jueves, 29 de noviembre de 2012

2do #FFdA - Mis cervezas... (parte 2/2)

(continuación del anterior post)

Sigamos con mi experiencia en este 2do #FFdA... Hasta el momento había podido degustar las siguientes cervezas:
  • Great Divide Chocolate Oak Aged.
  • Abbaye du Cateau Vivat Triple.
  • Dogfish Head 90 Minute Imperial IPA.


Cerveza #4 - Cantillon Vigneronne:


Después de un inicio con muy buenas sensaciones cerveceras, faltaba socializar un poco mi apuesta de cervezas. Llevo tiempo con pequeñas iniciativas evangelizadoras a fin de mostrar el camino del bien a mi familia. Creo que, especialmente, una persona concreta ha empezado a mostrar mucho más interés del que presentaba hace, tan sólo, medio año: se trata de mi suegro, un gran amante de la gastronomía en general, y que no tenía hasta hace poco una consideración justa, a mi parecer, de lo que es la cerveza.

Es por eso que, ni corto ni perezoso, me invité a comer a casa de mis padres políticos, y con más cara que espalda les puse, encima, la condición de que hubiera queso de postres. Y así fue como, después de un delicioso conejo con llenegas (un tipo de seta) nos plantamos a los requeridos postres lácteos. En este punto, destapé una cervecita para conquistar un poco más el paladar potencialmente cervecero de mi suegro: la Cantillon Vigneronne.

Como toda lámbica que pasa por mi casa, su consumo requiere que haya alguna excusa buena para abrirla. En este caso, el #FFdA y el hecho de compartirla con la familia fueron más que suficientes. No la probaba desde mi etapa vital por Bélgica, aunque ya sabía de antemano que, al menos a mí, no me iba a decepcionar (recuerdo haber proclamado, entonces, que debía tratarse de la mejor lambic del mundo). En el caso de mi suegro potencialmente-birraire, después de la sorpresa inicial ("¿esto es cerveza?"), la satisfacción fue equivalente a la perplejidad por una bebida tan curiosa y, a su vez, refinada. La acidez propia de la cerveza fue demasiado para los demás familiares presentes, sin embargo.


¿Y qué es lo que nos encontramos en la copa? Pues una cervecita turbia, de color entre dorado y ámbar, y con una espuma marchita que dejaba una fina capa blanca como recuerdo. El aroma ácido, muy clásico de la casa, con ese toque de corral característico acompañado de suaves notas a uvas moscatel, toquecitos de piel de uva, un punto cítrico y, una vez evolucionada, recuerdos a pistacho. En boca presentaba un toque meloso a uva madura y una sensación altamente ácida, con un retrogusto interesante a corcho y un puntito de madera. Una lambic afrutada de nivel, agresiva, deliciosa; aunque seguramente no la mejor para entrar en el género.

La verdad es que la Vigneronne acompañó la velada con encanto y destreza, maridando expertamente con un queso de cabra de l'Empordà que nada tiene que ver con los quesos clásicos con leche de esta clase de bóvidos, al ser muy compacto. Ya he pedido que me miren quién lo fabrica, porque es una referencia a tener en cuenta; ¡qué delicia!

Después de cinco años sin probarla, pude degustar con más bagaje la Cantillon Vigneronne, que cumplió expectativas y mostró un abanico de registros que no había podido apreciar en mi época belga. Y por lo que atañe a mi suegro, cada día ve la cerveza con menos escepticismo, reconociendo que según qué referencias le han sorprendido muy gratamente; como es el caso de la penúltima cerveza de este 2do #FFdA.



Cerveza #5 - Emelisse White Label (Jack Daniels):


Un poco después de tan buena comida, compartiendo charlas y buenos víveres en familia, tocaba ver el desenlace del mundial de F1 de este año, que prometía emociones fuertes. Con este panorama por delante, cogí mi snifter, alargué mi brazo hasta las profundidades de mi armario y saqué, de allí, una cerveza que reposaba desde hacía algo más de un año, desde que la adquiriera en la tienda cervecera que más me ha acojonado en mi vida: De Bierkoning, en Amsterdam.

Todo lo que había probado hasta el momento de la holandesa Emelisse me había dejado un gran sabor de boca; recordando con especial cariño su Black IPA de tirador en Arendsnest. Así que esta Barley Wine, envejecida en barricas de whiskey Jack Daniels, prometía no dejarme descontento.

Al verterla apareció un líquido turbio, de color cobre, con una corona de espuma muy delgada, cremosa, que dejó algo de rastro en el vaso. Desde lejos, podía oler el whiskey de Tennessee por todas partes, y al acercarme el snifter tuve un flashback que me llevó de vuelta a Mataró, a la fiesta de aniversario de Zombier. Efectivamente, la nariz me pareció muy similar a la de la maravilla que se había traído un tipo americano majísimo (Eric): la The Bruery Fruet. Con notas omnipresentes de whiskey, aparecían también toques a praliné, frutos secos, madera, vainilla, algo de chocolate, mucho alcohol y suaves toques herbales; así como frutos rojos caramelizados.


Pero en boca... ¡ay en boca! Toda esa maravilla aromática se veía perjudicada por un desequilibrio hacía el alcohol que le hacía flaco favor a tan bienoliente cervecita; el carácter del whiskey se imponía por encima de  los demás matices. El cuerpo, demasiado ligero para mi gusto, acababa de rematar una cerveza que, si bien estaba la mar de rica, habría podido ser una bestialidad. Resinosa y de final seco, dejaba buen sabor de boca; aunque no pudiera decir lo mismo del global.

Tenía buenas esperanzas con esta cerveza, si bien estaba atento ante el envejecimiento en barrica. Finalmente, las expectativas no fueron alcanzadas y se quedó en un pequeño disgusto, ya que la nariz prometía un festival a la altura de la primera cerveza de este #FFdA. Está claro que una cerveza como esta es de Fondo de Armario: por rara y por estilo. Una pena que, como es normal, no todas acaben siendo tan ricas como uno espera.


