viernes, 4 de octubre de 2013

BrauKunstKeller, clasicismo y plagas...

Michelstadt descansa a unos 70 kms. al sur de Frankfurt am Main, en el land de Hesse. Se trata de una pequeña población de 16.000 habitantes, pero que ya en el año 741 aparecía documentada en escrituras. A parte de atesorar algunas construcciones góticas de gran belleza, esta municipalidad esconde una Brauerei revolucionaria dentro del concepto cervecero de su país de origen, y que pude conocer gracias a un regalo de tres cervezas de mi amigo Jordi (BeerStore Barcelona).

BrauKunstKeller nace en 2000, un año antes del cambio de siglo y de milenio, (según ellos) con el objetivo de ofrecer cerveza para esta nueva etapa vital. Fruto o no del temible efecto 2000 (¿alguien se acuerda?), su nacimiento podría considerarse una auténtica rareza en un territorio de tan larga tradición cervecera como la actual Alemania sumándole además que, en esos momentos, en Europa justo empezaban a sentirse los tambores de la supuesta craft beer revolution, con una gran mayoría de sus principales protagonistas actuales siendo, en el mejor de los casos, poco más que un proyecto de futuro.

El hecho es que Alexander Himburg y Andres Hegny, los propietarios de BKK, quisieron dotar su proyecto de ese carácter rompedor de las cervezas que habían empezado a surgir hacía ya unos años en Estados Unidos, utilizando para ello nuevos ingredientes a fin de innovar en estilos y añadir matices alternativos a la clásica oferta cervecera alemana. Su portfolio cervecero no deja lugar a dudas respecto a sus intenciones, preferencias y gustos: de las referencias fijas, pueden encontrarse hasta 3 IPAs, una Pale Ale americanizada a base de Cascade, Citra y Amarillo, y una Honey Ale basada en la receta de la cerveza de la Casa Blanca.

Por mi parte, pude probar dos de las IPAs y la Pale Ale, las impresiones sobre las cuáles os presento a continuación.


BrauKunstKeller Pale Ale

De 5,1 ABV y 44 IBUs, esta Pale Ale se presentaba cristalina en vaso, de color notablemente anaranjado y con una espuma cremosa y duradera; dejando mucho rastro. En nariz, lo primero que me llamó la atención fue la exuberancia con la que el lúpulo Citra se manifestaba, aportando toques cítricos y tropicales,  pero también ese aroma tan característico que yo siempre describo como de fresa fresca. Complementaban los matices de pomelo, naranja confitada, pino y cáscara cítrica, junto con un fondo lejano de fruto seco y mantequilla que apelaban al origen británico del estilo. Su entrada en boca fue afrutada, con un fondo pináceo y la aparición de toques acaramelados que unieron fuerzas con el carácter maltoso propio de las Isles, que ya se intuía en la fase olfactiva. Dulce y de sensación bastante amarga, su carbonatación entraba dentro de los parámetros habituales (con tendencia alta) de su estilo, y su cuerpo medio facilitaba que su bebibilidad fuera asombrosa.

Recordó mucho las deliciosas pales de The Kernel, aunque con un punto menos de esa característica suavidad que sólo los londinenses saben cómo se consigue. Cuando una cerveza se deja beber así, uno no puede esperar sino una ronda más (que en este caso, muy a mi pesar, no se dio).


BrauKunstKeller Laguna IPA

Por alguna razón desconocida, sólo atribuible a la intuición, esta IPA de 6,2 ABV era la que más atractiva me parecía de las tres botellas. Corazonadas a parte, rápidamente vi que no me defraudaría, sintiendo su perfume verde sin tan siquiera haberla vertido en la pinta nonic, que esperaba con delirio ese líquido ámbar tirando a cobre, con un punto de turbidez y una corona generosa y esponjosa de color beige, que pedía ser devorada a cucharadas. En este caso, el aroma predominante era el de Centennial, dando la impresión de que podría llegar a encontrarme conos frescos enteros de este lúpulo que, personalmente, tanto me gusta. Completaban la sensación olfactiva los toques clásicos de pomelo y pino, con recuerdos de mango maduro y una base de caramelo que le otorgaba un fantástico redondeo. Ya en boca, lucía mucho más el Cascade de inicio, y el Chinook en el retrogusto, con un final seco y pináceo que perduraba por los siglos de los siglos. Dulzona, bien amarga y, nuevamente, con una facilidad de trago memorable.

No me cabe duda de que la Laguna es de las mejores IPAs europeas que he podido probar hasta el momento. Con el permiso, nuevamente, de alguna The Kernel tomada en Animal Picar&Beer, aseguraría que es la mejor IPA al estilo americano que he bebido este año.


