y, especialmente, garantizar la calidad y la independencia del producto'.


'Todos los miembros de la AECAI podrán llevar el sello de la Asociación en su etiqueta, dando un valor al consumidor final que verá en las misma la garantía de calidad de estar bebiendo una cerveza artesanal de verdad'.

Una vez más, la falacia de asociar artesanía y calidad. Nada nuevo. Si bien lo interesante es la paradoja de fondo, que viene por el hecho de que, en virtud a los estatutos, La Cibeles no puede formar parte de la Asociación al estar participada por una empresa que no cumple con los requisitos de volumen, método e ingredientes requeridos. Por ende, no puede utilizar el sello distintivo de Cerveza Artesana de la AECAI, pero por Ley puede ser considerada como tal, gracias a la definición aprobada por la propia Asociación. Para ahondar en el delirio, os recomiendo este enlace, del que extraigo la siguiente perla:

''El consumidor tiene derecho a conocer lo que está bebiendo y quién o quiénes están detrás de una cerveza que se vende como artesana pero que, en nuestra opinión, no lo es', ha explicado David Castro, presidente de AECAI'.


De la coherencia y los enemigos

La Cibeles en el marco de la Feria AMCA de Madrid, mayo 2012

Si han empezado a identificar un patrón de incoherencias, recomiendo se abrochen el cinturón. En su labor al frente de la AECAI, que me consta por parte de algunos asociados que ha desarrollado con esfuerzo y diligencia, David Castro se ha convertido en una de las caras conocidas del sector en hablar más alto y claro sobre el papel de las grandes cerveceras como financieras de establecimientos y bares, denunciando el rappel anticipado como un perjuicio de magnitud para las pequeñas marcas, que ven como se les limita el acceso a los puntos de venta en un claro ejercicio de abuso de posición dominante. Incluso ha llegado al punto de denunciar mala praxis de sus actuales socios.

Ahora es La Cibeles quien se va a beneficiar de ese enemigo que señalaba con el dedo en todos aquellos bares controlados de manera directa o indirecta por el Grupo Heineken. Como novedad, se conseguirá mayor variedad, con la incorporación de las referencias de la gama de la cervecera madrileña; pero, como antaño, seguirá siendo a costa de dejar fuera a las marcas más humildes.

Desde luego, la presidencia de la Asociación ha facilitado a David la aparición en decenas de medios para todo tipo de entrevistas, artículos sobre cerveza artesana y perspectivas de la industria, en que ha defendido como Presidente a los pequeños productores y ha divulgado en base a su buen conocimiento del sector. Hay que reconocer esta tarea. No obstante, en su tardía renuncia al cargo, ha obviado la clara incompatibilidad entre representar los intereses de pequeños elaboradores y vender parte del capital de tu propia cervecera al segundo grupo cervecero mundial. Un conflicto de intereses en toda regla.

Decía David que 'el enemigo no está entre nosotros, los artesanos', si bien La Cibeles no sólo ocupara los grifos de los bares con las mismas prácticas que denunciaba, sino que con este movimiento societario deja la imagen de la AECAI, en mi opinión, bastante tocada. Después de todo, mi impresión es que merece la pena que los asociados procedan a hacer una profunda reflexión interna: si desde instancias sectoriales se da el mensaje de que montar una microcervecera es como hacer una start-up tecnológica esperando a que una GAFA te compre, perderemos rápidamente los valores que nos han hecho llegar hasta aquí.


Corolario

Piensa en verde

La entrada de Heineken en el capital de La Cibeles es, sin duda, una gran oportunidad para crecer en tamaño y alcance por parte de la marca madrileña, que contará con un músculo financiero y empresarial mucho mayor, facilitando que más consumidores puedan beber sus cervezas. No dudo, además, que a corto plazo veremos un salto de calidad importante en sus productos, como lo hemos visto también en Nómada, La Virgen o La Sagra.

También es cierto que, de ahora en adelante, la 'independencia de gestión' que se destaca en prensa se regirá por la estricta lupa del retorno de la inversión que ha hecho el Grupo Heineken.

La de David Castro es una historia de éxito dentro de nuestro sector, habiendo emprendido en uno de los momentos más duros de la crisis económica en España. No sólo ha sabido llevar su negocio a la viabilidad, sino que además cuenta ahora con un ambicioso plan de crecimiento fruto del reconocimiento de la gigantesca multinacional cervecera neerlendesa. Todo ello no es sólo lícito, sino perfectamente entendible, si no fuera por las múltiples inconsecuencias en las que incurre.

La propiedad y la independencia de una empresa son secundarias ante un valor fundamental como es la coherencia.


Salut i birra!

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