Epílogo:

Con mucha ilusión nuevamente, veo que la participación ha sido notable. Ya han aparecido casi todos los posts de resumen de la experiencia de cada uno de los participantes; así que ya hemos podido iniciar nuestra exploración cotilla de lo que ha pasado en domicilio ajeno durante la celebración del 2do #FFdA. Pero, además, ha habido también algún caso de espontáneos que se han apuntado "sobre la marcha" en las redes sociales; será interesante repasar, en el siguiente post, su particular fin de semana de "limpieza" de armario.

En consecuencia, y como ya es tradición, el próximo post será un largo pergamino que va a recoger la experiencia de cada uno de los participantes al segundo #FFdA: sean los inscritos oficiales, los que lo han hecho sobre la marcha o los que lo han hecho clandestinamente, pero que mi vigilancia va a hacer aflorar. A nivel de conclusiones y próximos pasos, auguro que habrá un post más allá.

A partir de aquí, sólo agradecer a toda la gente que ha celebrado su Finde Fondo de Armario su colaboración para construir esta pequeña fiesta cervecera bianual. Falta medio año para la primera edición de 2013, para la que tengo algunas nuevas ideas patilleras, algunas de difícil implementación, pero se hará lo mejor posible para que la iniciativa vaya evolucionando y busque la originalidad y patillidad necesarias para seguir divirtiendo y ayudando a los pobres cerveceros que, como en mi caso, tenemos una tendencia al almacenamiento y reserva de botellas que puede acabar con nuestra vida conyugal; e incluso familiar.

Hasta el próximo post. ¡Que tengáis salut i birra!

martes, 27 de noviembre de 2012

2do #FFdA - Mis cervezas... (parte 1/2)

Fin de semana muy intenso, aunque agradable; con muchas actividades y responsabilidades para sólo dos días y medio. Por suerte, había una celebración importante que no podía desatender, y que ha propiciado que me pudiera tomar el finde de manera mucho más relajada y placentera. Como gran amante de fiestas y saraos diversos, uno se sentía obligado a disfrutar de una segunda edición del Finde Fondo de Armario (#FFdA) por todo lo alto, y más recordando que en la primera ocasión me visitó uno de los antagonistas de la educativa serie de "Érase una vez el cuerpo humano".

No acababa de tener clarísimo qué iba a tomar: había algunas referencias claras, aunque alguna de ellas finalmente cayó de la convocatoria. Otras, contrariamente, se erigieron como cervezas definitivas sobre la marcha después de que, literalmente, introdujera mi cabeza hasta la parte más profunda del fondo del armario (FdA). Para los escépticos, estoy a vuestra disposición para demostraros de que mi cabezón entra allí.

El hecho es que en el post del viernes, en que di el pistoletazo de salida al 2do #FFdA, apunté que había ciertas cervezas que hacían un cameo, y que podríais encontrar en el caso de que os releyerais el post. Hubo quien apuntó alguna cerveza que había escrito de manera nominal durante el post (la WVXII), pero no se trataba de esa. La trampa estaba en seleccionar todo el texto con el cursor, y comprobar que hay ciertas iniciales al final de los primeros párrafos que dan pistas más que suficientes. Una patillada más; no tengo control.

Sin más dilación, me dispongo a repasar las cervecitas que me he apretado en este segundo Finde Fondo de Armario.


2do #FFdA - Cerveza #1:

Pues bien, a fin de cerrar bien una semana laboral en la que mi cuerpo me había manifestado de varias maneras que necesitaba un break de magnitud, pensé que lo ideal sería estrenar el 2do #FFdA en aquel gran momento del viernes en que, por fin, dejo que mi peso corporal repose en la semi-rígida estructura del trocito de sofà que tengo en régimen de propiedad; intransferible a todos los efectos. Ese buen momento cabía acompañarlo de una cerveza que ayudara a relajarme: de sorbo, no de trago; intensa, y un poco alcohólica.

Paralelamente, mi mano me transmitió que no estaba por la labor de sujetar un snifter; ni tan sólo una tulipa o cáliz. Me pedía, explícitamente, ese recipiente tan criticado por anti-estético, pero que a mí personalmente tanto me gusta: el vaso de pinta nonick. Con todo este condicionamiento, en mi Fondo de Armario sólo quedaban dos posibles referencias, una de las cuales tenía prevista para la ocasión; la otra, contrariamente, tengo intención de darle un poco más de reposo.

Así fue como fui a por una Yeti de Great Divide, esa Imperial Stout que en nuestro entorno cervecero ya hemos empezado a añorar ante el cierre de grifo a la exportación de la cervecera de Denver; aunque quedan algunas pocas referencias disponibles en ciertas tiendas, dicho sea de paso. Pero las Yeti me las he tomado a pares en más de una ocasión; ¿era la inminente escasez de esta referencia suficiente para que esta cerveza se encontrara en mi Fondo de Armario? Bien, el hecho es que mi cervecita tenía la particularidad de ser una de esas versiones especiales, concretamente la Yeti Chocolate Oak Aged (YCOA).

Pude hacerme con ella, si no recuerdo mal, un pelín antes del primer #FFdA; en marzo o abril. Entré, como de costumbre por aquel entonces, un lunes a las ocho y pico de la tarde-noche en Cervezorama (Madrid) a fin de hacer un poco de provisión cervecera para mis aventuras y desventuras madrileñas. Sorteada la columna de enmedio, mis ojos quedaron fijados en la majestuosa botella de 66cl., coronada con una "capucha" plateada, con una etiqueta de color gris muy sugerente. El precio era elevado, pero hay cervezas que merecen una inversión adicional. La YCOA demostró, durante este pasado #FFdA, que es una de ellas.


Capucha y chapa fuera. Antes de verter, Mrs. Birraire exclamó desde su también-intransferible otra mitad de sofá que podía oler la barbaridad de birra que tenía entre las manos. Si sólo destapada ya tenía un aroma tan intenso, os aseguro que no se han inventado aún palabras para describir la implacable intensidad aromática de este señor birrote una vez en el vaso.

Me llamó la atención, inicialmente, un punto muy subido de vainilla, propio de muchas cervezas envejecidas con madera roble francés (chips, en el caso de la YCOA). A continuación, lo que uno se esperaba: chocolate a tutiplén, maltas asadas y tostadas, leves notas a madera y levadura. Pero también aparecieron matices a café americano, dátiles, especias suaves, fruta caramelizada y lúpulo americano, en la distancia.