BrauKunstKeller Amarsi IPA

La última fue esta otra IPA, de graduación superior a la anterior (7,1 ABV) y 66 IBUs. En el vaso, aunque algo turbia, su aspecto era muy apetecible, con tonalidades color naranja claro y una gran espuma de color beige, muy sólida.  La nariz, como es debido, venía marcada por la frescor de los lúpulos utilizados, que para esta ocasión se vestían de multifrutas cítrico dejando todo tipo de aromas a naranja, cáscara o pequeños toques de lima, así como de naranja confitada en conjunción con la malta. Ya bebiendo, ese sensacional toque del Simcoe fresco recordaba un zumo de naranja recién exprimido, con un equilibrio entre su ácido y su dulzor; además, la gama de frutas ganaba en variedad, con algún toque más tropical como de piña, o un caramelo más notorio que en nariz. Siendo la de sensación más ácida, pero con un equilibrio digno de elogio, su paso por boca dejaba un final largo y bastante seco, con un agradable cuerpo medio y otro recital de dejarse beber.

Si no fuera por mi fetichismo enfermizo con el lúpulo Centennial, probablemente no habría podido decidir entre la Laguna y la Amarsi; si bien, ya os digo desde ahora, me encantaría disponer con frecuencia de ambas.  Como la anterior, sin fallos para mi gusto.


Adicionalmente a la gran oportunidad brindada por Jordi para escribir después este gran obsequio, debo reconocer que buena parte de la inspiración para redactar la presente entrada me vino después de haber leído, hace unas semanas, un post en Boak and Bailey titulado New World Hops. En él, describía sus apreciaciones sobre de la reinvención a la belga que representan la nueva serie anual de Duvel Triple Hop, y también sobre una cerveza (Braufactum Palor) que, al no partir de una base de tradición local como la Duvel, sería más comparable a las que he presentado en este post (aunque, a diferencia de las BKK, coquetea con ese peligroso término, y concepto artificial, de producto gourmet).

En mi opinión, dado lo costoso que es conseguir tener cervezas americanas con el lúpulo luciendo en todo su esplendor, a priori parece genial que salgan cerveceras en Europa como BrauKunstKeller, que ofrecen todo aquello por lo que suspiran los hopheads más verdes y exigentes. Dentro del clasicismo cervecero de Alemania, no parece descabellado que haya quien apueste por cocinar estilos cerveceros más propios de otras contradas; ¡que viva la variedad y la pluralidad de oferta! Sería, no obstante, una pena que este tipo de cervezas acabara desplazando, en este u otros países europeos, parte de la magnífica tradición cosechada a base de virtuosismo en este arte que es el cervecero.

Países como Alemania parecen, por ahora, lejos (lejísimos) de un panorama catastrófico en este sentido: no tienen ni motivos, ni indicios, para temer un cambio. Pero en relación a UK, más de una vez he leído y oído a algún miembro de CAMRA hablar sobre la plague, en referencia a las cervezas "americanizadas" (sin ir más lejos, en un tweet sobre un post que escribí hace un tiempo acerca de estas dos realidades: modernidad y tradición). Personalmente, aunque ya he dicho que defiendo la variedad de oferta, me considero bastante clásico en gustos cerveceros, y es por eso que no me gustaría nada ver como cervezas de este tipo se van ganando sitio en mercados "no propios", cual especie invasora que desdibuja la fauna autóctona de una zona boscosa. Otra cosa es que, por supuesto, sería totalmente lícito y respetable.

La otra, ya terminando de divagar, sería encontrarse con cervezas alemanas con una vuelta de tuerca al estilo de la mencionada Duvel. Desconozco si ya existen varias, y la verdad es que cuesta imaginarlo, pero sería, cuanto menos, curioso (y no sólo me refiero a lagers cargadas de lúpulo como si fueran una IPA, que de éstas ya tenemos unas cuantas por todo el globo).

Como conclusiones a nivel de las cervezas, creo que las tres referencias degustadas cumplen con creces para los gustos del público de aquí. Especialmente, creo que la Laguna IPA se erige como una seria referencia que muchos querríamos tener a mano para refrescar el paladar, o para acompañar magistralmente comidas grasientas y/o picantes; sin olvidar el joyoso néctar de frutas cítricas y tropicales de la Amarsi, ideal para cualquier hora.

En todo caso, y con unas reflexiones de bonus, espero que os hayan parecido interesantes las cervezas y la entrada.


Salut i birra!

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