lunes, 29 de abril de 2013

Creciendo y creyendo

(Crónica de la Trobada de Cervesers Artesans de Catalunya)

Después de la locura del BBF y de haberme saltado a la torera las primeras ferias del año 2013, ya iba tocando un post dedicado a este apartado concreto del blog. Pero no nos vamos a Blanes: sé perfectamente que este pasado fin de semana el Birrasana era protagonista, pero por desgracia mía no pude asistir, y además con todo el ajetreo de mi cumpleaños no había podido colgar mis impresiones acerca de un festival celebrado el sábado 14 de abril en Molins de Rei. Una cita, para mí, ineludible: la III edición de la feria, rebautizada como TCAC (Trobada de Cervesers Artesans de Catalunya).

Organizada por Casal La Mola, Zulogaarden, AJEIM y DirxDir, el Parc de la Cadena de la ciudad llobregatenca volvía a servir de escenario para dar la bienvenida a la temporada alta de ferias, concentrada especialmente entre abril y junio (aunque al paso que vamos, pronto tendremos ferias cada fin de semana del año). Había asistido a las dos ediciones anteriores, y la verdad es que no quería perderme el evento que, sin duda, marca el inicio del calor en tierras barcelonesas, más aún a sabiendas del empeño de la organización en montar algo serio; a parte del hecho de que no me pilla excesivamente lejos, que siempre es un punto a favor quieras que no.

Llegué más tarde de lo que pretendía en un principio, pero los fines de semana son una dura contrarreloj en Can Birraire, y se llega donde uno buenamente puede. Tuve la suerte de aparcar en el mismo parque, ganando así un tiempo precioso para aprovechar y charlar con parte de la gente conocida que se citó en Molins: de productores a homebrewers, pasando por cada uno de los grandes seguidores de este tipo de jornadas.

Poco antes de las 12, el sol apretaba con fuerza, aunque a diferencia del año pasado no había amenazas de lluvia, ni soplaba gota de viento: bueno para que no hubiera percances, malo para aguantar los "20 pa' 30" grados que pegaba. Con todo, la primera birra fue como una bendición: una clásica Escuma de Mar de Popaire, fresca y cítrica, acompañada de una interesante charla (de la que espero salga un post relacionado pronto) con Krystian y con Xavi G., volldamista y gran cervecero al que tuve el placer de conocer en persona.

Al darme la vuelta y salir del delicioso resguardo solar que nos proporcionaba el stand de la cervecera blanenca, vi con alegría que la mobilización de la gente este año era notable. Recuerdo la primera feria de Molins de Rei en una antigua nave habilitada por los jóvenes de la ciudad, con poca gente; la segunda, con la excepción del ambiente que proporcionaba el primer encuentro de homebrewers, también tenía un aspecto un tanto desolador por la mañana. En 2013, parece que el buen trabajo de la organización y el granito de arena que entre todos los amantes de lo cervecero vamos poniendo día tras día han surtido efecto, y con la fira casi recién inaugurada mi mente ya se atrevía a pronunciar la palabra "éxito", anticipando que por la tarde habría un magnífico ambiente.


Alegrías personales a parte, seguí con mi ruta, que me llevó por stands como el de As Cervesers. Con los de Montornès del Vallès pude probar la nueva As de Piques: una IPA muy rica, floral y cero astringente, que aporta toques novedosos en nuestro panorama saturado de Pale Ales y variantes. Asimismo, pude probar un culín de una prueba muy definitiva de la futura As de Trèbols: Imperial Stout que, para la ocasión, habían cocido con lúpulo Northern Brewer, aunque la definitiva será con Simcoe. Por mi parte, podéis dejarla tal cual; estaba muy viciosa, y el lúpulo utilizado traía deliciosos recuerdos de After Eight.

En este punto me encontré cara a cara con Toni Medina, de Cervesa Alpha (Andorra). Hacía casi un año que no coincidiamos, y pudimos tener una buena charla sobre todos los cambios que han habido durante los últimos doce meses en la cervecera de La Cortinada. Quedamos en que nos veríamos pronto por el País dels Pirineus, no sin antes probar una sólida y suavemente lupulada Andorra Pale Ale de nombre Sant Corneli, que ya presenta la nueva imagen que paulatinamente tendrá toda la gama de cervezas. Estuve contento de comprobar que Alpha está dispuesta a trabajar duro para enderezar el rumbo y convertirse en una referencia de calidad en el pequeño principado pirenaico. Buen trabajo Toni y Carmen.

A continuación visité a los otros cerveceros que, junto con los anteriores, conformaban la excepción a la última C de las siglas de la feria. Encontrar a David y a Miriam en Molins fue un placer, y poder probar novedades frescas siempre es un gran aliciente. Así, ataqué la colaboración entre Son y Yria-GuineaPigs!, de nombre Son Bitch, de estilo (toma ya) Black Saison especiada con cardamomo. Resinosa, dulce, sabrosa, aunque un pelín demasiado especiada; algo menos de cardamomo le habría sentado de maravilla. Probé también la Imperial Brown Ale, que aunque no guardo notas de ella puedo recordarla algo alcohólica y con puntos afrutados. No obstante, si me preguntáis, me quedo sin duda con el nuevo batch de la Flow, que probé recientemente en el Freiburg. ¡Espectáculo! Las cobayas están en forma.

Finalmente, me acerqué a la carpita de Isaac Beltran. No quería perderme la Quercus envejecida en barrica de roble: vinosa, con suaves notas lácteas, fruta roja con toques ácidos y madera. Realmente buena y equilibrada: habría sido un error no probarla. Respecto a las novedades de Reptilian, la Lagarto Barbudo (con Flow) ya estaba probada; y dentro de los seguidores y detractores, me sitúo claramente en el primer grupo: ¡que no sólo de lúpulo vive el hombre! Y sobre la nueva receta de la Shakti, de la que pude dar un par de sorbos en Molins, decir que el lúpulo El Dorado la deja espectacular; mejor, incluso, que la anterior. Ideal para satisfacer a los que gustan de sabores tropicales en la cerveza. Que fresca y que rica.