En boca era una explosión de sabor; un espectáculo de pirotecnia para las papilas gustativas. De intensidad redoblada por el alcohol y por las, ahora sí, notables notas de especias (por algún lado debía notarse la utilización de pimiento cayenne), especialmente en el retrogusto, al trago. No obstante, el final era meloso y dulce, sin picores ni estridencias; con un punto de sequedad muy bien controlado. Todo lo que contenía ese petrolífero líquido de abundante espuma mulata cabalgaba de manera acompasada y homogénea, para goce de mis sentidos. ¿Cómo una cerveza, a priori, tan extrema podía contener esa gran dosis de armonía y equilibrio?

Total, que la Yeti Chocolate Oak Aged colmó mis expectativas. Se trata de la mejor Imperial Stout americana que he tomado hasta la fecha (o, al menos, eso me parece recordar). Fue, seguramente, la mejor manera que tenía disponible para empezar este segundo #FFdA, dado el momento del día y el cansancio acumulado. Un premio excepcional; una cerveza que es una verdadera lástima no poder tomar a menudo.


2do #FFdA - Cerveza #2:

Sábado. Unas horas de descanso merecidas para separarlo de un frenético viernes. Por la mañana, paseé tranquilamente por el monte, en compañía de mi querida esposa. A continuación, nos fuimos a comprar algunos víveres y nos plantamos, de nuevo, en casa. Se acercaba el mediodía, y yo ya hacía rato que maquinaba cuál sería mi siguiente víctima ffdaera.

Decidí bajar a la bodeguita a hacer una diligente inspección. En los últimos meses, mi esfuerzo ha contribuido a reducir el número de referencias (soy un mártir), que empezaba a ser excesivo. Gracias a ello, pude llegar a observar todas las botellas sin tener que quitar capas y capas: un proceso delicado y que, por qué no confesarlo, me da un pelín de pereza. Es así como vi la que podía ser una de las cervezas más originales para sacar del Fondo de Armario (pero del fondo-fondo): la Vivat Triple de la Abbaye du Cateau.

Su nombre viene de una tradición del norte de Francia, llamada "vivat flamand". Se trata de honorar a ciertas personas en las celebraciones, especialmente bodas, cantando una canción mitad en francés mitad en latín, mientras alguien sujeta una toalla encima de la cabeza de los homenajeados y otra persona vierte champán sobre dicha toalla. Curioso; y divertido. Por su parte, las características de la cerveza apuntaban a una birra tan singular como la propia tradición: con una primera fermentación en cubas abiertas, y una refermentación en botella con un tipo distinto de levadura.

La temperatura que estos días ofrece mi bodeguita me permitió no tener que refrigerar la botella (ni ésta ni ninguna de las otras, de hecho), cosa que gracias al material del que estaba fabricada (cerámica) acentuó de principio a fin un punto natural y agradable de frescor. La condenada pesaba como una magnum, contando "sólo" con 50cl de cerveza; pero la presentación, con tapón de corcho incluído, era de lo más pintoresca y apetitosa. Algo que, por desgracia, temía no se vería traducido en el líquido fermentado que contenía.


Y me equivoqué. Justo al tirarla en una copa de cáliz empecé a darme cuenta de que esta cerveza francesa, que había adquirido en mi última escapada a Andorra (en un súper, sin más), daría más que hablar de lo que uno había estimado. De aspecto majestuoso, con sus tonos dorados intensos, su claridad y su gran espuma, suave y esponjosa, pedía a mis ojos todo el protagonismo que mis escépticas expectativas le habían quitado. Mientras la retrataba, empezó a desprender un aroma delicioso, clásico de Tripel belga, con notas de lúpulo aromáticas, un grado de alcohol notorio pero bien integrado y especias. Al acercar la nariz, pude oler naranja, levadura y, levemente, caramelo.

En boca, la Vivat, siguió mostrando sus encantos con una entrada frutal delicada, y un final muy bien balanceado, algo alcohólico, especiado y con un original retrogusto a uva moscatel, que me sorprendió a la par que me obsequió con un gran momento organoléptico. Dulce, moderadamente amarga y con un punto de acidez, en el paladar se desenvolvía con soltura, siendo su cuerpo generoso y agradable. Equilibradísima y sabrosa; una cerveza a medio camino entre una Tripel y una Bière de Garde, que era para sacarse el sombrero. Recordaba, relativamente, a una versión especiada de la Duvel.

En definitiva, que por lo que me costó (recuerdo unos 2,5€, aproximadamente) en mi próxima visita al País dels Pirineus me bajo unas cuantas fijo. Recomiendo esta singular cerveza a quien pueda hacerse con ella, pues alegra el paladar y ofrece nuevas sensaciones respecto a otras referencias que, a priori, son similares.

Destacar que pude acompañarla, a modo de aperitivo, de un delicioso bull blanc (un embutido catalán que agota calificativos positivos en Can Birraire) hecho en mi pueblo; y la combinación fue más que placentera para mi cuerpo, en aquellas gloriosas horas de sábado.


2do #FFdA - Cerveza #3:


El listón había quedado muy arriba. Llevaba dos cervezas en el global del evento, y la que en aquellos momentos sospechaba que marcaría el ecuador de mi #FFdA tenía todos los números para dejar el pabellón por todo lo alto también. De hecho, hacía ya mucho tiempo que me guiñaba el ojito desde que la adquiriera de un amiguete que se trajo una cajita entera de Estados Unidos.

Hasta la fecha, se me habían resistido las cervezas de Sam Calagione, cervecero de la Dogfish Head Brewery. Sólo había tenido oportunidad de probar una rica colaboración con Birra del Borgo, la My Antonia (una Imperial Lager lupulizada hasta la saciedad). Pero cuando me hice con la 90 Minute Imperial IPA (90MII) sabía que estaba invirtiendo en felicidad futura, ya que suponía que todo el reconocimiento con el que cuenta el mediático cervecero de Discovery Channel y su imponente gama de peces gato no eran en vano. Y, a diferencia de mi juicio anterior, esta vez no me equivocaba.

