EBBC14 - Día 0...

O de cómo en un mismo día me levanté destrozado en dos países foráneos distintos.

El jueves de la semana pasada me levanté fundido, con el cansancio acumulado de una durísima semana y después de dormir tan sólo 3 horas durante la noche; algo que podía agradecer a otra de esas jornadas laborales tan ridículamente largas a las que últimamente parezco abonado. Asimismo, es probable de que tuviera que añadir también otro factor: la coincidencia de fecha con el lanzamiento oficial de la versión inglesa del blog. Ya se sabe, las primeras veces son especiales, siempre con multitud de pequeños ajustes y mejoras a realizar, y con más medidas profilácticas de por medio...

El hecho es que después de superar el trance de tener que despegar mi cuerpo del colchón, me dirigí a la ducha, dándome cuenta de que por alguna desconocida razón iba canturreando Suburbia, de los Pet Shop Boys. Sí, en efecto, en ese momento podría haber cogido un bate y destrozar por completo la habitación del hotel (si no fuera porque mi cuerpo entumecido lo habría impedido), pero si me preguntáis creo que tenía algún significado más profundo (que, por otra parte, sigo sin encontrar...). Afortunadamente, mi mente estaba clara como el agua, algo que me vino genial ante un día que se presentaba, cuanto menos, muy largo.

Preparé la maleta, me puse perfume y la corbata alrededor del cuello: al mirarme en el espejo, incluso parecía una persona respetable. Desayuné, hice el check-out y me dispuse a recorrer el agradable tramo que hay desde el hotel a la oficina: como siempre, sentía el aire fresco de las mañanas andorranas en la cara, con un precioso fondo de montañas empinadas que te recuerdan que, efectivamente, vives en un valle. El cielo estaba despejado, de color azul claro; pero ese idilio duraría más bien poco. El día se trajo consigo un sinvivir de trabajo, litros y litros de lluvia y una animada discusión con mi jefa. Por suerte, las horas van pasando, y finalmente cogí el coche para dirigirme a casa, recoger mis cosas y conducir dirección al aeropuerto de Barcelona con Mrs. Birraire.

Fue duro tener que despedirme de ella una hora después, llevando como llevaba toda la semana fuera. La verdad es que me sentí mal; algo que no ayudó a solucionar en absoluto el carísimo y regulero plato combinado a base de carne, patatas y queso algo-más-que-dudoso que comí en la Terminal B de El Prat. Tampoco el hecho de apelar al recuerdo cervecístico de uno mismo pidiendo una Voll Damm me animó en exceso: en esos momentos, sólo deseaba embarcar, sentarme en un asiento mínimamente tranquilo y permanecer con la cabeza suspendida y la boca abierta durante todo el vuelo.


(...)

Minutos antes del viernes de la semana pasada me volví a levantar fundido, con el cansancio acumulado de un durísimo día, pero después de arañar unas valiosas horas de sueño durante el vuelo a Dublín. Podríamos considerarlo un progreso si lo comparamos con aquella lejana mañana del primer párrafo, y efectivamente lo era, pero aún así seguía sintiéndome agotado. Como sólo llevaba equipaje de mano, pude salir directamente del aeropuerto, sin perder tiempo, y acercarme a la parada de taxis sin dilación para pedir una carrera hasta el Avalon House, mi destino final del día, a unos 10 minutos al sur del río Liffey.

Nadie sería capaz de adivinarlo en este punto, pero efectivamente hablé sobre el tiempo con el taxista; aunque siendo justos podría decir que tuve una charla bastante decente con él. Cuando no nos quedaban más temas a tratar, se hizo el silencio en el momento justo para que mis oídos captaran esos acordes iniciales tan característicos, seguidos de la inconfundible voz de Van Morrison, que entonaba su conocido éxito Brown Eyed Girl: canción fácil y pegadiza donde las haya, que personalmente me recuerda el día en que felizmente me casé. En aquel lejano día, Mrs Birraire vestía toda de blanco y lucía una sonrisa inolvidable; recordándolo, rápidamente se me puso la piel de gallina.

Ese momento de recuerdo y reflexión me sirvió para darme cuenta, así de repente, de que había llegado a Dublín: esa ciudad en la que había soñado estar durante todos esos años en los que fui regular en alguno de aquellos pseudo-Irish pubs de mi ciudad natal, aún en mis años mozos. La capital de Irlanda es, asimismo, el sitio donde mi tristemente fallecido primo vivió su último año de vida. Fue así como me di cuenta de que este viaje sería una experiencia emocional de magnitud, con muchos paralelismos personales con esa primera edición en la que empecé a trabajar para el Barcelona Beer Festival.

¿Qué me había llevado hasta allí? Mi pasión por la escritura y por las culturas foráneas; mis ganas de seguir aprendiendo de los demás para ser un poquito más sabio y mucho mejor persona; naturalmente, mi gran afición por la cerveza, y la voluntad de seguir, como cuando empecé este blog, con mi intachablemente egoísta labor de difusión del panorama local a fin de que crezca en calidad y recursos (sólo así podré tomar mejores birras, más baratas). Es todo ésto que me había traído a descubrir el característico craic irlandés, a explorar una escena cervecera totalmente nueva para mí y a asistir una conferencia con una sólida agenda de eventos, que pocas dudas ofrecía acerca de quién era su público objetivo.

La lluvia había dejado de caer cuando llegamos a Aungier Street. Pagué al taxista, agradeciéndole la compañía y la carrera, y justo en ese momento concluyó ese interminable día. Ya nada quedaba: hice el check-in en el hostal, me dejé caer en la cama y empecé a soñar con mi primera European Beer Bloggers Conference...


Salut i birra!

Comentarios

  1. Con ganas espero leer las próximas entradas (y que hablen un poco de blogs y de cerveza, más allá de la Volldamm, jejeje).

    Por cierto, me ha llamado la atención que contigo ya somos unos cuantos los que reconocemos la vertiente egoista de tener un blog: porque queremos tener lo mejor a nuestro alcance, y es una manera de ayudar a conseguirlo. 100% mi apoyo!

    ah. y... ¿Sortosamente?

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario Rodrigo, especialmente por tu última pregunta. Creo que llevo media vida utilizando esta palabra, engañado, pensando que era correcta; y es una traducción graciosa y bien-sonante, pero mal hecha, directa del catalán. En 31 años, eres el primero que me corrige... voy a replantearme muchas relaciones. ¡Gracias amigo! jajaja

      De eso se trata al final, de ser un egoísta absoluto ;-). Respecto a las próximas entradas, habrá mucha vivencia con birra, y finalmente conclusiones y algunas puntualizaciones sobre aspectos tratados en las charlas. Espero que te resulte interesante.

      Un abrazo macho.

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