En este momento, tuve que marcharme; no sin antes saludar un pequeño grupillo de cerveceros de la comarca del Bages que comía juntos, dos de los cuales me obsequiaron con una de las novedades catalanas de 2013: la Cervesa Bou, elaborada en Ausesken. Moltes gràcies companys.

Me quedaron muchos stands por visitar, en especial los de aquellos que se presentaban en sociedad (Gárgola y Molta Birra con su propia IPA) y la de los anfitriones, que además presentaban algunas nuevas Zulogaarden que prometían ser interesantes; pero quise olvidarme de las prisas del día a día, y no dejé de disfrutar de la tranquilidad de un soleado sábado por la mañana, en buena compañía y con cervezas que, día a día, presentan un mejor nivel. Ya comenté que, a mi parecer, 2012 fue un año de consolidación. 2013 creo que nos depara grandes alegrías.


En cuanto a la Trobada en sí, creo que es una clara prueba empírica de que, paso a paso, todo el trabajo común está dando sus frutos. Que la asistencia total superara las 1.000 personas es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos todos, y que debe darnos fuerza y empuje para seguir creciendo y creyendo.

Ésta es, sin duda, una de las ferias en las que año a año he estado más a gusto, y esto sólo se explica por la buena labor organizativa que hay detrás, con un mayor bagaje edición tras edición; además de una ubicacíón idónea y una buena gestión meteorológica (me imagino que invitarán a alguna Sang de Gossa a Zeus; Marinos, tomad nota para el Birrasana). Tamaño justo, variedad y calidad, música acertada, encuentro de homebrewers complementario y buen ambiente. Felicitats a tota l'organització!

Salut i birra!

viernes, 26 de abril de 2013

Birraire 30

Soy de esas personas que se pasa la vida buscando excusas para hacer celebraciones y saraos varios. Me gusta que reine el ambiente festivo; que haya pasteles, regalos, cerveza, panderetas y serpentinas. Buena prueba de ello la podéis tener viendo el ejemplo del #FFdA (que, por cierto, su 3ra edición está al caer), que no deja de ser una especie de festividad inventada para sacar birras gran reserva a destajo del fondo de nuestros armarios. Llegué, incluso, a celebrar mis 10.000 días de vida, engañando a toda la familia para que se viniera a casa a comer y pasar un buen rato. Dicen que soy un verbenero, y en ocasiones un viva la virgen.

¿Con todo ésto, a dónde quiero llegar? Pues bien, el hecho es que este miércoles pasado, día 24 de abril, dejé atrás mis tres primeras décadas como persona, a fin de afrontar una nueva década que, a mi parecer, me ofrecerá una mejor relación entre estado físico-mental y experiencia que cualquiera de las anteriores. Un nuevo decenio al que llego con mucha ilusión y ganas de superación, con la intención de seguir queriendo y seguir siendo querido por mis familiares, amigos y compañeros.

Vivo (vivimos todos) un momento importante de incertidumbre en el que hay que estar constantemente controlando dónde vas a pisar; viviendo más al día a día de lo que popularmente muchos consideran positivo. Ante el presento cúmulo de dudas, no obstante, siempre me quedara la certeza de que hay quien piensa en mí, que me conoce y que me quiere como soy. Mrs. Birraire me secuestró la tarde de Sant Jordi a fin de que pasáramos 24 horas de absoluta tranquilidad y reposo, lejos de las multitudes; sin más equipaje que una muda de recambio y, ante mi insistencia, un libro.

Al llegar a casa, celebramos mis 30 años con mis padres y mis dos abuelas, con una cena a base de pa amb tomàquet, tortilla de patatas y embutido. No hay mejor cena posible. Al sentarnos en la mesa, con una cara de nervios que delataba que algo importante iba a ocurrir, Mrs. B me dijo que iba a por la cerveza. La sorpresa fue doble, tal como podéis comprobar en la foto de abajo.


La foto con la cara de zoquete incrédulo, que me tiraron a traición justo en el momento en que aparecía mi mujer con la botella de 75 para la cena, me la voy a guardar. Sí: me quedé a cuadros escoceses. Para rematarlo, mis padres se sacaron una colección de pintas Nonick personalizadas (¡exacto! uno de mis vasos favoritos) con lo que será el nuevo logo del blog (cuando tenga tiempo de introducirlo correctamente). Me había pasado el día pensando qué cerveza sería la que me tomaría tranquilamente al llegar a casa, a fin de remojar debidamente el día de mi cumpleaños; y finalmente no hizo falta que me preocupara de nada.

Después de toda esta parrafada inicial y estas pinceladas sobre una celebración íntima y muy especial para mí, sólo me gustaría dar las gracias a todas aquellas personas que durante mis primeros 6 lustros hayan compartido, al menos, un buen rato conmigo (en el sentido más amplio, ya sea física o virtualmente). Asimismo, me gustaría agradecer en especial a Guzmán Fernández y a Enric Comallonga, y a todo el equipo de Ca l'Arenys, todas las facilidades e ilusión dispuestas para que Mrs. Birraire pudiera hacerme un regalo impagable.

Y, por supuesto, a mi familia y a mi gran compañera de viaje agradecerles que sigan un año más a mi lado, queriéndome con mis virtudes y pese a todos mis defectos.

Salut i birra!

lunes, 22 de abril de 2013

Modernidad vs Tradición

En el marco de una escapada de fin de semana largo a Gales, con la finalidad de asistir a la divertidísima boda de un buen amigo, no desaproveché la oportunidad de seguir explorando y aprendiendo acerca de la cerveza en el Reino Unido.

Como las conexiones aéreas a la parte occidental de la principal isla del archipiélago británico no son precisamente buenas, viajamos vía Londres tanto de ida como de vuelta, pasando nuestra última noche en la gran capital inglesa. Ante nosotros, una magnífica oportunidad de invertir las pocas horas de que disponíamos en descubrir algún rincón cervecero que mereciera la pena.