La cervecera de Milton (Delaware) es conocida por sus cervezas extremas y rompedoras, con recetas desafiantes e ingredientes poco convencionales. De sus 8 referencias fijas, la 90MII es quizás la más popular y reconocida. De hecho, fue esta cerveza la que introdujo el concepto de continuous-hopping (lupulización continuada), a partir del cual nacieron también su hermana pequeña 60 Minute IPA, y otras referencias ocasionales como la 75 Minute IPA (un blend de la 60M y la 90M añejadas) o la 120 Minute IPA.

En definitiva, que me dispuse a atacar esta esperada cerveza de 9,0 ABV y 90 IBUs, que cuenta con un tapón corona muy atractivo, dicho sea de paso. De nuevo, como con la primera cerveza del Finde FdA, desde la misma botella salía un aroma que no entendía el término moderación, con una ráfaga de lúpulo americano que amenazaba con empañar los cristales de las ventanas. Y una vez vertida en mi querida pinta Nonick, oh my god, Sam, empecé a pensar que sólo un loco podía haber ideado una IPA de estas características: de intensidad descomunal, gracias en parte a la presencia alcohólica, con evidentes notas a pino y pomelo, pero también a manzana, naranja caramelizada y bizcocho. Suaves toques a pera y uva completaban una nariz que no dejaba las cosas al azar.


Aposté por probarla, y después de varios sorbos vi que la cerveza estaba rozando aquello que, interiormente, entiendo como perfección cervecera... ¡pero no llegaba! Será el viaje, mi botella o mis gustos en conjunción a la alineación astral y otras circunstancias cósmicas, pero si bien la 90MII me pareció soberbia, personalmente habría agradecido un mayor equilibrio de sus matices alcohólicos en boca. Repito: me encantó. No quiero parecer un snob criticando cervezas reputadas; lo soy por muchos otros motivos, pero no por este. Tiene casi mención máxima en mis notas personales, ¿os vale ahora? Si no puedo convenceros ni así, no sé que más contaros.

Bueno sí, que la 90MII se reveló como una sólida IPA doble americana, y que dejó el nivel cervecero, si cabe, más alto de lo que iba siendo hasta esa tarde de sábado; a la mitad del #FFdA. Acompañó, además, la sesión clasificatoria del GP de Interlagos de Fórmula 1 de manera magistral, con su lúpulo e intensidad añadiendo emoción al evento deportivo.

Mis expectativas eran altas, y si bien la cerveza me ha dejado una muy grata impresión, es cierto que esperaba algo a la altura de alguna Alesmith o Stone que he podido probar. Más tarde, con mi Nonick ya limpia para futuras consumiciones, leí que se aconsejaba tomar esta cerveza en un Snifter. Una vez degustada, pienso que probablemente le sería favorable. No obstante, dentro de las IPAs americanas alcoholizadas que he probado, dudo que ni así hubiese entrado a estar entre mis más-favoritas.


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Y como, después de una vuelta vacacional moderada, me estoy excediendo nuevamente a la hora de escribir, las dos cervecitas que faltan para completar mi 2do #FFdA vendrán pasado mañana en un segundo post de resumen personal. Espero que os queden ganas de más, después de la que os he soltado hoy...

El resumen global del #FFdA vendrá a principios de la semana que viene.

Salut i birra!


viernes, 23 de noviembre de 2012

2do #FFdA - Pistoletazo...

póntela; pónsela...
Ya ha llegado. 23 de noviembre de 2012. Falta menos de un mes para que se acabe el mundo, según los mayas; y muy pocas horas para que la mayoría de participantes del 2do #FFdA empiecen su fin de semana, y por ende puedan sacar ya aquellas botellas de cerveza que hacía tanto que no veían la luz, que salen del fondo del armario con los ojos pequeños, protegiéndose del deslumbramiento que indica el fin de su existencia tal como la conocían hasta esta nueva edición de la gran patillada digital que es el Finde Fondo de Armario. Y 9

A diferencia del pistoletazo de la primera edición, como estoy escribiendo sin acceso a mi bodeguita, no puedo hacerle una foto pixelada a las candidatas a fin de que Patricia y Alberto me las acierten a la primera, sin bajarse del caballo. Así que las botellas que me voy a tomar en este nuevo #FFdA van a ser sorpresa**. En todo caso, durante el F (finde) iré revelando las birras y colgando mis impresiones en Twitter, bajo el fácilmente predecible hashtag de #FFdAE 0

De hecho, si tengo que decir la verdad, aún no he decidido todas las cervezas que voy a tomar. Esta iniciativa, como bien sabéis y ya indiqué en su momento, es ante todo un ejercicio de responsabilidad cervecera. Hay que beber de manera responsable: excepto cervezas que estén envejeciendo de manera oficial y oficiosa, no dejemos que se nos generen vintages de, por ejemplo, IPAs de 6 gradillos. No le demos a una buena pilsener alemana la oportunidad de que se muera de aburrimiento esperando su turno. Etc. etc. T M

Adicionalmente, tenemos la parte de voyeurismo pasivo. A todos nos gusta enseñar; especialmente cuando te la sacas (la cervecita), más que del fondo del armario, del más allá. Para todo esto, para comentar, tomar nota, compartir y pasarlo bien; para esto sirven estas malditas siglas de #FFdA. I I

Así como en la pasada edición, no voy a establecer ninguna norma. Podéis hacer lo que os pase por el forro de la boina: libre formato, libre expresión, libre elección. Podéis tomar la birra en chándal, en buzo, en batamanta o en bolas haciendo el pino-puente. Se puede verter el líquido en vaso, copa, jarra o en un cucharón. Incluso puede optarse por cortarse las uñas de los pieses durante el proceso. Pero el único límite, lo siento, es que no se puede estar escuchando David Bisbal en el momento de sacar la chapa (si la cerveza es en lata, adelante con vuestra tortura). C P

Pero para aquellos que necesitáis que se os diga todo, corderitos míos, voy a copiar y pegar (sin pudor; total en su momento ya lo escribí yo) las pautas orientativas de la pasada edición: H A


PAUTAS ORIENTATIVAS:


Este logo, con los años, será
vintage. Y valdrá pasta.

Siendo muy poco amante de reglas y formalidades, no voy a organizar un evento lleno de rectitudes y normativas. Sería absurdo: tanto el evento como yo mismo. Es por eso que prefiero hablar de pautas. Además, ¿quién soy yo para dictar qué tenéis que publicar exactamente en vuestros blogs o páginas?

