miércoles, 29 de mayo de 2013

VIII Mostra de Cervesa Artesana de Mediona

Por historia, por el impresionante cartel, por el ambiente, porque yo lo valgo, porque me han dicho que se monta una de buena, por la acampada, porque no he visitado nunca Mediona, porque me ha llegado la invitación vía Facebook...

Razones para acercarse a LA feria cervecera por excelencia, precisamente, no faltan . En esta octava edición, la Mostra de Cervesa Artesana de Mediona sigue con su fórmula ganadora de una sola jornada, con un gran escenario como es la Zona Esportiva de Sant Joan de Mediona y una buena muestra de cerveceros nacionales (con cuatro invitados de fuera de nuestras fronteras) con su propio stand para regar nuestros paladares con sus creaciones básicas y, como viene siendo habitual los últimos años, también con sus ediciones especiales.

Aquellos que hemos podido asistir anteriormente a esta gran fiesta de la cerveza no tenemos ninguna duda acerca de su excepcionalidad. Justo este día, recomendando entusiastamente a un buen cervecero que se escapara a Mediona (si no este año, el siguiente) me encontré frontalmente con la pregunta que tantas otras veces me han hecho: "¿pero de verdad vale tanto la pena?". En palabras es difícil transmitirlo, siendo quizás la fórmula más simplificada el hecho de hablar del sano ambiente cervecero que se respira: una magia inherente que podríamos discutir y especular acerca del por qué está presente, pero que en todo caso está allí.

Pero más allá del mito, está la realidad: ¡hasta 54 cerveceros distintos! Cincuenta de ellos vienen de rincones distintos de toda la Península, con el añadido de invitados internacionales de altísimo nivel que afrontan su primera edición, como los ingleses Moor y Buxton; u otros dos como son Brewdog y Birra Stavio, con experiencia en 2011 y 2012 respectivamente. Para acompañar tanta cerveza y cervecero, los "veteranos" ya estamos esperando la deliciosa comida que siempre está en oferta (con especial atención a la exquisita carne de caballo -sí, como las albóndigas de Ikea- o el jamón horneado a la cerveza de Montse Virgili).

No todos los acompañamientos son sólidos, sin embargo. La música en directo estará, como siempre, presente a partir de media tarde, y habrá todo tipo de facilidades para llegar a la Mostra y volver de ella (ver los carteles adjuntos después de este párrafi). Asimismo, integrada dentro del mismo evento, se celebrará paralelamente la Fira d'Art i Artesania. Una lástima haber perdido, para la edición de este año, el Encuentro Coleccionista.



Para más información, os recomiendo que visitéis la nueva web de Masia Agullons, donde podéis encontrar más detalles acerca de la Mostra, así como su página oficial de Facebook. Sin más, os dejo el kilométrico listado de elaboradores presentes, ya sean micros, nómadas o homebrewers.

Espero que disfrutéis de todo lo que ofrece la feria que, a parte de la cerveza y demás servicios, comprende las personas que nos reunimos en este tipo de eventos con ganas de pasarlo bien. ¡Sólo quedan 10 días!

Per molts anys Mediona! Salut i birra!


Productores:
  1. Fortiverd (Bleder), Rubí.
  2. Cerveses Almogàver, Barcelona.
  3. La Font del Diable, Vilanova i la Geltrú.
  4. Cervezas Cibeles, Alcorcón.
  5. Cerveses de la Segarra (Segarreta), Sta. Coloma de Queralt.
  6. As Cervesa Artesana, Montornès del Vallès.
  7. Zulogaarden, Molins de Rei.
  8. Adegas Menduiña, Cangas do Morrazo.
  9. Cerveses Ausesken, Olost.
  10. Societat Cervesera Artesenca (Cerberus), Artés.
  11. Cerveza Fort, Barcelona.
  12. Els Maginets (Les Clandestines), Montferri.
  13. Cerveceros Krut, Valldoreix.
  14. Reptilian, El Vendrell.
  15. Rústica Bufona, Sarral.
  16. Llúpols i Llevats (Glops), L’Hospitalet.
  17. Clarumaya (MooN), Lliçà d’Amunt.
  18. La Vella Caravana, Menàrguens.
  19. Cervesa Maquis, Gràcia, Barcelona.
  20. Naparbier, Noain.
  21. Cervesa Popaire, Blanes.
  22. Más Malta (Edbeer), Sta. Perpètua de Mogoda.
  23. Ca l'Arenys (Guineu), Valls de Torruella.
  24. Riembau (La Calavera), Ripoll.
  25. Companyia Artesana Maians (Espiga), St. Llorenç d’Hortons.
  26. Yria-Guinea Pigs!, Noblejas.
  27. Ester i Marc, Valls.
  28. Whym, Cassà de la Selva.
  29. El Barbas & Co, Valladolid.
  30. Birres Ribbes, St. Pere de Ribes.
  31. Cervezas el Oso y el Cuervo, Méntrida.
  32. Cervezas SON, Córdoba.
  33. Yakka, Elx.
  34. Brewers Brothers (Marina), Blanes.
  35. Cerveza Cotoya, Santo Adriano.
  36. Buxton Brewery, Derbyshire.
  37. Moor Brewery, Pitney, Somerset.
  38. Nómada Brewing Company, Sabadell-Vitoria-Castelló.
  39. Brewdog, Aberdeenshire.
  40. Birra Stavio, Roma
  41. Zero Vuit Brewing (Birra08), Barcelona.
  42. Laugar Brewery, Gordexola.
  43. La Pirata, Súria.
  44. Cerveza Domus, Toledo.
  45. Cervezas Populus, Zaragoza.
  46. Gisberga, Belver del Cinca.
  47. Cervesa Holz, Hospitalet de Llobregat.
  48. Cerveza Jara, Villanueva del Fresno.
  49. Far West, Almería.
  50. Birrart 2007 (Moska), Sarrià de Ter.
  51. Castel Cerveza Artesanal, El Pobo.
  52. Cerveza Ecológica La Oveja Negra, Aineto.
  53. Steve's Beer, Barcelona.
  54. Ales Agullons, Mediona.

Y por último, para ir calentando motores, el vídeo de CerveTV de la edición anterior:




(Si queréis leer mis crónicas de otras ediciones, podéis consultar la etiqueta Mostra de Mediona).

lunes, 27 de mayo de 2013

Cuando las distancias son cortas...