A diferencia del verano pasado, cuando visitamos Canadá, ésta vez había hecho los deberes, a sabiendas de que íbamos a disponer de una tarde-noche para explorar pubs londinenses. Pensé que sería interesante, sin tener que desplazarme por otro medio que no fuera andando, poder contrastar las dos realidades opuestas que vive actualmente Londres: la nueva generación de cervezas de inspiración yankee contra las clásicas cask ales CAMRA-compliant. En este sentido, nuestro mapa tenía dos chinchetas: una en Camden Town, la otra en Euston. Veamos que dio de sí la visita.


Brewdog Camden:

Casi al llegar a la boca de metro de Camden Town, giramos a la derecha por Greenland Street y empezamos a visualizar una muy luminosa señal azul, que nos indicaba que estábamos llegando al cuarto Craft Beer Pub de los escoceses de Brewdog.

Al entrar, lo primero que nos sorprendió fue que el pub no estaba rebozando de personas, pero había un suave olor generalizado a humanidad un tanto desagradable (de cuerpo medio y con matices de sobaquillo), que poco enganchaba con el ambiente de gente guay de 25 a 35 años que predominaba. Por lo demás, el local tenía una decoración que mezclaba lo aparentemente antiguo y desgastado con notas de modernidad destacables. Los tablones del suelo y parte del mobiliario parecían haber aguantado dos siglos de pisadas, aunque estaban en perfecto estado en cuanto a entereza. La sensación, para mí, fue la de como si hubieran cogido los trastos viejos y las luces de un garaje, lo hubieran arreglado un poco y se montaran un garito allí mismo; con toques de pintura acordes, que dieran luz y brillo, a fin de que el sabor final para los visitantes fuera moderno-vintage y no antiguo-cutre. La verdad es que me gustó mucho.

Nos dirigimos a la barra a fin de observar la oferta cervecera de las pizarras, y poder echar un ojo, asimismo, a la carta de botellas. De grifo, sólo había lúpulo y más lúpulo. Podía imaginarlo, pero quizás no tan exagerado. Tenía en mente pedir algo oscurito como última consumición, y no fue posible. Para Mrs. Birraire, el panorama tampoco pintaba bien: pedimos 3 de las 6 cervezas de más-o-menos-trigo que estaban en carta y no las tenían. Con todo, al final hicimos nuestro pedido y, ante el agobio de gente que había en la barra, decidimos optar por una mesita al lado de un gran ventanal que da a Bayham Street.

Mi estimada mujer había acabado pidiendo la Mikkeller Yeast Series 2.0 Saison, que sorprende comprobar que allí en Londres y de barril sabe notablemente más suave y redonda (y más belga) que aquí en mi casa de botella. Por mi parte, no dejaría escapar la oportunidad de probar una auténtica rareza de la que no tenía ni tan sólo noticia de que existiera: la Vagabond Lager de Brewdog. Sí, ya podéis imaginaros que no sabía a Pilsener alemana: es como una Pale Ale lagerizada, afrutada, con un toque sutil delicioso de frutos secos; muy fácil de beber, con una combinación de lúpulo muy agradable y un paladar limpio y ligero. Delicada; sin astringencias. Muy muy rica.

Mis dos siguientes víctimas fueron la Mikkeller Yeast Series 2.0 English Ale, que es la única de la serie que no he podido conseguir en botella, y la Brewdog Chaos Theory. La primera guarda una interesante relación de matices a pan de semilla alemán y a frutos secos, con un perfil de lúpulo americanizado de libro. La Chaos, muy curiosa: una nariz un tanto apagada y extraña (llegué a sospechar, de inicio, que no estaba bien); un saborazo en boca que hacía saltar de alegría, una vez evolucionada. Muy resinosa, sus lúpulos destacaban más por sus toques terrosos, acompañados magistralmente por una potente base maltosa de carácter británico, con frutos secos, cereales, miel y suaves recuerdos de madera. Cabe destacar también los aromas y sabores iniciales a fruta roja ácida. Cuesta imaginarla, ¿verdad?

Con todo, pasamos un rato bien entretenidos, gracias también en parte el WiFi gratuito de que dispone el local (un puntazo a favor cuando vas de viaje). El servicio del local nos pareció un pelín frío, y más siendo un pub de los siempre llamativos, informales y extrovertidos Brewdog; aunque para nada nos trataron mal. Nos quedó probar la oferta gastronómica, que por desgracia no era muy extensiva y se limitaba a algunas pizzas y cuatro cositas más en plan picoteo. El global, aunque en los momentos de mayor afluencia el ruido se disparaba demasiado, y a pesar de que la oferta fuera limitadísima a cervezas lupulizadas, fue muy positivo.


Bree Louise:

Saliendo de Camden, nos dirigimos a una pequeña calle llamada Euston Street, al lado de la gran y conocida estación que lleva el mismo nombre. Fue justo en la conjunción entre esta callejuela y Cobourg Street que encontramos un pub de fachada predominantemente roja, con variadas plantas exteriores que aportaban un poco de verde de contraste, en el seno de un precioso edificio de ladrillo. Las mesas de fuera, con valientes clientes en manga corta sentados en alguna de ellas, eran realmente tentadoras, pero apostamos por cruzar la puerta roja para poder cenar dentro uno de los famosos Pies caseros del Bree Louise.

Para que os situéis, estamos hablando de un pub galardonado como CAMRA's Pub of the Year en 2009 y 2010, gracias a su también reconocida comida y la gran selección de Real Ales, con una rotación de vértigo. La cosa realmente prometía, si bien al entrar la primera impresión fue un tanto agridulce al comprobar que el sitio tenía un grado de cutrez bastante elevado. No había, a penas, ni una sola silla, ni tampoco mesas, que fueran iguales; todas distintas. La moqueta del suelo no es que estuviera especialmente sucia, pero su patrón junto a un mobiliario algo destartalado y la sensación de que todo parecía tener más años que el producto de mi edad y 3 no acabó de convencernos.

No obstante, elegimos mesa al lado de una preciosa colección de tapas de bomba de mano, y rápidamente examinamos la carta que nos trajo un camarero. El ambiente andaba un poco apagado: ya sé que un domingo sobre las 20h no es el momento más popular de los pubs en Londres, pero había alrededor de quince personas, solas o en pequeños grupos, con casi nula interacción con la barra. Y, quieras o no, cuando como en mi caso estás enamorado del ambiente de pub británico, es un tanto decepcionante.

