Cata de cervezas canadienses...

Si me hubieras preguntado, no habría acertado en decir que hace cerca de 3 años que asistí a una degustación de cerveza en la Embajada de Estados Unidos, en Madrid (como pasa el tiempo, desde luego). Fue a finales del mes pasado que otro organismo de representación, en este caso el Consulado de Canadá, invitó a unos cuantos elementos del sector a una pequeña charla y prueba de cervezas de ese magnífico país, que tuve la suerte de visitar en 2012, un poco antes de ese evento del que os hablaba en la capital.

En esta ocasión, a pesar de estar a punto de personarme en la puerta del Consulado por descuido, el acto se celebró en el hotel H10 Art Gallery, en el Brewxample de Barcelona. Sin casi tiempo de saludar a algunos de los sospechosos habituales, y en pleno proceso de transpiración después de andar un par de kilómetros a temperaturas más que inapropiadas para un mes de mayo, nos dirigimos a una sala de dimensiones acotadas, con mesas y sillas bien alineadas, una pizarra al fondo y proyector. Llevando traje y corbata, el ambiente me resultó más que familiar, recordándome las clásicas formaciones de empresa.

Empezó el acto con la intervención de Eric, el consejero económico y comercial de la Embajada de Canadá, que nos hizo una breve introducción en la que repasó por encima la historia cervecera del país norteamericano (si os interesa, hace tiempo le dediqué unos párrafos), algunos datos sobre producción, importación y exportación, así como la estrecha relación comercial con Estados Unidos y las virtudes del país para la producción de cerveza. Asimismo, se declaró un amante de la cerveza, después de haber vivido en Bélgica durante unos años.

A continuación fue el turno de los socios de Gourpass, empresa fundada en 2013 por Antonio Ansón y Vicente Aguado. Este último nos hizo una presentación corta en la que nos contó de dónde había salido la idea negocio, además de su filosofía empresarial. De conocerse en el mundo del vino y de los habanos, estos dos empresarios deciden adentrarse en el mundo cervecero a partir de una visita a Canadá, en la que descubren la realidad cervecera de allí.

La parte más interesante, a mi entender, es su voluntad de establecerse como una referencia para las cerveceras de una zona (especialmente Ontario y Québec) para la exportación a Europa, asesorando en los trámites y creando una relación colectiva, aunque también individualizada, con el conjunto de elaboradores. Creo que en un mundo cada vez más conectado y donde la alta competitividad, nacida de la constante innovación, cada vez pone más difícil a las empresas conseguir esa velocidad de crucero de antaño, en la que uno podía poner el piloto automático, el conocimiento del producto, la personalización de los servicios a un colectivo y el convertirse en abanderado de un concepto, como es la cerveza canadiense en este caso, es realmente un acierto.


Me llevé una buena impresión. Sin duda, este posicionamiento inicial y conocimiento local les servirá para hacerse con la pole position en el momento en que el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá entre en vigor.

Sin tener que esperar mucho, empezaron a desfilar carritos con copas altas llenas de cerveza canadiense, y Antonio cogió la palabra para presentarnos cada una de las referencias que él mismo había seleccionado para la ocasión, primando sus gustos y apostando por cervezas llamativas. La primera fue la Dulcis Succubus, de Le Trou du Diable, una Sour Ale con ciertos recuerdos a Saison, muy bebible y refrescante gracias a su punto ácido y el toque de brettanomyces, pero cálida a su vez con ciertas notas especiadas y sus 7% ABV.


La siguió la Rye ESB de Dunham, cuyo nombre describe muy bien la intención de la cervecera québécois: una Extra Special Bitter, con su perfil maltoso y el trago con sabor a frutos secos, un punto de mantequilla y el toque semi-especiado que aporta el centeno, aunque con más carbonatación que los clásicos británicos. En una liga distinta, nos presentaron la Cameron's Obsidian, una Imperial Porter envejecida en barricas de ron, densa y cafetosa, aunque con cierta presencia de lúpulo, aportando amargor y ciertos puntos cítricos.

Ya en la recta final, fue el turno de la Charlevoix Dominus Vobiscum Lupulus, que parecía una réplica de una Chouffe Blonde, pero con mayor presencia de lúpulo sumada a los característicos matices de levadura belga. Finalmente, una de bien particular y golosa: la Flying Monkeys City and Colors, con sirope de arce, que presentó todo tipo de matices dulces (caramelo, uva moscatel, toffee...), a los que costaba encontrar mucha contraposición.


En este punto, nos trajeron un cava Vilarnau Brut Nature Vintage para hacer un cocktail con esta última y buscar, precisamente, ese contrapunto. Si bien la idea me pareció curiosa, las proporciones (mitad y mitad) no fueron adecuadas para mi gusto, pues a mi entender el cava se comió mucha parte del carácter de la cerveza. Nunca me ha gustado mezclar la cerveza, pero la sensación es que con un 65-35 me la habría podido tomar muy a gusto.

Hubo un momento social final, en el que los asistentes pudimos saludarnos, intercambiar impresiones y acabar de picotear el acompañamiento de queso y frutos secos que nos habían proporcionado durante la sesión. En este punto, además, me regalaron un libro de recetas típicas de Canadá, que enriquecerá la colección de libros de cocina que tengo en mi biblioteca particular, y espero que pronto alguna comida.

Por último, agradecer la hospitalidad y la oportunidad de probar esta variada gama de cervezas al Consulado de Canadá y a Gourpass, deseándoles mucha suerte en este proyecto. De ahora en adelante, seguro que les tendré en mente cuando me cruce con una cerveza de ese magnífico país que es Canadá.

(Si queréis saber más sobre la cerveza en Canadá, os recomiendo este post, además de la serie que dediqué a los 11 brewpubs que pude visitar en Ontario y Québec, y que podéis visitar bajo esta etiqueta).


Salut i birra!

Comentarios

  1. Veo que la cata fue bastante diferente a la que pudimos disfrutar en Madrid hace unos meses, a excepción de la City and Colors, que por otra parte yo también disfruté más sin mezclar :-)
    A mi personalmente me gustaron bastante las que probé (menos la Weizenbock de Les Trois Mousquetaires, que me resultó algo empalagosa). De estas me llama la atención la Cameron's Obsidian sobre el resto :-)

    Un saludo!

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    1. Pues sí, fue bastante distinta, yo que me había leído los resúmenes de la vuestra antes de ir para anticiparme :-). La City and Colors ya te digo, con menos cava habría podido quedar bien, y la Cameron's Obsidian para mí fue probablemente la mejor. Aunque una vez reposadas, la Charlevoix ganaba enteros respecto al resto.

      En fin, un buen evento para probar cositas y conocer el proyecto de Gourpass.

      ¡Saludos!

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  2. VEo que vosotros tampoco lo pasasteis nada mal ;)
    Saludos Joan!

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    1. Nos cuidaron bien :-). Nos vemos esta tarde-noche, ¡hasta luego Gonzalo!

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