Todo empieza con un buen propósito de año nuevo: “a partir d’aquest any, aniré mínim cada dos mesos al Drunk Monk”. Sí, vale… estoy de acuerdo que más difícil es acudir al gimnasio tres veces por semana y que, así a priori, no parece un gran sacrificio; y, efectivamente, no lo es. Pero el mío no era un fenómeno aislado, ya que en varias ocasiones, hablando con grandes birraires, me he dado cuenta de que las visitas al gran templo cervecero mataroní brillan, en ocasiones, por su escasez (incluso hay quien, sonrojándose, admite no haber estado).

A veces, he reflexionado acerca de cómo podría argumentar a una persona neutra el hecho de que, teniendo una grandísima pasión y uno de los mejores lugares del mundo especializados en dicha pasión tan cerca de casa (todo lo que no sea coger un avión o parar repetidas veces en el camino para descansar debería ser considerado cerca) no acuda con una regularidad exagerada al susodicho sitio. Racionalmente, parece imposible buscar una explicación lógica. Sin embargo, que mi caso no fuera único indica que alguna razón habrá. Yo lo achaco a la distancia.

Una distancia que, al menos en mi caso, no sólo son los casi 100kms que me separan de Mataró, sino también la tierra que echa de por medio una sociedad que, lejos de estar pensada para el disfrute de las personas, nos conduce a unos ritmos de vida y unos hábitos que en nada se asemejan a lo que muchos consideraríamos ideal. Y aún desde esta apuntada lejanía, el faro de la capital del Maresme no deja de brillar, indicándome en la oscuridad dónde puedo anclar mi sedienta nave para repostar, reparar los daños y seguir mi tumultuoso viaje por la vida.

Es en ese puerto del litoral de Catalunya que, contrariamente a lo que podría uno pensar, se une gente de todas las edades y estilos: la amplia mayoría son locales, conciudadanos; siendo el resto más o menos foráneos, pero sin que la distancia se llegue a notar en ningún instante: sea cual sea el idioma y los gustos de cada uno, todo el mundo se siente como en casa.

Michael Jackson escribía en su primera obra The English Pub (1976, Collins): " 'Pub' is [...] a familiarization to describe the most familiar place in the neighbourhood. Who would be so formal as to say "public house"? Yet it was once a house, where the public were guests of the host and hostess. The best of pubs still are, their success depending upon the popularity of the landlord and landlady".

En estas reflexiones del malogrado Beer Hunter, parece que puedo divisar el rostro de Sven Bosch: flamenco, nacido en Mortsel (Bélgica) y crecido en Mataró. Se me hace curioso fantasear de que, durante su paso por varios negocios de la hostelería barcelonina, puede que nos cruzáramos más de una y de dos veces caminando por Sabadell: él, saliendo de trabajar después de una jornada agotadora en el ya desaparecido Gran Hotel Alexandra; yo, con absoluta despreocupación, celebrando una victoria de mi equipo de futbol con la bufanda arlequinada en el cuello, paseando tranquilamente con mis padres, o incluso quizás con la intención de ir a tomar una cerveza con mis amigos, en aquellos momentos en que aún sabía a novedad. Quizás llegamos a cruzar miradas entre nosotros: a poca distancia física; abismalmente lejos en la vida.


Y es que, muy probablemente, por aquel entonces el joven Sven ya estaba imaginando, e incluso diseñando, lo que unos años después sería una referencia global dentro de las cervecerías. Volviendo a las palabras de Michael Jackson, mediante la cerveza Sven ha conseguido, a base de trabajar duro y de creer en su profesión y en su negocio, limar las distancias culturales, generacionales e incluso físicas que pueda haber entre las personas. ¿Cómo podría, sino, explicarse que haya gente que venga desde Nueva Zelanda a conocer su local? Es la maestría, el saber hacer de este auténtico landlord flamenco, el secreto de su éxito. La popularidad del host, que trata a su cliente como auténticos guests, recuperando el concepto romántico de casa pública y que, de manera muy acertada, la cita de The English Pub atribuye a los mejores pubs.

Como buen virtuoso en el oficio, obviamente, Sven acompaña su familiaridad con reclamos cerveceros de vértigo, que hacen que cada experiencia en Mataró sea única e irrepetible. The Drunk Monk es un templo de descubrimiento personal y cervecero que se adapta a todos sus huéspedes.

Es en este contexto en el que, sentado en una mesa alta y pequeña de una esquina, con un apetitoso plato de queso belga enfrente y dos o más copas de flauta con contenido espumoso y ácido, aprendo sobre la vida y la cerveza con el timbre suave de un catalán hablado con acento maresmenc y un sutil deje germánico. Es allí donde, a pocos centímetros del artífice de esta cervecería de ensueño que es el Drunk, me doy cuenta de la auténtica grandeza que atesora. Es así como descubro que las distancias se las pone uno mismo, y que gracias a la cerveza y personas de la talla de este gran capitán que es Sven todos podemos sentirnos más cerca, alejados de cualquier tipología de distancia.



Que Ratebeer decida para los demás cuál es el mejor pub; yo ya he tomado mi decisión. Salut i birra, Sven!

jueves, 23 de mayo de 2013

No hay mal que por bien no venga...

Hace un año, con alegría, recibía la noticia que uno de mis grandes amigos decidía dar un paso importante en su vida e irse, por tiempo indefinido, a trabajar a Múnich. Compañero de las mejores farras de juventud y gran birraire, Ian emprendía nuevos retos profesionales y, especialmente, personales; y yo no podía sentir sino felicidad sabiendo que la experiencia sería, de bien seguro, muy provechosa para él.

Siempre, no obstante, te queda el vacío de una persona con la que compartes muchas cosas: pasadas, pero también presentes. La distancia sólo es física, pero los kilómetros que nos separan impiden que cosas tan simples como tomar una cervecita juntos por Sabadell o abrir alguna joya en casa sean algo habitual. Lejos quedan esas tardes y noches de descubrimiento, de confidencias y de "arreglar el mundo". Cosas del hacerse mayor, me imagino.