En fin, que después de que nos informaran de que el 3 Cheeses Pie no estaba disponible, apostamos por el Steak & Kidney, que resultó ser delicioso. En cuanto a cerveza, había una oferta de 9 handpumps con cervezas estilo Spitfire, London Pride o Bass, 11 gravity casks y también algo de sidra y perry, a parte de dos tiradores con Lagers checas. Me dirigí a la barra que estaba al lado de la entrada de Euston Street, donde se encontraban los casks ligeramente inclinados para el servicio de una buena variedad de cervezas que sólo llevaban la información del nombre y el alcohol por volumen.

Fue en este punto cuando interactué con uno de los chicos que estaba detrás de esta parte de la barra, al pedirle qué cervezas tenía. Con una mezcla de pereza, sorpresa y tirantez, no sabría adivinar en que proporción, me dio cuatro indicaciones muy básicas que me dieron poca idea de qué había, aunque una cerveza me llamó la atención en especial, y aposté por ella: la edición especial para el torneo Seis Naciones de Rugby de Partners (llamada, como corresponde, 6 Nations).

En principio se trataba de una Bitter, aunque para mi gusto "mildeaba". Afrutada, de color rubí oscuro, especialmente floral y con toques asados. Asimismo, presentaba un perfil de frutos secos notorio y algo de cereal tostado, con un cuerpo más bien ligero. Lo cierto es que estaba de vicio, y acompañó con destreza la buena cena que estábamos tomando. Una vez terminada mi pinta, fui a por media pinta de algo similar a una Stout, ya que arrastraba las ansias de cerveza oscura desde la visita en Camden. Nuevamente me acerqué a la barra y pedí la Tempest Stout de Art Brew. Ésta última fue un pelín mejorable, porque aún teniendo un buen sabor a maltas achocolatadas y un perfil floral suave pero fresco (que es más o menos lo que andaba buscando) parecía estar un poco demasiado aguada, con un paladar flojillo en comparación al resto de cerveza. Me la terminé a gusto, pero quizás esperaba algo más contundente.

Con todo esto, ya habíamos terminado nuestra cena, y habíamos podido hacer la comparativa entre ambos sitios. Sin lugar a dudas, la oferta gastronómica de Bree Louise daba mil vueltas a la de Brewdog Camden: variedad de cervezas y, aunque no pudimos probar la comida en el primer pub, me atrevería a decir que los Pies caseros eran insuperables. Pero Brewdog Camden era, sin duda, un sitio mucho más agradable al que acudir: bien es sabida mi casi-obsesión con los pubs tradicionales, pero Bree Louise no consiguió que me sintiera en ningún momento como uno más, ni me mostró la cara más amable y social que tienen los británicos; algo que he encontrado en numerosos pubs de toda la isla. De acuerdo que en Londres capital la gente es algo más estirada que en otras partes de este magnífico país pero, usando su vocabulario propio, Bree Louise no era welcoming una vez dentro.

A BC le vendría bien un toque más británico en su oferta, aunque fuera introduciendo referencias como The Kernel, Thornbridge o Magic Rock en sus grifos, a parte de la comida. O, al menos, que no todo fueran lúpulazos. A BL le convendría restaurar un poco el local, hacerlo más amigable; y moderno, porque no. Creo firmemente que los pubs tradicionales deben adaptarse a los nuevos tiempos para atraer al público más joven. Cabe decir, aún así, que si viviera en London me veo más como regular en BL que en BC: la oferta gastronómica pesaría, y conociendo mis gustos con el tiempo me acostumbraría a uno a la vez que me cansaría del otro.

Conclusión: lo mejor es que cada modelo (Modernidad y Tradición) aprenda algo del otro, sin renunciar a su esencia. Y ya puestos a pedir, que los londinenses aprendan a ser tan agradables como sus vecinos galeses.

Salut i birra!

jueves, 18 de abril de 2013

Bon rotllo

Buen rollo y cerveza son dos conceptos que guardan una correlación importante. Una asociación de ideas entre ambos es algo común cuando se describe el ambiente de algún evento social, desde un cumpleaños a una excursión, pasando por encuentros, quedadas, ferias, presentaciones y un largo etcétera. Uno puede ser consecuencia del otro; y el otro consecuencia del uno. No están imperativamente unidos, pero para muchos el buen rollo sin cerveza, o la cerveza sin buen rollo, pierde gran parte de su sentido individual.

Con todo este buen rollo (de rollazo) que he soltado para empezar, podría pensarse que estoy en disposición de redactar un post largo, pesado, conceptual y abstracto acerca de la cerveza y su consumo, cuando en realidad lo que tengo en mente es hacer una breve crónica sobre un evento al que fui formalmente invitado (vía Facebook, dado que las nuevas tendencias, en forma y elegancia, lo exigen así), a celebrarse este pasado domingo.

En una empinada urbanización de Les Planes (Sant Cugat del Vallès), en Collserola, se encuentra una finca situada en plena cuesta, con una cálida casita de madera y un viejo y estrecho molino reconvertido a... ¡fábrica de cerveza! El centro operativo de Senglaris, un grupo de homebrewers barceloneses, fue el escenario escogido para celebrar el susodicho evento: el primer aniversario de este grupo de cerveceros caseros, y el segundo de los mediáticos Caçadors de Cerveses - Beer Hunters.

Para mí, si una cosa desprenden los Caçadors es buen rollo. En cada feria, en cada bar, en cada ocasión que hemos coincidido, ha sido juntarme con ellos y sentir que me inundaba esa sensación de relajación, bienestar, flexibilidad, compañerismo, ciudadanía y felicidad. Su función como grupo no parece otra que la de pasarlo bien; sin más. Resulta envidiable.