La idea es muy sencilla: degustar buenas birras, tomar nota mental o escrita de ellas, y publicar una entrada, comentario o referencia a dicha experiencia (y al #FFdA para que se pueda identificar; quien quiera puede utilizar la imagen). A partir de aquí, la originalidad de cada uno en las fotos o contenidos del texto será la nota diferencial en cada caso. No obstante, yo personalmente tengo algunas ideas de qué voy a publicar y que os detallo a continuación:
  • ¿Por qué esta birra estaba en el Fondo de Armario (si es que estaba)?
  • ¿Por qué ha sido elegida?
  • Nota de cata.
  • ¿Ha sido una elección acertada? ¿Cumple expectativas?
  • Preferencias entre las escogidas.
  • Fotos de la experiencia.
  • Comentarios adicionales (compartidas con alguien, circunstancias en que se ha bebido la cerveza, etc.).

A los faltos de ideas o referencias, podéis repasar el extensivo resumen que me curré el año pasado, donde podéis ver cómo fue todo de forma general (y de forma concreta si pincháis en cada uno de los links individuales de cada participante).


BIRRAIRES PARTICIPANTES:

A continuación, os presento los valientes y audaces cerveceros que participan en esta nueva edición del #FFdA, así como un link al medio que utilizarán para publicar su experiencia:

1. Joan (vía Birraire.com).
2. BBF Crew (vía Barcelona Beer Festival).
3. Pau (vía Lúpuloadicto).
4. Jorge (vía Cerveriana).
5. Dámaso (vía Damcu).
6. Rodrigo Barón (vía El Jardín del Lúpulo).
7. Débora y David (vía Observatorio Cervecero).
8. Catascerveceras (vía Catas Cerveceras).
9. Mireia y Andrés (vía Cervecearte.com).
10. HdC (vía Hablemos de Cerveza).
11. Patricia y Alberto (vía El Gato que Bebía Cerveza).
12. Álvaro (vía Petróleos Blog).
13. Embracing Darkness (vía Hipos Urinatum).
14. JAB (vía Cerveteca de JAB).
15. Diego (vía Una Cerveza al Día).
16. Txema (vía Y creo que he bebido).
17. Manuel Jim. (vía comentarios en Birraire.com).
18. Javi Calonge (vía comentarios en Birraire.com).
19. David (vía Homo Lupulus).
20. Fran (vía Oh Cerveza).
21. Carlos (vía Cerevision).
22. Cobayahumano (vía Cobaya Humano).
23. José Teddy (vía Rubias, Morenas, Negras...).
24. Raúl (vía In Birra Veritas).

Nuevamente, no soy una persona intransigente: si te has despistado y quieres estar en la lista, te apuntas y me como la palabra "definitiva" maridada con una Barley Wine; si quieres participar pero no estar en la lista eres un poco rarillo, pero adelante también, caso que yo llegue a saber que has celebrado un #FFdA y pueda escribir algo al respecto; si no te inscribes, no me dices nada al respecto y lo celebras en privado, puede que llegue a investigar si se ha dado el caso. Nadie dijo que fuera fácil ser flexible.


PATILLADA ADICIONAL:

(necesitaba poner una foto, y no
había más candidatas)
Después de casi 2 años de dar la lata digitalmente, muchos sabéis de mi fetichismo por las patilladas. Consecuentemente, me gustaría hacer un llamamiento a los participantes (ffdaeros) y no participantes (gentemenospreciable) para hacer un poco de ambientillo "de viernes de #FFdA" (y, por qué no, durante toda la celebración, a través de Twitter).

¿Qué cervezas creéis que no faltarán? ¿Aparecerá alguna Westvleteren XII? La otra vez, con la proximidad de la entrega de los packs, parecía impensable que no estuviera. ¿Y ahora? O otro tipo de apuestas: "no habrá saisons". Difícil, porque participa Raúl; pero quién sabe. O: "Más de la mitad serán yankees"; "Todas serán británicas"; etc.

Mojaros, a ver quién acierta; seguro que alguien da más en el blanco que el pavo ese de las melenas y los pendientes que sale con el tarot por la tele. Llamaría porra a esta mini-iniciativa para calentar motores, pero no hay nada a ganar, más que algún piropo y el reconocimiento de los no envidiosos... En fin, es sólo para hacer alguna chorrada extra.

Yo, a fin de dar ejemplo, dejo cuatro apuestas personales, con distintos grados de dificultad (y ahora todo el mundo beberá en sentido contrario para jorobarme; panda de aguafiestas):

1. Por nacionalidades, habrá más estadounidenses que mejicanas (sí claro, así también juego yo).
2. Al menos, cinco añejadas en barrica (bueeeno... quizás).
3. Ni más ni menos: una Westvleteren XII (mojándome).
4. Al menos, cinco Milds (¡ya me gustaría!).

Y con esto y un bizcocho... Creo que no me dejo nada. Sólo desearos que lo paséis bien con la celebración, que toméis mucha buena cerveza (moderadamente) y que no rompáis ninguna botella, como algún que otro individuo ya hizo la pasada vez.

Así que ya sabéis, a partir de YA: ¡póntela, pónsela! ¡Arranca el 2do #FFdA! Feliz F.

Salut i birra!



PS: ¿Nadie se ha preguntado nunca qué cerveza es la anónima del logo?

** Realmente, si releéis bien el texto de este post, puede que os deis cuenta de que alguna de las candidatas hace un cameo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cerveza en Canadá (IV) - Kingston Brewing Company

Sigamos con la ruta de brewpubs más-o-menos-improvisada que nos marcamos en nuestro viaje por Ontario y Quebec. Después de pasar tres días alojados en Toronto, empezaba la racha de no pasar más de dos noches en el mismo sitio, y que duraría ya hasta el final de nuestra aventura por tierras canadienses.

El cuarto día tenía un objetivo básico: cubrir los cerca de 500kms que separan la ciudad con más población del país (Toronto) de la capital (Ottawa). Pero pegarse de golpe ese puñado de quilómetros no parecía la mejor manera de pasar un día de vacaciones, así que habíamos trazado de antemano algunas paradas estratégicas con cierto interés paisajístico o cultural.