Obviamente, y como rezaba Eric Idle en la gloriosa escena final de Life of Brian, siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas: tener un buen amigo viviendo en la capital bávara facilita notablemente el hecho de poder visitar una ciudad europea que tenemos, con Mrs. Birraire, en la wishlist desde hace tiempo; y encima se trata de un destino cervecero de grandísimo interés por su larga tradición en la elaboración de esta gran bebida que es la cerveza. A falta de visita (que espero que caiga pronto), la verdad es que ya he podido sacar provecho de este último aspecto ya que, conocedor de mis debilidades, en sus últimas visitas Ian se ha traído bajo el brazo alguna joya destacable, entre las cuales se encuentran las cervezas de una -para mí- desconocidísima cervecera del noreste país germano.


Störtebeker BrauManufaktur:


Entre una gran variedad de Festbiers y seasonals de las grandes y conocidas cerveceras muniquesas, alguna de ellas de lagrimilla, y una gran botella de Hacket-Pschorr de nada menos que dos litros, me llamó la atención un pack de cartón decorado con motivos náuticos, con 6 cervecitas que pedían a gritos atención gracias a sus vistosas chapas, todas ellas iguales pero en distinto color: genial para un coleccionista. Störtebeker me sonó tan exótico y distante como cualquiera de las nuevas cerveceras escandinavas que nos van llegando últimamente, y rápidamente hice un hueco en mi bodeguita para acomodar esas preciosas botellas de 50cl., con la intención de darles algo de reposo antes de degustar su contenido.

Störtebeker empieza su actividad en 1827 en la ciudad de Stralsund, que se encuentra a unos 250kms. de Berlín y a 850kms de Múnich. A finales de siglo XIX, la cervecera ya contaba con una demanda importante, y fue por eso que mudaron la pequeña fábrica original en 1899 para montar, así, un edificio multiplanta para producir sus cervezas con un equipamiento más moderno. En el XX, los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial no afectaron la fábrica, aunque el desmantelamiento de sus instalaciones y la instauración del régimen socialista y su economía de planificación mermaron notablemente la calidad de sus producciones. La tecnología obsoleta y la escasez de materia prima de calidad fueron sus principales lastres, hasta que en 1991 la cervecera sería adquerida por el grupo Nordmann aus Wildeshausen, que dio un giro al negocio y quiso recuperar las recetas de antaño. Störtebeker, no obstante, ha reivindicado siempre su independencia operativa y decisoria dentro del grupo, en lo que respecta a temática cervecera. Desde entonces su capacidad productiva ja aumentado hasta llegar a los 120.000 hectolitros en 2010, habilitando además su fábrica para realizar visitas didácticas y albergar eventos y actividades variadas.

Según nos informan en su concisa pero informativa web, Störtebeker elabora sus cervezas según la tradición de las zonas nordeuropeas que, en 1358, conformaron la confederación comercial conocida como la Liga Hanseática, con rutas a lo largo del Mar Báltico y el Mar del Norte. La verdad es que sus cervezas esconden matices fuera de los que estamos acostumbrados, como bien demuestran las cervezas del pack de cervezas que me trajo Ian, que lleva el sugerente nombre de Schatzkiste (cofre del tesoro). En su interior pude encontrar, efectivamente, más de una pieza de gran valor, empezando por la primera que tomé: la Roggen-Weizen, cerveza de uno de aquellos estilos que, por no estar listados en RateBeer, parece que no existan.

Las Roggenbier son cervezas de origen medieval que, generalmente, contaban con una proporción de grano equivalente a un 50% de malta de cebada, un 25% de malta de trigo y un 25% de malta de centeno. Este tipo de cervezas se vio afectado, como tantos otros, por la Reiheitsgebot (Ley de Pureza Bávara) de 1516, que establecía la cebada como el único grano permitido para elaborar cerveza; no sólo por sus grandes cualidades para tal finalidad, sino también con el objetivo de prohibir el uso de centeno y trigo, asegurando así que estos cereales fueran destinados a producir pan.

Antes de la reciente moda de las Rye IPA, el uso del centeno en la cerveza era muy residual, siendo las Roggenbier alemanas de las pocas cervezas en utilizar dicho cereal, junto a las Sahti finlandesas. Otra bebida que contiene centeno es un fermentado de cereales ruso que conocemos como Kvass.

Dicho esto, la Störtebeker Roggen-Weizen me conquistó, no sólo por su altísima bebilidad, sino por esa sutilez tan alemana unida a un sabor intenso y fresco, que obviamente regalaba las clásicas notas especiadas y pebradas del centeno en una cerveza que podía recordar a ciertas Dunkelweizen. Excelente; me entusiasmó de verdad.

Con la Störtebeker Keller-Bier 1402 tuve también la oportunidad de descubrir nuevos sabores; en este caso por la parte lupulada. No había consumido conscientemente, hasta la fecha, ninguna cerveza que contuviera lúpulo Smaragd; y aunque en nariz la Keller me pareció un pelín apagada, en boca estaba realmente estupenda, con un trago final seco y con ciertas reminiscencias a piel de albaricoque.

A las dos anteriores las siguió una de las creaciones insignia de la cervecera hanseática: la Störtebeker Schwarz-Bier. Y aunque tengo mi experiencia en este tipo de cervezas es más bien pobre, puedo asegurar que es la mejor que he tomado. Se bebía sola, con sus puntos asados y, ligeramente, de frutos secos; con su sutil lupulización de perfil alemán y su largo y fresco trago. En la web de la cervecera, recomendaban maridarla con mejillones; algo que no pude cumplir, pero que realmente me dio la sensación que podía funcionar de maravilla.

Que más, que más: quizás mi favorita junto a la Roggen-Weizen, la Störtebeker Bernstein-Weizen empezó floja y acabó siendo compartida con mi estimada mujer. El concepto es el de una Hefeweizen ambarina, algo más dulce que sus hermanas más claritas, con un perfil acaramelado muy suave pero notorio, y el toque perfecto de lúpulo. Mrs. Birraire ya me ha pedido que consiga más "de éstas". Espectacular como trabajan el trigo.

Entre tanta maravilla, me esperaba que la Störtebeker Pilsener-Bier pinchara: he tomado grandes Pils alemanas, y probablemente las otras me habían descolocado, a parte de por estar muy bien hechas, por originalidad. Pero no: los alemanes querían sorprenderme nuevamente, otra vez utilizando un lúpulo que no tenía controlado. Así, el Opal aportó a una grandísima Pilsener una sensación cítrica en boca que, nuevamente, me hizo sonreir como un tonto: como si hubieran rociado la cerveza con un limón fresco, sin afectar el equilibrio ni la finura de la bebida. Para saber qué tomas, descubrir nuevas sensaciones y aprender: para eso sirven las etiquetas bien informadas (y los sitios web).