Aunque su aportación al panorama cervecero puede tener, desde otras plataformas, un formato, un contenido y una repercusión totalmente asimilable a la de los blogs, nunca les he identificado como bloggers, ni como creadores de contenido, aún siendo muy prolíficos en este sentido; sino como generadores de buen ambiente. De manera muy apropiada y gráfica, me gusta compararlos con la buena cerveza: a su alrededor se dan las condiciones ideales para pasar un buen rato.

En esta ocasión, en un rincón perdido de la sierra barcelonesa, se dieron nuevamente esas circunstancias; como no podía ser de otra manera. Fue una reunión de personas (muchas de las cuales no nos conocíamos) sin restricciones de edad ni estilo, pensada desde la misma filosofía vital que ejercen los Caçadors como grupo: compartir, comer y beber; disfrutar. Me atrevería a decir que todos los asistentes estábamos allí sin mayor preocupación que invertir correctamente nuestras horas de aquel caluroso mediodía de domingo en relaciones humanas.

El 21 de septiembre de 2011, después de medio año de haber empezado a hacerse eco de las cervezas y ferias locales, y de la escena cervecera barcelonina en general, aparecía en el muro de la página oficial de Caçadors de Cerveses el siguiente mensaje:

"l'Enric, el Pepe, l'Anton i el Martí estan fent un treball impressionant, estan restaurant un vell molí a Collserola perquè ells i dos privilegiats més poguem gaudir de la nostra gran afició: fer cervesa!! en un parell de mesos màxim estarà a punt per executar les primeres fórmules de Senglaris."

Traducción: Enrique, Pepe, Anton y Martí estan haciendo un trabajo impresionante, están restaurando un viejo molino en Collserola para que ellos y dos privilegiados más podamos gozar de nuestra gran afición: ¡¡hacer cerveza!! en un par de meses máximo estará a punto para ejecutar las primeras fórmulas de Senglaris.

(Los frutos de ese "treball impressionant" podéis consultarlos en este enlace: Senglaris - Microbrewery Project).

Un año y medio después, pudimos disfrutar de alguna de esas fórmulas que apuntaban: una refrescante y sabrosa Witbier, sin nada que envidiar a muchas cervezas que podemos encontrar en tiendas; una suave Stout, de paladar fino, acafetada e ideal para los deliciosos postres que nos zampamos; y, como no, la estrella del día: una Strong Ale conmemorativa del doble aniversario Senglaris-Caçadors, afrutadita, maltosa y con un final amargo muy agradable. Todo ello fue acompañado de una deliciosa panceta en pa amb tomàquet y un arroz de lujo al aire libre, con un delicioso sol que se había apuntado a la fiesta.


Mi conclusión, una vez más, es que no se necesita que haya buen rollo para tomar cerveza, pero como lo echaríamos en falta si no fuera así. Desde aquí, mi más sincero agradecimiento por haber contado con Mr y Mrs Birraire para un gran evento como éste.

Per molts anys, Caçadors i Senglaris! Sou molt grans.


Salut i birra!

martes, 16 de abril de 2013

De partidarios, cotidianidades y curvas S&D...

(o de porqué obsesionarse con la artesanalidad o la industrialidad de un producto carece, en mi opinión, de sentido alguno).

Hace un tiempo que hay un tema me perturba algo más de lo habitual. No es precisamente poco frecuente que me encuentro con inputs del tipo:

1. "¡¡¡Que asco de cerveza!!! ¡Cómo puede la gente beber esta mierda industrial!"
2. "Se trata de una cerveza artesanal, natural y con ingredientes premium. Esto sí es calidad."
3. "La Franziskaner* es industrial; la capacidad de producción de su fábrica es enorme".
4. "La Franziskaner* es artesana; no está filtrada".
5. ...

(* por poner una).

¿Está rica, no? ¿Por qué preocuparse más?

Creo que os hacéis un poco la idea del tema. En su momento, ya hablé de la "artesanalidad" y la "industrialidad" de las cervezas, posicionándome en contra del término cerveza artesana (e industrial) dado que en mi opinión no aporta nada bueno, y su significado es francamente impreciso. Así que evitaré repetirme en la medida de lo posible.

Se podría decir que lo que me dispongo a escribir no deja de ser una consecuencia de varios factores, entre ellos la obsesión que muchas personas siguen mostrando acerca de si una cerveza es artesana o no lo es, y de todos los comentarios, charlas, material gráfico y contenidos varios que se generan por una causa que, a mi juicio, es absurda e incluso peligrosa.

El caso es: ¿qué sentido tiene repetir y repetir lo malas y demónicas que son las cervezas "industriales"? Análogamente: ¿por qué elevar al nivel de bebida sagrada, pura e incorrupta las cervezas "artesanas"? ¿Habrá casos de todo, digo yo? Excepto en el caso de productores (y aún así me parece una práctica dudosa), no consigo ver qué impulsa a un particular a criticar ferozmente y con recurrencia una cerveza o grupo de cervezas que muy probablemente tengan un coste bajo en dinero, ya que han sido producidas de forma más barata (por economías de escala, pero también muchas veces por ingredientes y procesos).

Adicionalmente, me pregunto por qué muchas de estas mismas personas andan tan preocupadas con los adjuntos y demás ingredientes "corruptos" (esos, como el arroz, que sólo pueden utilizar fehacientemente De Molen o Mikkeller) de algunas cervezas si después puede que se coman, tan tranquilamente, pastillas de sopinstant, tomate frito de lata o yogures de grandes empresas (¡industriales!).

Por mi parte, el caldo lo preparamos en casa, así como los sofritos; y los yogures los compramos a unos lecheros del pueblo. El tiempo (y, no siempre, el dinero) que invierta de más en ello para mí lo vale; pero para mucha otra gente no. Y es totalmente comprensible y respetable que sea así. No soy mejor que nadie porque mis hábitos de consumo sean éstos y no otros (aunque mis sofritos sí son mejores, os lo aseguro).