Thousand Islands era nuestro destino natural para justo después de comer, pero antes pasamos por la población de Kingston: una ciudad que parece más pequeña de lo que es, y que por un corto periodo de tiempo fue la primera capital de la Provincia de Canadá (simplificando, Ontario + Quebec) en la época colonial británica.

Después de visitar el City Hall, que en su momento fue el primer Parlamento constituido en el territorio que en el futuro se convertiría en Canadá tal como lo conocemos hoy en día, tocaba una avituallamiento sólido y líquido en la que, para nosotros, fue la mayor atracción de la ciudad: la Kingston Brewing Company.


Kingston Brewing Company (KBC)

Al plantarnos delante, lo primero que vimos fue la llamativa furgoneta roja de la microcervecera ontariense, que estaba aparcada a unos metros de la entrada, y que nos informaba de que nos encontrábamos en casa de la Dragon's Breath Ale (Ale Aliento de Dragón), la cerveza más reputada de la KBC.


La fachada del local nos gustó mucho: florecida, con banderas canadienses, un bonito porche cubierto con toldo y mesitas para aprovechar el buen tiempo. El edificio, del siglo XIX, había sido antiguamente una oficina de correos, y conserva las bóvedas originales. Apetecía entrar dentro, y más porque ya habíamos podido fisgonear un poco por internet acerca de este colorido brewpub.

Al entrar, a parte de detectar varias zonas distintas de mesas y una barra a lo lejos, nos inundó la vista el montón de detalles y detallitos que decoraban paredes y techo: un montón de objetos de breweriana en perfecto estado de conservación; todo apretado pero bien colocado, y repartido con gusto. Asimismo, podían distinguirse algunos cuadros, manteles o objetos variados con el simpático y famoso dragón del aliento tomándose birra.


La amable camarera nos sentó en una mesa y nos trajo las cartas; muy cachondas, por cierto: llenas de dibujitos, chistecillos y frases para animar a los clientes a leerla entera. Después de disfrutar de estos pequeños detalles, que nosotros apreciamos un montón, pedimos nuestros víveres: otra hamburguesa para mí; un bocadillo de carne para Mrs. Birraire. Cerveceramente, yo por supuesto aposté por la Dragon's Breath Ale; aunque había dos variantes: una de producida en la conocida Brasserie McAuslan de Montreal (básicamente, para satisfacer la demanda) y otra, en versión cask, producida en las mismas instalaciones de la KBC. Pensé que un buen ejercicio sería probarlas las dos y comparar; y así lo hice, empezando por la de McAuslan. Por su parte, mi estimada esposa escogió la Framboise Royal, una lager con frambuesa refrescante y agradable; algo jarabosa de nariz, y en menor parte en boca. Con poca historia, pero muy fácilmente bebible.

Las Dragon's Breath (Pale) Ale acompañaron de manera muy digna la deliciosa hamburguesa que me había pedido junto a una Caesar's Salad. Sin duda, la comida en la Kingston tenía un punto más casero que, anteriormente, en la Mill Street Brewery y la Granite Brewery. La carne tenía un sabor más intenso; el pan era tierno y esponjoso; la ensalada, una Caesar por encima de la media. ¿Y las birras?

Pues la versión McAuslan y la Cask fueron, para mi gusto, dignas rivales la una de la otra; aunque su aspecto era mejorable, podría decantarme por poco por la primera. Ambas presentaban notas de melocotón y, en menor medida, de naranja y, quizás de mango; con una base maltosa y toques herbáceos. En nariz, la versión cask era más intensa y fresca, pero en boca la "contracted" (como ellos la llamaban) ganaba enteros, con un perfil bien definido de fruta y una lupulización con ciertos matices europeos que presentaba un equilibrio mayor al de su prima-hermana. La Cask era de carbonatación muy plana; la McAuslan de burbuja fina, ni viva ni apagada, ideal para la hamburguesa con su carácter resinoso.


El ambiente era relajado, tranquilo; agradable. La Real Ale me la tomé muy a gusto, en este contexto, mientras acabábamos de repasar los próximos pasos a seguir con Mrs. Birraire. Antes de irnos, hice un tour por las instalaciones, a fin de observar todos los detalles posibles. La lástima es que no pude acceder ni a la zona de maquinaria ni al patio interior que, según había leído, era delicioso para tomar unas cuantas en verano. Sin duda, cualquiera de las dos que escogí aquel día habrían dado para una buena sesión al aire libre; pero nos quedaba viaje por delante, y procedimos a pagar (una cantidad razonable de dinero) y retomar nuestra ruta.

Y así nos despedimos de la cerveza en Ontario. Quebec nos deparaba nuevas y gratas sorpresas.

Salut i birra!



P.S. En una de las imágenes interiores, se puede apreciar un detalle que me hizo recordar, como si fuera necesario, que al cabo de tres semanas estaría "bañándome" en cerveza en un festival CAMRA concreto...

lunes, 19 de noviembre de 2012

GastroBirraire #2 - Revoltillo de setas con Bitter

Segundo post de la nueva sección GastroBirraire, en la que gracias al arte culinario de Mrs. Birraire podemos explorar la vertiente más gastronómica que tiene la cerveza.

Para empezar la semana con algo más que comida, os voy a contar una buena y sana afición que tenemos en Can Birraire, y que nos permite disfrutar de grandes momentos en naturaleza, pero también en la mesa. Si unes mi preferencia por un tipo de vida contemplativo y mi gusto por el excursionismo y la montaña, puede entenderse mi pasión por una tradición familiar de la que me siento afortunado de ser un gran continuador: els bolets (las setas).

