Fourpure Brewing Co...

El post de hoy nos lleva hasta la city de London para presentaros otra de las "nuevas cerveceras británicas", que últimamente se dejan ver por nuestros bares y tiendas. No es casualidad: ofrecen productos con una base característica y sólida, propia de la tradición de la que beben, pero con un enfoque parecido al de las muy admiradas craft americanas, sin el inconveniente en costes y logística de tener que traerlas desde el otro lado del atlántico.

La cervecera de la que habla el presente post es joven, muy joven. En 2013, Dan y Tom Lowe sacan adelante su idea de negocio, después de encontrar su inspiración en California y Oregon. Ambos trabajaban juntos en un negocio propio relacionado con la tecnología, aunque Dan llevaba cierto tiempo aficionado al homebrewing.

Dos años después, Fourpure Brewing Co se ha hecho un lugar en el cada vez más poblado mapa de breweries londinenses, especialmente después de que en 2014 apostaran por envasar su producto en latas, convirtiéndose así en la primera craft inglesa en presentar sus cervezas en este formato*. Tal como contaron Dan y Tom en la charla que impartieron en el último Barcelona Beer Festival, su creencia de que el producto debe ser fresco para sus consumidores les llevó a dar este paso, al asegurar una exposición nula a la luz exterior y un sello más eficaz que el de una botella chapada.

En el coloquio que cerró la actividad me habría gustado poderles preguntar acerca de su opinión sobre este interesante post que colgó Thornbridge en su web, pero por tener otros quehaceres en esos momentos no me fue posible. Una lástima, ya que cada vez que atiendo alguna charla o discusión con la temática botella vs lata termino con la sensación de que es cuestión de gustos, y que hay tantos argumentos a favor como en contra para cada uno. De hecho la última fue en mi viaje a Dublin el pasado mes de junio, para asistir a la European Beer Bloggers Conference; una de las charlas que me aportó más bien poco.

En todo caso, pude comprobar yo mismo el resultado de estos casi dos años de trabajo desde la capital de Inglaterra, gracias a las seis latas de FourPure suministradas por los compañeros de Little Hop, que las distribuyen en la península.

Empecé por el buque insignia de la marca, la Fourpure Pils. De aspecto dorado y con una ligera turbidez, presenta un aroma fresco e intenso con notas características herbales de Hallertau, y ligeramente florales de Saaz, con ciertas notas cítricas y un fondo a cereal; sensaciones que se repiten en boca, marcando con toques de pan, pero especialmente con una lupulización de sabor muy alemán, pero perdiendo la suavidad habitual; siendo notablemente amarga. De cuerpo ligero, carbonatación notoria y altísima bebibilidad: para tomar una tras otra. Una cerveza clásica pensada desde la modernidad, que bebe de las influencias transatlánticas de añadir más lúpulo ante la duda. Pierde esa sutileza que tanto nos gusta a algunos, pero sin duda es una gran cerveza que aporta nuevos aires al estilo, y que pide repetir a cada trago.

Después de quedar más que satisfecho con mi primera lata, fui a por las Pale Ales, concretamente las FourPure Pale Ale, FourPure Session IPA y FourPure IPA, que según nos informan las vistosas latas encuentran su inspiración en California, Nueva York y Oregon, respectivamente. Respecto a la primera, frescor y más frescor, en este caso de un lúpulo Citra que cogía ese punto casi-mentolado en nariz, de cuando está en su punto. Cítrica, ligera y muy refrescante, con su notable amargor y un suave retrogusto a Maris Otter.

La FourPure Session IPA ampliaba el rango de aromas y sabores a las frutas tropicales, con recuerdos a mango, melocotón, albaricoque, pero también a piel de cítrico o ligeramente a pino. En boca entra muy cítrica, y en el desarrollo aporta recuerdos a fresas frescas, con un final muy británico a base de frutos secos y, ligeramente, a diacetilo. Muy bebible a pesar de su amargor, en especial por su suave carbonatación. Contradictoriamente, quizás sea menos sesionable que la anterior, pero sí más rica en matices.


Finalmente, la FourPure IPA seguía el estándar de las IPAs americanas: cítrico por doquier, con pomelo, limón y una buena intensidad pinácea, con un contrapunto de caramelo que le da dulzor al conjunto, que es contundentemente amargo, pero no extremo. Al final, no obstante, sale nuevamente el alma británica con los frutos secos y el punto mantequilloso. Sube de grados respecto a sus compañeras, otorgándole más cuerpo, a la vez que más carácter.

Una vez satisfecho con las cervezas más lupuleras, tocaba enfrentarme a las dos cervezas que prometían un perfil más maltoso. La FourPure Amber, de color naranja y con una apetecible espuma blanca bien esponjosa, se presenta fresca en nariz, herbal y cítrica, con toques a pomelo y un perfil maltoso muy completo con matices de toffee, un poco de chocolate y caramelo. Con una entrada muy cítrica, en boca destacan sabores a galleta y toffee, con un final bastante amargo y, a su vez, dulce. De cuerpo medio y alta bebibilidad, de las que piden más, en gran parte por su graduación moderada (5,1% ABV).

Y por último, la FourPure Oatmeal Stout, que fue para mí probablemente la mejor de todas, y no por demérito de las otras. Oscura como ella sola, combina a la perfección la bebibilidad de una Stout con avena de 5,1% ABV y su magnífica sensación en boca con un punto muy refrescante en el desarrollo, que hace esperar un final amargo y lupulado, pero que nunca llega. Salvo por ligeros toques cítricos, en su carácter predomina la avena, un punto de chocolate, tostado y un semi-dulzor general.


Cada lata subraya la filosofía de marca: "canned for freshness"; será por la lata o no, pero el frescor lo puedo suscribir al 100%. Además, se trata de cervezas que sacan mucho partido a la baja graduación: ganan mucho en bebibilidad, sin renuncias en sabor ni carácter.

Probado el core range de la marca, tengo ganas de poder probar las cervezas de temporada de los hermanos Lowe y compañía, o alguna de las más raras dentro de las Outpost Series, echas en una maquinaria de menor capacidad, especial para cervezas piloto. Aunque, en realidad, me guía más lar curiosidad que otra cosa, ya que la gama básica de una cervecera (si la hay, que este es otro tema) me dice más sobre una marca y la empresa que la produce que las siempre-llamativas ediciones limitadas.

Y en cuanto al formato, sigo manteniendo que depende de muchos factores el que sea igual, mejor o peor que una botella para contener cerveza. Sin duda, para mí lo mejor que aporta este formato es su portabilidad: tener cervezones como estos sin necesidad de abridor y con unas medidas que permiten transportar más cantidad y más ordenadamente es, hasta ahora, la mayor de las ventajas que tiene una lata respecto a una botella.

Por último, agradecer a Little Hop el detalle de mandarme estas cervezas para que pudiera probarlas.


Salut i birra!


* Según lo que ellos mismos me han contado, a parte de algún cervecero local. No tengo motivos para dudar de ello pero, naturalmente, no llevo el registro; así que si alguien tiene otros datos estaré encantado de que me corrija.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El año de la lata

2016, el sector en datos

De botas, mujeres y cerveza