Di que sí, campeón.
En todo lo que no es cerveza, cada cual elige los productos que presentan, entre otros aspectos, una relación calidad-precio que está dispuesto a asumir: ¿por qué con la cerveza debería ser distinto? Miremos el queso por ejemplo. Si uno va al súper y su queso ideal es El Ventero: paga su precio, se va a casa y se lo come a gusto. A otro uno, El Ventero le parece soso y homogeneizado, y prefiere comprar un queso tierno cojonudo que hace una empresa de lácteos de su comarca; pues igual: paga su precio, se va a casa y se lo come a gusto. El consumidor 2 habrá pagado más que el otro por un queso que para él tiene un valor más elevado que El Ventero por sus propiedades concretas; al consumidor 1, contrariamente, le basta con su queso de siempre, que es más asequible y que puede encontrar cómodamente en un establecimiento cercano.

En esta ficción rápida, patillera e incompletamente analizada... ¿hay alguien que sea tonto? Ambos posicionamientos ante un queso tierno son válidos, y ambos consumidores están contentos con el rendimiento que les da su marca de queso por el precio que han pagado. ¿Todo bien, no? ¿O debería el consumidor de queso de la comarca colgar fotos de como tira queso El Ventero a la basura, mientras se burla del oscurantismo del consumidor 1? ¿Que absurdidad, no? Pero, sin embargo, en el terreno de la cerveza parece que en ocasiones nos comportamos absurdamente... Serán los IBUs.

No podemos pretender que a todo el mundo le interese el queso de pequeñas empresas lácteas como para
pagar su precio más elevado, y no se debe juzgar a la gente que no lo consuma como ignorantes o paladares rasos: son sus gustos y sus preferencias. Cada cual invierte dinero en aquello que cumple con sus expectativas en función del esfuerzo que le ha costado obtenerlo. Todos tenemos, en cada producto consumible, una exigencia de calidad-precio determinada.

Después de que el SWOT triunfara
en el anterior post de opinión,
tocaba otra imagen-fantasmada.
Enlazando ésto con un post de Max Bahnson, ¿debería el precio dejar de ser un elemento para comparar cervezas? No; totalmente no. Es sin duda un factor determinante, en especial para todos aquellos que no son geeks cerveceros, que no debemos olvidar son la grandísima mayoría de consumidores. Las curvas de oferta y demanda no son sólo gráficos pintorescos para las clases de microeconomía: reflejan una realidad simplificada; un mercado, como el de la cerveza y todos los demás. No es racional argumentar que el precio no es un elemento de comparación determinante (cosa distinta es que no sea el único).

Cojamos el ejemplo de mis estimados progenitores. Sin ser propiamente birraires, hace tiempo que gustan de tener una pequeña selección de cervezas en casa, tanto para ellos como para quien les visite. Excepto en ocasiones muy especiales, compran la cerveza en el supermercado, ya que las pueden obtener en el mismo recinto donde adquieren muchos otros productos. La mayoría de ellas andan a un precio que ronda 1,30€: ideal para mis padres, que disfrutan la cerveza alemana y belga por lo general, pero que no buscan grandes extravagancias, ni están dispuestos a pagar más dinero. A ellos ya les complace su elección. No seré yo el que les haga cambiar sus preferencias, ni el que les enseñe el -presunto- "camino" a su salvación birraire.

¿Para mí? Pues obviamente lo que me cueste vs. lo que me guste es fundamental, aunque voy a valorar otros muchos aspectos. Excepto en algunas contadas ocasiones, la comodidad o facilidad de obtener una cerveza no será uno de mis factores principales. Contrariamente, el uso de ciertos ingredientes, elaboraciones de países con una tradición que admire (o que desconozca) o algunas ediciones especiales pueden hacer que mis preferencias se decidan en un punto de equilibrio distinto al de mi relación calidad-precio más rígida. Ayudar al cervecero local que se lo está currando, y por ende a la industria cervecera de aquí, puede asimismo ser importante en mi decisión.

Yo soportaré una calidad-precio inferior a mi mínimo cuando valoro otras cosas adicionales que me puede aportar un producto, y en el caso de la cerveza, porque es mi gran afición, muchas veces se trata de algo tan simple como que hay cosas que quiero probar y punto. Pero mi caso no es representativo: una parte muy importante de mi ocio es la cerveza como tal, mientras que para el 90 y largo % de los consumidores de cerveza, la bebida es un complemento dentro de sus actividades de ocio.

"Espera Birraire, más arriba has dicho que "la causa" puede ser absurda pero... ¿¿peligrosa??".

¿Son artesanas? ¿No lo son? Parecen
filtradas... mmm...
Sí; le veo muchos inconvenientes (entre ellos algunos temas más profundos que ahora no vienen al caso). Creo, por ejemplo, que toda esta causa contra las "industriales" crea una distancia y una división innecesaria entre los que son consumidores de unas cervezas de más alta gama (para decirlo de alguna manera) y los demás. Se trata de que estemos todos juntos cerveza en mano, ¿no? A su vez, hay quien se lanza a repetir dichos mensajes para aparentar sapiencia, fomentando el snobismo que tanto criticamos del mundo del vino y que se va instalando felizmente en nuestro mundo cervecero sin que casi ni nos demos cuenta, mientras todo sirve como excusa para que el precio de la cerveza vaya subiendo en algunas producciones. Está claro que a algún famoso productor le ha salido bien la jugada, en términos de márketing, de grabar vídeos y difundir imágenes de desprecio radical a cierto tipo de cervezas. Pero ¿qué carajo gana un consumidor repitiendo esta misma actitud? Ganar no sé, pero perder se me ocurren varias cosas que me voy a ahorrar.

Por si fuera poco, con toda la tontería molona de ser el que sabe más por criticar las cervezas "indignas", también se nos va inundando el panorama de gente que quiere aprovechar el tirón de la cerveza "artesana" porque al parecer "está de moda" o porque ven posibilidades de negocio, en ocasiones sin ni siquiera disfrutar de la cerveza como bebida, o saber entre nada y muy poco acerca de ella. Todo esto, a parte de ser vergonzoso, tiene el peligro de tirar por la borda el trabajo de gente que está haciendo las cosas bien: sea por generalización en la valoración de las cervezas alternativas respecto de las ""normales"", o por pura y simple falta de apreciación verdadera del producto por parte de los paladares que, en principio, han abandonado el neofitismo.