En plena temporada de setas (muy buena este año, por cierto) he podido pasar grandes ratos en el bosque: unos sólo; otros, bien acompañado de familia y/o amigos. Hasta ahora, el balance está siendo francamente positivo, con una relación horas/setas muy favorable. A parte del placer y relajación que uno siente cuando va caminando solo por bosques, especialmente, de pino, se une la alegría de ir encontrando una buena variedad de setas, algunas de las cuales han resultado alcanzar este año unos niveles de sabor como hacía años que no conseguía.
Doble placer...
Justo anteayer, después de comprobar que nuestras reservas de rovellons* eran suficientes, nos fijamos como objetivo ir a por dos tipos más de setas: fredolics (tricholoma terreum, o negrilla) y camagrocs (cantharellus lutescens). Nuestra intención era cocinar un platillo que había llamado nuestra atención mientras leíamos el último número de la fantástica revista Cuina, de la que somos entusiastas seguidores y suscriptores. Os detallo, a continuación, la receta:


Ingredientes para 4 personas:
  • 4 huevos.
  • 500g de setas de temporada variadas.
  • ½ cebolla.
  • 1 grano de ajo.
  • 50ml de caldo de carne.
  • 1 cucharada de perejil picado.
  • Aceite de oliva virgen.
  • Sal y pimienta.
En nuestro caso, no utilizamos ajo. Contrariamente, añadimos 3 trozos de tocino.

Las setas utilizadas fueron de cuatro tipos: rovelló d'obaga (lactarius deliciosus, o níscalo; de láminas naranja), rovelló esclata-sang (lactarius sanguifluus; otro tipo de níscalo, de láminas rojizas), fredolics (tricholoma terreum, o negrilla) y camagrocs (cantharellus lutescens).



Preparación:
  1. Limpiar las setas y cortarlas a trocitos.
  2. Cortar el tocino a dados y freírlo en una cazuela con aceite de oliva. Cuando esté cocido, retirarlo y reservarlo.
  3. Picar (el ajo y) la cebolla y sofreír en la misma cazuela que el tocino.
  4. Cuando la cebolla esté doradita, añadir las setas. Cocer durante un rato, hasta que las setas estén en su punto.
  5. A continuación, añadir los trocitos de tocino y el caldo de carne. Salpimentar y dejar cocer unos 10 minutos. Al final, darle un toque con el perejil picado.
  6. Repartir el salteado de setas en cazoletas. Tirar un huevo encima.
  7. Hornear a unos 180ºC hasta que la clara del huevo cuaje. Servir inmediatamente.

Si aún no habéis cerrado y, de un arrebato, habéis vaciado la nevera, echad un ojo a la siguiente foto:


Para acompañar este sabroso entrante, tuve muchas dudas. Después de varias consultas a mi bodeguita, ninguna cerveza acababa de convencerme. Me habría gustado una cerveza de carácter maltoso, pero con una incidencia notable de lúpulo, con una carbonatación fina pero no plana, a fin de limpiar bien las grasas del platillo. Me venían a la cabeza algunas bitter probadas en el Swansea Bay Beer Festival, de perfil muy británico pero con un lúpulo más atrevido que los clásicos East Kent Goldings o Fuggles. Pero no tenía ninguna; ni tampoco tenía bocks o doppelbocks, que también se me antojaban como buenas para maridar. Ante esto, aposté por una bitter que más que atrevida respecto a sus origenes, reniega bastante; como la mayoría de bitters no producidas en el Reino Unido. Tenía dos botellitas de Amerikaans, y después de mucho debate interno fueron las elegidas.

Este plato de temporada tiene el inconveniente de que, si no eres boletaire, las setas son francamente caras. En nuestro caso, tuvimos la suerte de ir a por ellas: disfrutas y ahorras. Es difícil detallaros lo muy sabroso que resultó ser: combinación perfecta de setas junto al resto de ingredientes, todos de buena procedencia. La cebolla, de cultivo ecológico de mi pueblo; tocino y huevos de una granja de la comarca; y caldo casero. Así como en temáticas cerveceras, en casa somos muy partidarios del producto de proximidad, y de comprar los alimentos a aquellas personas que conocemos, evitando las grandes superficies si cabe la posibilidad.

"Sí sí, tanta proximidad, pero tomaste una birra holandesa". Pues sí; no tenía alternativa; no pude hacerme con ninguna cervecita para maridar con el revuelto y tiré de bodeguita. Lo siento.

Pero no creo que se pueda poner en duda la calidad de las De Molen. Este cerveza cumplió sobradamente con los estándares de calidad que requería el revoltillo de setas. Estuvo a la altura en su tarea "limpiadora" de grasas, también. Pinchó, si bien ya podía anticiparlo, en la intensidad de su perfil maltoso, que era notorio pero no suficiente.

Las suaves notas herbáceas acompañaron bien el carácter terroso de las setas; mientras que el punto cítrico del lúpulo Amarillo aportaba frescor a un plato claramente cálido. No fue el maridaje perfecto, pero la Amerikaans no fue una mala compañera.

¿Hace falta la clásica frase de que os recomiendo que os animéis a probar la receta? Estaba delicioso; ¿necesitáis más argumentos?



* Reservas de rovellons: cuando después de una

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cerveza en Canadá (III) - Granite Brewery

Siguiendo con el día del anterior post sobre Canadá, después de la muy buena experiencia en la Mill Street Brewery nos tocaba una tarde de andar bastante. La última parada de la tarde era la Steam Whistle Brewery: cervecera que elabora una sola referencia; una de las que más fácilmente se puede encontrar en bares y restaurantes. Por desgracia, la hora de cerrar del sitio no se ajustaba a nuestros horarios. Una pena, pues aunque no entraba dentro de mis prioridades parece ser que por dentro es curiosa y muy arreglada (aunque su cerveza no es nada del otro mundo). A modo de observación breve, siendo una lager pálida y dada su extendida disponibilidad, la botella verde y todo el buen márketing que tiene detrás, la Steam Whistle se me representó como la Heineken del país de la hoja de arce. Pero centrémonos en lo que toca.


Granite Brewery (GB):

El mismo día por la noche, después de tres días enteros de no parar ni un minuto, llegamos exhaustos al hotel. Desde allí, después de descansar un rato, cogimos el coche por la quilométrica Yonge Street (certificada, en su momento, como la calle más larga del mundo; con permiso de la calle Covadonga de Sabadell, dicho sea de paso**) a fin de no dejar pasar la oportunidad de visitar otro brewpub.

En este caso, Mrs. Birraire había hecho los deberes antes de irnos de casa, y había encontrado esta brewery "perdida" en un punto cero turístico a lo largo de la susodicha Yonge Street. Con esta muestra de amor por parte de mi querida cónyuge, buscando premeditadamente el goce y disfrute de su marido, uno no podía sino ir a cenar a tal sitio sin rechistar.