El pinchazo absoluto vino con la rara avis del grupo: entre tanta cerveza alemana, de repente me aparece por allí una Porter (Störtebeker Hanse-Porter) muy muy británica. Imaginé que, durante los siglos de la Liga Hanseática, las rutas comerciales llegaron a influenciar en las tradiciones cerveceras de cada región, hasta el punto de que en el norte de Alemania se produjeran cervezas más propias de otros territorios (desconozco si fue así, porque no he encontrado excesiva información al respecto). Así que con mucha curiosidad, destapé una cerveza que ya desde el primer momento no fue santo de mi devoción: las notas dulces desentonaban. Aunque me la pude beber entera y sí tenía sabores, aromas y texturas que me gustaron, la verdad es que su excesivo dulzor me recordó la de las bebidas de malta sin fermentar.

Y con ganas de probar más cervezas del portfolio de Störtebeker, terminé mi Schatzkiste imaginando una visita por el noreste alemán: recorriendo sus ciudades y pueblos, pasando por sus fantásticos biergarten a probar sus especialidades cerveceras; cruzando la frontera a Polonia e imaginando épocas pasadas, como las del justiciero corsario Klaus Störtebeker (a quien le deben el nombre las cervezas objeto de este post), el pasado socialista de la República Democrática Alemana y la caída del Muro de Berlín, en la capital de lo que hoy es, corto y raso, Alemania: un país con un interés histórico y turístico espectacular, del que se disfruta mucho más con un buen Maβ cargado de buena cerveza como la que he podido tomar gracias a un gran amigo.

Salut i birra!

lunes, 20 de mayo de 2013

De las cervezas de batalla...

(o de posibles modelos de negocio, después de que cuestionara el de las micros)

En los últimos tiempos, me ha sorprendido observar una tendencia consistente en criticar el enfoque de algunas cerveceras a contar con una sola cerveza, que puede llegar a suponer más de la mitad de la producción, y sobre la cual acostumbra a recaer la responsabilidad de obtener el grueso de los ingresos de una empresa. Desde distintos flancos parece que hay personas que, aunque a mi personalmente se me escape el porqué, lo ven como algo negativo.

Cabría entrar en el detalle de cada caso, y de cada cerveza; incluso de cada crítica. ¿Pero a qué divinidad cervecera se ofende por tener una cerveza (o dos) "para todos los públicos"? Hace unos meses, me quejaba de la poca visión empresarial de muchas de nuestras micros, que saben cómo hacer cerveza (algunas de ellas con auténtica mano de santo) pero parece que están obviando que será la viabilidad de su proyecto la que, en última instancia, determinará si sus cervezas seguirán estando allí o pasarán a ser un simple producto folclórico que, con el tiempo, caerá en el olvido.

Si miramos fuera, en países con mayor tradición cervecera que el nuestro, nos daremos cuenta de que muchas empresas cerveceras, que elaboran auténticas joyas, tienen una diversificación de producto notable a fin de alcanzar a todos los consumidores posibles. ¿Deberían producir sólo cervezas para paladares finos? ¿Están traicionando a la cerveza y a los cerveceros con ello? Lo dudo; e incluso desde sectores que son tachados, en ocasiones, de radicales tampoco se ve así.

A todo ello le daba vueltas, hace un par de meses, en un contexto bastante pintoresco. Me encontraba lejos de casa, celebrando a ritmo de The Doors la victoria de la selección de Gales en el último Seis Naciones de rugby y, simultáneamente, el enlace matrimonial entre dos grandes amigos. Antes de pasarme al Penderyn (whisky galés, el único que se produce legalmente en el pequeño país), tomé la enésima pinta de Brains Smooth, una cerveza que sólo se deja beber. La enérgica voz de Jim Morrison seguía sonando, y yo observaba las bufandas y camisetas rojas, algunas de ellas con publicidad de Brains, mientras pensaba en cómo la empresa de Samuel Arthur Brain había conseguido estar en las elásticas del equipo de rugby de su país y en la gran mayoría de establecimientos; en mi triste pero bebible pinta, pero también en boca de los paladares más exigentes.

Clásica, y deliciosa.
La actual Brains Smooth, anteriormente Brains Smooth Bitter, fue introducida en 1996 (la empresa fue fundada en 1882) para dar una alternativa local a la creciente demanda de cervezas nitrogenadas, tan fácilmente sesionables y adaptadas a todos los potenciales consumidores. Con el tiempo, la gama Smooth cuenta con cuatro cervezas más, entre las que se encuentra hasta una Extra Cold (servida a 3º). Si lo analizamos desde el puritanismo, puede parecer una auténtica aberración cervecera de que existan estas cervezas en un país como Gales, pero la Brains Smooth es la superventas de la cervecera de Cardiff, que gracias a su amplia distribución y el gigantesco consumo que se hace de ella permite que SA Brains pueda producir, sin excesiva preocupación por el margen, un sinfín de variedades para los cerveceros que buscan algo más que una simple bebida.

Sin esta estrategia, posiblemente Brains no sería lo que es hoy en día, y sus beneficios habrían terminado en manos de grandes grupos internacionales. Asimismo, cervezas memorables como los casks de Brains Dark, The Rev. James o Brains IPA serían distintas o no existirían, y no habrían cosechado los elogios y premios que, incluso desde la CAMRA, han ido recibiendo. De hecho, éstas y otras cervezas de la marca son fijas en los CAMRA festivals del oeste británico.

Por último: ¿qué pasaría con las ocho seasonals de Brains, o la nueva Brains Craft Brewery? Este último proyecto está claramente dirigido al cervecero hardcore, que ve como las cerveceras tradicionales están dejando la oportunidad de posicionarse firmes en un terreno que se considera foráneo, pero que paso a paso se abre un importante mercado en todo el Reino Unido. En otra gran maniobra estratégica, Brains ha sacado hasta la fecha 29 cervezas distintas bajo la nueva marca, que sin olvidar el espíritu británico en sus creaciones ha sabido fidelizar al cervecero local apuntándose a las últimas tendencias más lupuladas, a la producción de cervezas de baja fermentación, o al uso de las exquisitas maltas ahumadas alemanas, entre muchas otras.