En realidad, todo es tan sencillo como que todo lo que cueste una cerveza en tiempo, dinero, desplazamientos, etc. sea una inversión razonable que permita, en última instancia, disfrutar de la birra. Conozco muchos madrilenos que disfrutan de lo lindo con su caña de Mahou. ¿Son la inmensa mayoría de los madrileños unos tarugos, a caso? ¿Llevan toda la vida haciendo el primo y vamos a tener que salvarles, nosotros, de su ignorancia? Incluso en los libros del reconocidísimo Michael Jackson se habla de cervezas que tienen la etiqueta de "industriales". Y no sólo se habla de ellas, sino que se incita a que el cervecero las pruebe también, destacando sus cualidades. Cada cerveza tiene su público y su momento.

Otro tema sería que estuviéramos como hace unos años en cuanto a oferta cervecera. Yo, por ejemplo, me quejo apasionadamente del menú que nos ofrecen a la hora de comer en mi oficina: estaría dispuesto a pagar más por una calidad mayor, y más teniendo en cuenta que esta comida es mi alimento durante los días laborables, que son 5 de 7. Pero no hay elección, y me jode enérgicamente. En cervezas, actualmente, tenemos la suerte que no tengo yo entre semana: podemos elegir de lo barato a lo caro, en función de lo que nos apetezca, y con una creciente facilidad dado que cada vez más establecimientos apuestan por tener un mínimo de oferta cervecera. Luego... ¿por qué tanta tontería?

"Me gusta"

En resumen, que no le veo sentido a los partidarismos. ¿Mi opinión? Que cuanto daño han hecho las redes sociales, que crean "fans" de todo y de nada, y que radicalizan posiciones y generan prosélitos de cosas tan cotidianas y banales como productos de consumo. Como la cerveza.

martes, 2 de abril de 2013

Barcelona Beer Festival 2013: Balance Birraire (II)

Balance como responsable de Actividades:


La organización del BBF 2012, más allá de las observaciones y críticas principales del año anterior, quería avanzar en otros flancos a fin de ofrecer un festival mucho más completo, a la altura de la ciudad de Barcelona y su realidad cervecera actual. Es por ello que contactó con algunas personas a fin de atacar una serie de áreas de mejora detectadas, entre ellas las actividades paralelas al festival.

Finiquitado mi balance por delante desde atrás me dispongo, pues, a valorar el apartado de actividades del Barcelona Beer Festival, del que he sido orgulloso responsable este año.

Respecto a la edición anterior, creo que hemos avanzado de manera notable en ofrecer un buen catálogo de actividades para todos los públicos: desde el que recién empieza a interesarse por la cerveza al cervecero hardcore. El número de actividades ha crecido en un porcentaje altísimo, ofreciendo desde charlas a talleres, pasando por encuentros y degustaciones variadas; todo ello en dos salas que, lejos de ser el espacio perfecto para realizar audiciones y catas, cumplieron con su propósito en el marco de un festival de dimensiones bíblicas.

En 2013, la asistencia en las actividades ha sido en global de un 92% de las localidades disponibles, lo cual es un motivo de satisfacción para todos. Este dato contrasta con algún feedback recibido de que gran parte de las actividades carecían de interés. No podemos olvidarnos del target de cada una de éstas, ni tampoco de lo que ya apunté en el post anterior: los geeks cerveceros somos una gran minoría del público del BBF, y aunque nuestra visibilidad pueda ser mayor que la de un neófito, no todo gira a nuestro alrededor. Si es que me cabía alguna duda en este sentido, de eso me di cuenta, especialmente, al sacar a preventa unas entradas súper jugosas (para mí, claro está) y ver que su ritmo de venta fue muy inferior al resto.

Creo, además, viendo opiniones como la de los compañeros de Cervecearte, que todo el mundo podía encontrar alguna charla o degustación a su medida. No obstante, entiendo perfectamente por donde van las opiniones que reclaman otro tipo de actividades, a priori, más interesantes; y me aseguraré de que en hipotéticas nuevas ediciones se trabaje para contentar hasta a los más exigentes.

Sala Auditori, después de un día duro.

El hecho es que, os lo creáis o no, de tiempo hemos tenido el justo. Parece una broma, y yo mismo no me lo hubiera creído en el momento que tomé, con ilusión, responsabilidades en el festival, pero no disponer de un año entero para prepararlo todo te limita. En mi caso, obviamente, a parte de tiempo seguro ha faltado experiencia también, dado que hasta la fecha no había organizado muchos bebeefes, que digamos.

Entrando más al tajo, creo que el balance de las Actividades de la segunda edición del Barcelona Beer Festival debe ser positivo, en términos generales. Salvo una lastimosa excepción, cada una de las actividades programadas salió bien, con un nivel de satisfacción notable entre los asistentes. Eso no quita de que, como todos somos humanos (e inexpertos, con sólo dos ediciones a nuestras espaldas), hubo puntos mal planeados y detalles de mejorable ejecución.

A modo de ejemplo, sabemos que no era cómodo acceder a la Sala Auditori al tener que salir fuera del recinto; pero además fallaron las indicaciones para poder entrar al no disponer de letreros, y falló también nuestra cintura al no ofrecer soluciones suficientemente sólidas a dicho problema. La actividad era tan frenética dentro que tuvimos ceguera de lo que ocurría en el exterior, aunque sí procuramos tener personas que indicaran dónde se encontraba la entrada de la Sala A. Está claro que se trata de una crítica justa y justificada.

A ser cierto, en muchos momentos el trabajo de la gente que estábamos en la organización fue más de circo que de festival, convirtiéndonos en auténticos equilibristas para tratar de que todo el mundo quedara satisfecho. Uno de los casos que más bien ejemplifica este hecho es el de los horarios de actividades: se había pedido puntualidad por correo electrónico a los asistentes; se había recordado por megafonía en varias ocasiones que era importante ser puntual; y, aun así, algunas actividades empezaban tarde a fin de encontrar el equilibrio que os comentaba. Si aplicamos la puntualidad a rajatabla, estamos premiando a los cumplidores y penalizando a los "tardones"; ¿pero, como festival, queremos penalizar a alguien? Dando un margen de cortesía, solucionamos en la mayoría de casos los posibles inconvenientes de unos y otros, exigiendo algo de flexibilidad a quien había cumplido, entendiendo que todos podemos llegar un poco tarde un día u otro.

