Un tick histórico

Hubo un tiempo en que las referencias de arriba levantaban auténticas pasiones.

Vamos a hacer un ejercicio. Pongamos que retrocedemos 15 años en el calendario, en ese espacio temporal en que triunfaba Messenger como herramienta para ‘socializarse’ online, y en el que lo más parecido a los smartphones de hoy eran las iPAQ de HP. Habías probado algo más que las Lager de alta comercialización gracias a las cervezas belgas y alemanas de importación, que llegaban a supermercados y a algunos selectos garitos regentados por auténticos militantes cerveceros, así como también gracias a los pseudo-Irish pubs, unos con más gracia que otros, que estaban en pleno apogeo. En este contexto pretérito, piensa cuál habría sido tu respuesta al siguiente enunciado.


“Lista, por orden, aquellas cinco experiencias cerveceras que quieres tener a lo largo de tu vida”


Tras hacer tu lista, vuelve al presente y piensa cómo sería ahora esta lista, considerando la realineación de preferencias que han supuesto para ti estos quince años de lapsus temporal. ¿Existirían coincidencias entre ambas listas? En mi caso la respuesta es positiva, algo que sospecho que tiene bastante que ver con mi entusiasmo prudente ante lo nuevo, y mi romanticismo por lo clásico. Es más, pienso que de haber tenido mayor conocimiento sobre ciertos aspectos de la cerveza como bebida en 2002 la correspondencia entre ambas listas sería aún mayor.

En todo caso, mi lista de antaño habría sido algo parecido a lo siguiente:
  • Ir a la Oktoberfest de Munich.
  • Visitar la fábrica de Guinness, con ruta de pubs por Dublin.
  • Visitar la fábrica de Budejovicky Budvar y/o Pilsner Urquell, con ruta de bares por Chequia.
  • Visitar una abadía trapense -preferiblemente Chimay-.
  • Hacer la París-Dakar en Santiago de Compostela.

Sí, lo sé. Confieso que el último punto me motivaba; de verdad. Me lo contaron como algo especial en un momento en que ni Google ni mucho menos Trip Advisor podían darme ningún tipo de información al respecto, y me pareció tan simpático que me dije que algún día lo haría. No descarto que cuando visite Santiago me motive y lo haga, como homenaje a tiempos pasados, aprovechando para tomar una tapita con mi corto de cerveza en cada uno de los bares; y así cenar a consciencia. Pero más allá de este toque anecdótico, las cuatro entradas restantes de mi lista seguramente serían similares a las que muchas otras personas, en un contexto social y cervecero similar al mío, habrían puesto.

De ellas, más o menos, podría marcar la segunda y la cuarta como hechas. En 2013, la visita a Guinness fue una buena experiencia, complementada con un pub crawl por Dublin muy distinto al que me habría imaginado a mis 19 años, pues ni siquiera pisé Temple Bar. No creo que hoy estuviera en mi top 5, a pesar de haberlo disfrutado. Por su parte, la visita a una abadía trapense la satisfice en 2015, si bien seguramente en la última de las abadías clásicas que me habría podido esperar, por no ser belga: La Trappe. En este caso, mi parte romántica seguramente la mantendría en la lista, ampliándola sin embargo a todas las abadías trapenses, ahora que todos somos cómplices de la globalización en haber convertido el hecho de viajar en una actividad vulgar -en 2002, el fenómeno Ryanair empezaba tímidamente a popularizarse por nuestras latitudes-.

No he estado en República Checa, y es un fallo que en breve me gustaría enmendar, siendo por supuesto una experiencia que sigue en mi lista actual -ampliando, también, el número de cerveceras a visitar-. En cuanto a la Oktoberfest, tengo claro también que sigue entre aquellas vivencias que tengo muchas ganas de experimentar, ya que a pesar de toda la mala prensa que pueda acarrear, en buena parte por las horrendas réplicas sin sentido que se montan por todo el mundo, se trata de un evento popular y folclórico de primer orden, de gran arraigo en Baviera, y con una larga historia propia que merece más respeto y admiración que el que generalmente se le dispensa.


Es por eso que me alegra poder decir que estoy en disposición de cumplir con este tick histórico… este fin de semana. Además, con la suerte de compartirlo al lado de un gran amigo, muniqués de adopción, con quien en su momento soñé en hacer viajes como los de la lista anterior. Será, no me cabe duda, una bonita manera de abrazar todo lo vivido en innumerables noches de tertulia y cerveza. El reencuentro entre dos adolescentes que se enamoraron de esta bebida.


Salut i birra!

Prost!


PS. En comentarios, sea aquí o por redes, ¡espero vuestras listas de 2002!

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