Con todo ello, ¿a dónde quería llegar? Por ahora no tengo la exclusividad en la distribución de estas cervezas, ni me ha llegado aún la caja de las 29 variedades de BCF que me prometieron si posteaba sobre ellos, así que no se trata de una campaña publicitaria. Coñas a parte, mi idea aquí era la de subrayar nuevamente aquello de los modelos de negocio, y argumentar a favor de las "cervezas de batalla" como posible enfoque para dar viabilidad a un proyecto empresarial. Incluso la CAMRA es tolerante con este tipo de estrategias... ¿a caso el término "cerveza artesana" nos vuelve locos y/o más papistas que el Papa?

AIPA galesa; impensable
hasta hace poco.
Probablemente Brains no sea la cerveza favorita del cervecero galés más recto, pero está claro que la empresa no se olvida de aquellos que se sienten más identificados con su bebida, ofreciéndoles cervezas locales de gran calidad a buenos precios y bien distribuidas, incluso en Tesco (el supermercado por antonomasia); mientras su gama Smooth les reporta el cash necesario para seguir adelante con todas sus iniciativas, incluidas numerosas esponsorizaciones a actos y eventos altamente celebrados en el país.

Nosotros estamos lejos de este estadio, y dudo de que a largo plazo ninguna empresa se parezca a lo que es hoy Brains, especialmente porque se trata de realidades sociales y cerveceras muy distintas. Pero que sirva su ejemplo para ver que hay muchos públicos posibles para la cerveza, que para subsistir en una industria como la cervecera también hay que escuchar al consumidor y observar las tendencias del mercado, y que el puritanismo cervecero carece de sentido: debería entenderse todo desde una perspectiva más flexible.

jueves, 16 de mayo de 2013

3er #FFdA...

Pasado ya el día de San Isidro, hoy, 365 días después de que escribiera un "post-convocatoria" al despertarme de una siesta, me dispongo a llamar nuevamente a trincheras a todos aquellos que quieran celebrar el primer aniversario de la máxima expresión del patillerismo idiosincrático de este blog. En efecto, estamos a mediados de mayo, y toca convocar oficialmente el 3er #FFdA.

Por delante nos vienen días de reflexión, de descubrir botellas que quizás habíamos olvidado que teníamos, de quitar las telarañas del fondo de nuestros armarios; y, por supuesto, un fin de semana de goce cervecero máximo, compartido en sociedad (virtual, pero birrera de corazón), y todo ello relatado vía blogs y/o redes sociales. Descubriremos cervezas nuevas, redescubriremos algún clásico, tomaremos nota de las impresiones de nuestros compañeros de afición y, al fin y al cabo, disfrutaremos de un evento pensado por y para nosotros que, como ya es sabido, se basa en el principio de prudencia a la hora de tomar cerveza ("no dejes que se estropee; tómatela de una vez").


Reglas:

Pues las de siempre: no hay. Mi única imposición, para dar rienda suelta a mi totalitarismo, es la fecha: fin de semana del 31 de mayo de 2013 al 2 de junio de 2013.

A partir de aquí, cada uno es libre de montarse la fiesta como guste: sólo, con amigos, con sus abuelos; en un zulo, en el campo, en su coche; enfocado a La Meca, mirando a Cuenca, o incluso con una vena en los ojos. La cuestión, como ya sabéis, es que saquemos del FdA (Fondo de Armario) aquellas birras que por una u otra causa se han quedado un buen tiempo sin que las tomáramos: por pereza, por descuido o por no haber encontrado el momento ideal para disfrutar de una auténtica joya que merece de un día especial. Pues no quedan excusas: el fin de semana que dará por concluido el mes de mayo de los corrientes ¡tendrá hasta 3 días especiales!

Luego, sólo se trata de contarlo en un blog, en los comentarios de un blog, vía Facebook, vía Twitter, vía Google Plus; vía lo que queráis (especificar dónde es un detallazo). Si me mandáis un texto de resumen, os lo puedo publicar. La flexbilidad máxima viene dada por el hecho de que, incluso, podéis montaros el festín sin contárselo a nadie: no lo habréis compartido, y eso os convertirá en anti-sociales orgullosos; pero si lo habéis celebrado que os quiten lo bailao.


Novedad:

A fin de celebrar el primer cumple de la botella y el vaso más mediáticos de esta bitácora, habrá una pequeña sorpresa para esta tercera edición: el #FFdA-Live. Mi idea, y siempre que tenga suficiente aceptación, es organizar una quedada "en vivo" gracias a las nuevas tecnologías a fin de que tomemos juntos una de las cervezas de nuestro #FFdA particular. En este sentido, se programará un Google Hangout temático para el viernes 31 de mayo, con horario a discutir, en el que hasta 10 personas simultáneamente podremos compartir nuestras impresiones en directo. Habrá emisión en directo (o sea, asistir al Hangout sin participar en él) y vídeo visualizable para todo el mundo una vez terminado.

Para participar, bastaría con reservar (vía comentarios en este mismo post) alguna de las 9 plazas disponibles (una, claro está, es para mí, al organizar el Hangout), siempre teniendo en cuenta que reservar y no "asistir" puede dejar a alguien que quería hacer el encuentro en vivo sin posibilidad de estar dentro. Dicho esto, y para asegurarnos de que todo el mundo cuenta con la mínima infraestructura técnica necesaria (ordenador, cuenta Google Plus, webcam, micro) en condiciones operativas satisfactorias, se agendaría un breve Hangout de 10 minutos para asegurarnos que esté todo en orden el viernes 24 de mayo por la tarde.

Cualquier duda respecto a cómo participar, no dudéis en comentarlo aquí, hacerme un privado o un correo electrónico en birraire@gmail.com.