Para nosotros, lo más fácil habría sido empezar; ya habíamos avisado. Pero para el propio ponente, empezar su charla o taller con la mitad o menos de la mitad del aforo no era precisamente atractivo. Solamente el sábado por la tarde, la cortesía se convirtió en un retraso importante. Debemos pedir disculpas por ello, pues ni el cojín horario previsto entre actividades pudo amortiguar los pequeños retrasos acumulados.

Sala de Degustacions, antes de ser desmontada.

Entrando en las críticas al contenido de las actividades, sólo una actividad dejó un mal sabor de boca a sus asistentes, y ésta fue el BeerCheese del sábado. Tenemos constancia de que no salió bien: primero porque lo vimos con nuestros propios ojos, y segundo por las observaciones recibidas en persona y digitalmente por parte de algunos asistentes. No nos queda más que expresar nuestras más sentidas disculpas a todas aquellas personas que confiaron en la actividad y que salieron de allí con la sensación de haber perdido tiempo y dinero.

No obstante, me parece justo destacar algo que no se ha dicho, y es que desde la organización hemos ofrecido a cada uno de los asistentes a dicho maridaje una compensación adecuada a fin de disculpar lo que, sin duda, fue una lamentable excepción: de los tres BeerCheese programados, uno tuvo una ejecución defectuosa. Con la experiencia de este año, espero que en el futuro, simplemente, no haya excepciones de ningún tipo.

En cuanto al Encuentro de Bloggers, en un nuevo ejercicio de flexibilidad, cambiamos el horario para poder satisfacer al máximo de gente. Este hecho se tradujo en que no hubiera más que una breve presentación de cada bloguero, intercambio informal de impresiones, cervecita (cervecitas, a decir verdad) de cortesía y listo. Para posibles nuevos encuentros, el programa previsto podrá llevarse a cabo; cabrá, por nuestra parte, coordinarnos mejor con posibles celebraciones de eventos paralelos al Barcelona Beer Festival que susciten el interés de las personas que son target específico de alguna de las actividades.

Finalmente, como ya pasó el año pasado, la Mesa Redonda tuvo también un claro punto a mejorar, y es la información respecto a la actividad. Aunque los paneles horarios y la guía lo anunciaban bien claro, parece que hay que hacer más hincapié en la celebración de este punto de encuentro para debatir todo tipo de temáticas en relación a nuestro panorama cervecero. Con la experiencia acumulada, ante posibles futuras ediciones, la actividad gozaría de una mayor difusión y mejor definición, algo que también valoramos como área de progreso. Creemos, no obstante, que se generó un diálogo sano e interesante respecto al avance del panorama cervecero durante el último año. Faltaron la mayoría de los presentes en 2012, pero también se acercó mucha gente nueva, aportando nuevos puntos de vista. En definitiva, lo dicho: el formato, gracias al feedback de esta edición, estamos seguros de que se podrá plantear de forma más original a futuro.

Asimismo, se me ha preguntado en ocasiones acerca del precio de las actividades, especialmente en el sentido del por qué algunas actividades como las charlas con cerveceros no son gratuitas. Aquí, ya me perdonaréis, no consigo ver el problema. ¿Son demasiado 3€ por asistir a una presentación de un cervecero en la que se ofrece una (o varias) birra de cortesía de las del festival al final del acto? Si el tema no es la pasta y es el conocer el origen del precio, yo os lo cuento.

Anticipámos (y correctamente, números en mano) que las actividades a coste cero se llenarían rápidamente, y muchas veces sin una intención incondicional de asistir a éstas. A la intención no-precisamente-incondicional de algunos, hay que añadirle el factor "que bien me lo estoy pasando aquí, y cuantas cervecicas ricas me quedan por probar". Con éstas y otras posibles variables en juego... ¿quién asistiría a las charlas? Tres euros aseguran más aforo de lo que pueda parecer, a un coste más que razonable por lo que se ofrece.

De verdad, que nadie se engañe y se piense que sacamos pasta de hacer actividades. Cualquier persona con un mínimo de uso de razón puede hacer cuatro numeritos en una calculadora de energía solar para ver que montar actividades es totalmente deficitario, siendo el objetivo de no perder dinero el más ambicioso de todos. Si nuestra intención fuera tener beneficios al montar charlas y degustaciones paralelas, sencillamente no las montaríamos. Y todo este curro que nos ahorramos.


Ya en modo conclusión, sólo me queda agradecer profundamente a cada uno de los ponentes y catadores su dedicación, entrega, y sapiencia, ya que al fin y al cabo son ellos los responsables últimos de que cada actividad programada saliera como se esperaba. No quisiera olvidarme, en clave de interna, de Luis y de Claude, que dieron la cara en todo momento sacando adelante un trabajo soberbio; facilitando una tranquilidad espiritual a los que, por no ser omnipresentes, no podíamos estar en cuerpo (aunque sí en mente) en todos los sitios a la vez.

En definitiva, mi balance particular apunta a que hay varios aspectos, algunos incluso de organización interna, que son claramente mejorables; no me cabe duda de ello. Con la grata experiencia de este año, espero estar a la altura si sigo viviendo el festival desde dentro en hipotéticos años posteriores.

Se me pidió, en la Mesa Redonda, si habría un balance del festival: números, impresiones globales y específicas, observaciones y críticas. Y como lo prometido es deuda, aquí habéis tenido mi parte, dividida en dos posts. Espero que os haya resultado interesante. A partir de aquí, creo que voy a cerrar el Barcelona Beer Festival de este año con una entrada de carácter más íntimo, relatando mis vivencias y sentimientos antes, durante y después del festival. Más allá de esto, voy a retomar la actividad normal del blog, que los contenidos a publicar se acumulan.

Salut i birra!