Participantes:
  1. Joan Birraire (vía Birraire.com). Participa en #FFdA-Live.
  2. Txema M. (vía Y creo que he bebido).
  3. Débora y David (vía Observatorio Cervecero). Participan en #FFdA-Live.
  4. Raúl (vía In Birra Veritas).
  5. JAB (vía La Cerveteca de JAB).
  6. Gonzalo P. (vía Humulus Lupulus).
  7. Fran (vía Oh Cerveza!). Participa en #FFdA-Live.
  8. Mikel (vía Barcelona Beer Festival).
  9. Pau (vía Lúpuloadicto).
  10. Rodrigo V. (vía El Jardín del Lúpulo).
  11. Albert E. (vía La Trastienda de Baco).
  12. Oliver (vía Lúpulo y Cebada). Participa en #FFdA-Live.
  13. David G. (vía Homo Lúpulus).
  14. Jorge S. (vía Cerveriana).
  15. Dámaso (vía Damcu.es).
  16. Diego (vía Una Cerveza al Día).
  17. Jose B. (vía Rubias, Morenas, Negras...).
  18. Roger (vía Catas Cerveceras).
  19. Carlos P. (vía Cerevision).
  20. Gonzalo y Álvaro (vía Amante del Lúpulo).
  21. Mireia y Andrés (vía Cervecearte).
  22. Un Mar de Cervezas (vía Un Mar de Cervezas).
  23. Equipo Birrapedia.com (vía Blog Birrapedia).
  24. Álvaro (vía Petróleos Blog).
  25. Víctor S. (vía perfil de Facebook).
  26. Fernando S. (vía perfil de Facebook).

¡Agradecer a todos vuestro entusiasmo! Salut i birra!


Si no sabes de qué va esto y/o no has vivido las anteriores ediciones, puedes leer la serie de posts del #FFdA entera, siempre que te apetezca, claro.



UPDATE 28/05/2013

El #FFdA-Live ha sido agendado, finalmente, para el viernes 31 de mayo de 2013, a las 20h. Para más información, éste es el enlace del Hangout para participar activamente o para visualizarlo en directo: Hangout #FFdA-Live.

lunes, 13 de mayo de 2013

Cerveza en Canadá (XI) - Dieu du Ciel!

Y después del viaje en el tiempo del anterior post, toca finiquitar la serie de Cerveza en Canadá con esta undécima y última entrada. Si hacemos memoria, habíamos llegado ya a la última parada del viaje, donde por casualidad nos encontramos con un buen brewpub de la cadena Les 3 Brasseurs.

En esta ocasión, no hubo sorpresas; íbamos a lo que íbamos. Aunque no me canse de repetir de que el viaje al país con más de la mitad de los lagos del mundo no tenía ninguna intención cervecera, sí que habíamos puesto una chincheta en el mapa callejero de Montréal, en el 29 de la Avenue Laurier (Ouest), a fin de culminar la experiencia de manera óptima: entre cervecitas.

El penúltimo día entero en la provincia de Québec lo pasamos, como de costumbre, andando a toda pastilla para poder visitar todo lo que queríamos. Básicamente nos dimos un buen paseo por el Parc National du Mont Tremblant, haciendo un par de excursiones y terminando en la bonita villa que lleva el mismo nombre. Después de un día de disfrute en un entorno natural de excepción, volvimos a la isla de Montréal para finiquitar la parte cervecera del viaje a lo grande.

Salimos del metro y empezamos a andar por un barrio en el que se intuía podía haber cierta marcha, con esporádicos grupos de jóvenes vestidos para darlo todo. Aún así, los varios bares y restaurantes que nos encontrábamos estaban casi vacíos. Según el mapa, nos faltaban dos esquinas para plantarnos a destinación, y empezamos a intuir dónde se congregaba la gente que no se encontraba en los otros locales.


Dieu du Ciel!:

Me gustaría empezar con una descripción de emociones y felicidad, elogios superlativos y confirmando aquel dicho de que cuando más se espera una cosa, más se disfruta. Pues no. La verdad es que, una vez llegados a Dieu du Ciel!, llegamos a dudar de quedarnos a cenar allí; incluso de tomar una sola cervecita. Sin embargo, pesó el hecho de que nos habíamos desplazado de manera expresa hasta allí a la hora de esperar cinco minutos a encontrar un hueco y sentarnos dentro del local (en la terracita, la cola para sentarse podía superar los 45 minutos, sin gestión de turnos).

¿Y por qué tanto problema? Pues el hecho es que el local no invitaba a entrar: el ruido de dentro ya era molesto desde fuera; las mesas estaban bastante desordenadas, con poco espacio para sentarse; no es que hubiera gente, es que no cabía un alfiler. Como es de suponer, además, entre tanta multitud el ambiente estaba bastante cargado. Tuvimos, no obstante, la suerte de sentarnos cerquita de un ventanal, con buenas vistas a una pizarra donde se indicaba todo lo que había pinchado. Sin casi haber podido ver el local con tanto jaleo, le echamos un ojo a la carta de comida justo cuando vino el camarero.

La verdad es que con la emoción de probar in situ las cervezas de Dieu du Ciel contrastada con el alboroto que nos rodeaba no supe que pedir de entrada, y le conté nuestra historia al amable camarero ("venimos expresamente desde Barcelona", etc. etc.), que no perdía la sonrisa ante una noche de trabajo que debió ser infernal. Al pedirle que me hiciera un recorrido, me contó rápidamente en qué consistiría: 4 de "light" para empezar y 4 de "dark" para seguir. Para completarlo, al traerlas me dejó un papelito indicándome el orden en que él consideraba que debía tomarlas. Me gusta la gente que tiene ilusión por las cosas y que quiere su trabajo.

Lo que no me gusta en exceso, contrariamente, es la comida picante por el sólo hecho de ser picante. Es como aquellas IPAs que esconden algo debajo de la muy astringente carga de lúpulo: si te gusta el picante, bien; pero te cuestionas el por qué tantísimo. La pizza que pedimos estaba absurdamente cargada de especias (y no estaba anunciada como producto especialmente picante; había otros que sí), la cual cosa es un auténtico sinsentido en un sitio al que vas a tomar buena birra, ya que te mata el paladar. ¿Táctica para asegurarse la venta de dos pintas de cerveza-lupulazo por cada pizza pedida? Quizás, quizás.

Mrs. Birraire, que ya había entrado al pub a regañadientes, me trasladó su malestar de manera clara, aunque sin pronunciar una sola palabra. Comíamos en silencio (bueno, sería mucho más preciso "sin hablar") y por primera vez en todo el viaje me sentí mal por haber casi-exigido la visita a Dieu du Ciel. Todas las apuestas anteriores, incluso las improvisadas, habían salido bien; pero ésta no. Pensé que sería bueno darle algo de conversación (lo que nos permitiera el ruido) pero la verdad es que tampoco la expresión de su rostro parecía la de alguien con ganas de conversar. "Tu beu i fotem el camp d'una vegada" (tú bebe y nos piramos de una vez), fue de las pocas frases que me soltó. Pues a beber.

La primera manga consistió de las Solstice d'Eté aux Cerises (Berliner Weisse con cerezas), Rosée d'Hibiscus (Witbier con flor de hibisco), Rescousse (Altbier) y Saison St Louis. A cuál mejor, la verdad. La primera, para mí, superior a las demás: aroma suave, pero en boca se convertía en una cerveza de verano perfecta. Repasando mis notas, detecto que no la metí en los Premios Birraire 2012 por error. La Rosée, elegida también por Mrs. B, también perfecta para el calor: delicada, floral y afrutadita, con un trago espectacular. La Alt también rica, pero demasiado lupulada para mi gusto; y la St Louis una Saison simple pero eficaz.

A fin de poderlas evaluar, después del ataque directo a mi paladar causado por la comida, pedí que nos trajeran pan (que, por algún motivo que desconozco, decidieron tostarlo) y agua; no sin recibir una mirada de incredulidad por parte de la chica a quien le pedimos.

La segunda y última ronda, con la fase de descubrimiento de la cervecera ya superada y mis tímpanos y cabeza algo perjudicados, no me la tomé ni la mitad de a gusto. Aún así, tengo la sensació de que pude apreciar gran parte de la grandeza de lo que bebí: Corne du Diable (IPA), Dernière Volonté (Belgian IPA), Péché Mortel (Imperial Stout) y Route des Épices (Rye Ale especiada). Todas ellas espectaculares nuevamente: la IPA clásica, pero brillantemente elaborada. Excelente. La Dernière tuvo el problema de preceder a la Corne siendo, también, un lupulazo; pero sin embargo su caràcter meloso la hacía muy muy agradable. La Péché, en principio, era la reina de la corona: cojonuda, sin duda; simple y bien hecha, pero quizás falta de intensidad (que daño ha hecho De Molen a las otras IS). La "ruta de las especies" fue un punto y final original: es una cerveza top dentro de las especiadas que he probado, muy distinta, con un chili contundente pero bien integrado y notas de hierba aromática, pimienta, flores, pistacho, cereales, caramelo o leve fruta.

La experiencia, realmente, fue un contraste radical entre lo bueno y lo muy malo. Un buen camarero me había servido con gracia hasta 8 cervezas distintas, todas ellas de alto nivel; pero fueron mal casadas con una pizza regulera y, encima, ridículamente picante, y el hecho de estar en comunidad era un inconveniente en ese local que mostraba una nula capacidad para absorber el griterio propio de una noche animada.

"Hacía tiempo que no lo pasaba tan mal", exclamó Mrs. Birraire de camino al metro. Y yo la verdad es que también: después de esperar durante todo el viaje esta visita, y de conocer hasta nueve brewpubs que, en términos generales, nos habían encantado, Dieu du Ciel fue como un coitus interruptus en pleno orgasmo. Ver a mi mujer agobiada; estar, a su vez, agobiado yo, tener que esforzarme en beberme a gusto cervezas de primer nivel, y salir de un local cervecero cansado y con el pitido en las orejas como si saliera de una discoteca fue demasiado. Lo jodido es que veo fotos del local por internet y lo recuerdo igual: madera, un equipo de elaboración impoluto, mesas, pizarras... pero todo lo bonito que se ve quedó tintado por el ruido y el ambiente cargado, y no supimos disfrutarlo (si es que se podía).

Al pensar en el brewpub de Dieu du Ciel, a parte de "estruendo", me viene a la cabeza la expresión "morir de éxito". Desconozco si dentro de los cánones montrealenses es normal irse de birras y encontrarse este ambiente, pero la sensación es que deberían aprender a gestionar mejor sus espacios para que cada cliente pueda sentirse a gusto. Probablemente, abrirían dos o tres locales más y seguirían llenos hasta la bandera; pero el gusto del consumidor por sus buenas cervezas no puede convertirse en un inconveniente a la hora de tomarlas.

Con lo bien que habríamos estado fuera...

Y aunque una última parada en Les 3 Brasseurs habría sido un último capítulo mucho mejor, hasta aquí ha llegado la serie dedicada a los brewpubs que, en la mayoría de las casos, encontramos sobre la marcha en nuestro inolvidable viaje a Canadá. Llevábamos años esperando esta escapada (y ahorrando también), y todo salió genial, con la guinda puesta, en este caso, gracias al apartado cervecero.

Espero que hayáis disfrutado la serie. Salut i birra!


PD: si de algo me sirvió la visita fue para intuir por qué "Dieu du Ciel!" lleva exclamación.

martes, 7 de mayo de 2013

Cerveza en Canadá (X) - Clock Tower Brew Pub

Si una serie de posts ha sido especialmente irregular en este blog está claro que ha sido la de los brewpubs visitados en mi viaje del pasado verano a Canadá. Pocos seguidores han tenido, y encima les he maltratado.

Para más inri, ahora que en principio estábamos a una entrada de la conclusión, me di cuenta al repasar los acogedores locales que nos sirvieron para descubrir algo más sobre la cultura cervecera canadiense de que me había olvidado una visita que hicimos, ni más ni menos, en la capital del enorme país norteamericano. Por eso, habrá que hacer un ejercicio de viaje en el tiempo para plantarnos al final del post IV de la serie, en el que aseguraba que nuestras aventuras cerveceras por Ontario habían terminado. Faltaba ésta.

Y es que después de que comiéramos en Kingston, nos fuimos a visitar la zona de Thousand Islands, un archipiélago con 1.864 islas distintas situado en el río Saint Lawrence, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Después de un relajado paseo en barco, cogimos nuevamente el coche y subimos hasta Ottawa, donde aún tuvimos tiempo de disfrutar de lo que quedaba de tarde-noche. Al día siguiente, visitamos la relativamente pequeña capital canadiense, viendo el espectacular cambio de guardia en el Parliament Hill, con gaitas a ritmo de Going Home de Mark Knopfler; algo que sigue emocionándome cuando lo recuerdo.

Para comer, cerca del Major's Hill Park, nos dirigimos a Clarence Street, donde según nuestra guía encontraríamos un brewpub con una Raspberry Wheat digna de ser probada. Que las guías de viaje presten atención a lo cervecero no es tan habitual como algunos querríamos, así que en un acto de agradecimiento a los autores decidimos hacerles caso y visitar el local de Byward Market de Clock Tower Brew Pub.


Clock Tower Brew Pub:

Llovía; poco, pero lo suficiente para que fuera molesto y que tuviera que cubrir la cámara de fotos con mi camiseta; de manera que entrar en un local empezaba a ser apetecible. Bajábamos por Clarence Street y cada restaurante/pub que dejábamos atrás tenía bastante buena pinta. Incluso vimos otro brewpub, pero seguíamos fieles a la idea de ir a lo que íbamos. Al ver la imponente fachada de madera y ladrillo del Clocktower, vimos que haber sido fieles al criterio de la guía había sido un claro acierto.

El pub en sí se presentaba bastante amplio, con mesas para todos los gustos tanto en el interior como en la fachada y el precioso patio de detrás del local. No era el momento del día de mayor afluencia, sin duda, pero en el interior del sitio se congregaban una serie de personas que presumimos serían clientes habituales, pues tenían mucha interacción con la barra, y no parecía que tuvieran intención de dejar de disfrutar de las cervecitas de la casa en breve. Salvando las distancias, recordaba el ambiente de un pub del Reino Unido, aunque con un toque moderno importante, y con ubicación en una zona predominantemente turística.

La oferta gastronómica tenía un claro talante británico y nosotros, una vez acomodados en una mesa de madera, no dudamos en apostar por un Fish & Chips que resultó ser delicioso, y al que sólo le faltó la clásica salsa de guisantes para ser memorable. En cuanto a cerveza, Mrs. Birraire atacó, tal como esperaba, la Raspberry Wheat; mientras que yo, por mi parte, me dispuse a testar hasta qué punto la Wisharts Bitter cumplía dentro de su estilo.



La primera, sin sorpresas, una cerveza triguera refrescante con un toque semi-acidillo agradable, y un suave sabor propio de las frambuesas usadas en la fermentación. En cuanto a la WB, tuve una de las grandes sorpresas cerveceras del viaje: de color cobre y con una buena corona de espuma, de nariz floral britántica con toques ligeros a fruta, madera, caramelo y frutos secos. Bastante amarga en relación a lo que esperaba, con carbonatación y cuerpo ligeramente superior a una Bitter clásica. Muy bebible, suave y sabrosa, de final seco agradable.

Después de planear nuestros próximos pasos, ya en vistas a dejar la provincia de Ontario en dirección a Québec, no pude resistirme y pedí la Bytown Brown. Si un estilo, generalmente, acumula decepciones en mi historial birraire es precisamente el de las Brown Ales; me cuesta horrores encontrar una que me satisfaga plenamente. Pero en esta ocasión no tuve otra que disfrutar como un enano con mi brown, que es top-5 del viaje sin lugar a dudas, y de las mejores cervezas que pude tomar el año pasado. ¡Que nivelazo en Clock Tower! De espuma marchita, en nariz y en boca sorprendía por su perfecta armonía entre los toques de maltas de tendencia oscura, que regalaban matices de chocolate, café largo, madera y frutos secos a tutiplén, equilibrados por un contrapunto floral. Riquísima; menuda lástima no tenerla por aquí.


Como ya es costumbre, antes de irnos quisimos admirar el local, repleto de detalles que merecen unos minutos de atención: como los cuadros con fotos de la maquinaria cervecera, que se encontraba una planta por debajo de la que nos encontrábamos; o su imponente barra de 15 tiradores distintos (uno de Guinness, los demás propios), la preciosa decoración personalizada con los logotipos de sus propias cervezas, o la zona llena de relojes de pared que está al lado de la entrada al amplio y agradable patio que, por cuestiones climatológicas, no pudimos disfrutar.

Para rematar un mediodía de goce cervecero, mi yo coleccionista también tuvo su premio particular: unos atractivos posavasos de cada una de las cervezas de la casa, que me ayudó a buscar, con empeño, la simpática camarera que nos había atendido de maravilla durante nuestra estancia, y que entre risas nos soltó algunas palabras y frases hechas en castellano (que no voy a reproducir) al saber que éramos de Barcelona.


Así, con la satisfacción de haber conocido otro rincón de mundo de los que uno recuerda con cariño (ya tiene coña que me dejara de postear sobre él), sintiendo que pagó la pena buscarlo y pasar un rato dentro disfrutando de su oferta ocioso-gastronómica, partimos con nuestro fantástico coche hacia una de las zonas más remotas del viaje.

Salut i birra!


jueves, 2 de mayo de 2013

Gacetilla Cervecera XVII

Pasado el 1 de mayo, día del trabajador (que, al paso que vamos, acabará siendo día del parado) toca una nueva entrega de la Gacetilla Cervecera.

En esta diecisieteava edición tenemos el gusto de contar con grandes colaboradores, como de costumbre. Empezando por el principio, Pedro Gómez nos regala una nueva tira cómica de "Botellines", mientras que Juan Antonio Barrado (JAB) nos hace un resumen de lo que dio de si el Salón de Gourmets de Madrid.

Nuestro veterano colaborador Igor Oyarbide nos presenta una nueva y útil herramienta para los cerveceros: Localbier; no dejéis de leer el texto para saber de qué se trata. Mientrastanto, nuestro prolífico corresponsal levantino Txema Millán nos hablará una vez más de las muchas novedades cerveceras que van apareciendo por tierras valencianas, además de aportar un muy interesante artículo sobre el "relanzamiento" de la Märzen Turia, con varias curiosidades.

Y por prolificidad Judith y Gerard de Cerveza en Foto, que nos hacen un buen repaso en texto y en foto de los últimos eventos cerveceros a los que han podido asistir, además de una extensa crónica del Barcelona Beer Festival 2013.

En páginas centrales, el Reportaje de la Gacetilla de Mayo 2013 nos desplaza a Valls de Torroella, donde Guzmán Fernández nos habla del el uso de la levadura líquida en la elaboración cervecera. Además, entrevistamos a Óscar y Miquel, responsables de la red social BeerLook.

Finalizamos la revista del mes con una receta marinera deliciosa de parte de Pep Nogué, a la que por supuesto no falta el toque cervecero. Aparte, en los Flashes de Actualidad y también dentro de la revista podréis encontrar información más o menos extensa acerca de las próximas paradas en la línea de eventos cerveceros, con especial atención al artículo sobre la Feria de Cerveza Artesana de Castilla y León.

¡Espero que la disfrutéis!



Salut i birra!