Así que marchamos para allá. Aparcamos muy cerquita, en la calle, sin problemas para aparcar ni dar una sola vuelta a la manzana. Nos acercamos al local, que contaba con una terracita, una tienda propia (cerrada a aquellas horas) en el local colindante y un cartel lumínico muy llamativo para todo el conjunto, que contrastaba con un interior de luz atenuada, que invitaba a entrar.

Una vez dentro, registré varios monitores de televisión, una larga barra con 10 grifos, muchas mesas en distintos ambientes y poca gente. La sensación fue de que en partidos de hockey hielo éste debía ser el pub de elección de muchos torontenses (o como se les llame a los naturales de Toronto en la lengua de Cervantes), con mucha cerveza propia y un mobiliario cálido y agradable. Después de ponderar nuestras posibilidades, no hubo ninguna duda de que debíamos sentarnos en el agradable "comedor-biblioteca", del que os adjunto esta foto de abajo.


Nos acomodamos y, enseguida, nos vino un camarero para entregarnos las cartas: una de comida y la otra de bebida (especialmente cerveza) y postres. A diferencia de la comida de hacía unas horas en la Mill Street Brewery, esta vez sí pedí una ensalada, pues mi cuerpo no consentía la ingesta de más de una hamburguesa diaria, por rica que estuviera. Fue, de esta manera, que nos pedimos sendas ensaladas, acompañadas cada una, por supuesto, de una cervecita de la Granite Brewery.

Mrs. Birraire optó por la Granite Hazy Daze, una cerveza de trigo más o menos al estilo alemán; de carácter notablemente dulzón, con notas típicas del estilo y un curioso toque de frutos secos. Sabrosa y refrescante, aunque para mi gusto un tanto desequilibrada. Mucho mejor fue mi Granite Hopping Mad, una IPA de lúpulo Cascade bastante esplendorosa, con un toque muy original dado por un dry hop de East Kent Goldings, que rompía con gracia con su marcado acento británico. De mejor nariz que boca, y algo falta de presencia, fue una elección muy sólida, y genial acompañante de mi ensalada griega.


Sin hambre para más, tocaba probar alguna cervecita adicional. Mirando y remirando la carta, decidí atacar una de las seasonals de la Granite. No todos los días uno puede tomarse una Mild de barril (ni de botella, pero vamos), y menos en Ontario; así que le di una oportunidad a esta birra. Resultó ser una cerveza de perfil bastante afrutado, con uva y fruta en almíbar, y sus notas correspondientes de malta asada y un toquecillo ahumado sorprendente y agradable. El carácter inconfundiblemente británico del estilo venía dado por ciertos matices a frutos secos en el trago, y una sensación floral general. Si en algo fallaba esta cerveza era en paladar: previsiblemente poco carbonatada, la cual cosa es genial, se mostraba sin embargo algo aguada y falta de solidez. No obstante, encontrarme una Mild así fuera de mis admiradas islas británicas fue una muy agradable sorpresa.



Mientras tomaba esta rica cerveza, planificamos nuestro siguiente día, con parada especial en una población concreta para visitar su único brewpub. La valoración global de la Granite Brewery fue buena: comida y cerveza correcta, a precios correctos, en un local muy-muy agradable con un servicio atento. Me quedo, especialmente, con el ambiente tranquilo (en un día de verano, sin partido, claro) y acogedor, de los que pide a susurros que saques una obra clásica de literatura anglosajona para leerte unas cuantas páginas mientras observas cada rincón del local, dando sorbos a una buena cervecita.

Sin duda, la Mill Street Brewery había marcado un precedente muy temprano y difícil de superar; y de hecho, su sombra pesaría sobre la de la mayoría de los brewpubs visitados, siendo casi siempre un punto de referencia y comparación en la evaluación de los demás. Pero la GB tuvo también su papel dentro del viaje, y fue una interesante visita que no dudaríamos en repetir (siempre es mucho más interesante adentrarse en cualquier muestra de cultura local, como un brewpub, que en una cadena de fast food; ¿o no?).



P.S. Si no lo digo exploto: los locales con tableros de ajedrez en alguna de sus mesas ganan muchos enteros para un buen aficionado a este fino deporte mental como soy yo.

** Lo de la calle de Sabadell es una broma local, no me hagáis caso.

viernes, 9 de noviembre de 2012

2do #FFdA...

Post número 200. ¿Qué mejor, para celebrarlo, que anunciar la segunda edición de la patillada más grande que se me ha pasado por la cabeza este año? Pues venga, allá vamos: ¡empieza la cuenta atrás para el segundo Finde Fondo de Armario (#FFdA)! (La almohadilla es para parecer modernillo... y pal Twitter).

Contra todos mis pronósticos, la primera convocatoria de esta iniciativa colaborativa tuvo una cálida bienvenida y general aceptación entre los cerveceros que nos movemos por estos mundos digitales; y de acuerdo al criterio casi-unánime de los participantes, acordamos que el #FFdA era una experiencia a repetir semestralmente. Y sí: ya hace medio año desde la primera parte de esta movida. Como pasa el tiempo.

Así que nada, con la misma filosofía que la anterior vez, hago otro llamamiento público a todo el mundo que tenga blog, Facebook, Twitter, Google Plus o lo que sea para que participe en este 2do FFdA. Para que no haya líos innecesarios para la convocatoria, voy a pecar nuevamente de autócrata: el #FFdA concreto será el del viernes 23 al domingo 25 de noviembre.

Recordar a despistados, y anunciar a potenciales nuevos participantes, que el Finde Fondo de Armario se ideó con la intenció de crear una excusa de suficiente magnitud como para sacar aquellas cervezas maravillosas que tenemos todos en el fondo del armario (FdA) y que guardamos para ocasiones especiales. Dado que estas eventualidades no siempre se dan, o que nos olvidamos de que guardábamos no se qué botella, o que justo el día especial en el que querías celebrar lo que fuera te vas a cenar fuera y acabas tomando vino (error), o quizás no fuiste capaz de prever que el día de tu cumple no te apetecería beber una Porter añejada en barricas de la bodega de un barco pirata capitaneado por un tipo que viste una batamanta... o que... bueno, creo que ha quedado clara la idea, ¿no?; que a veces se nos quedan botellas, y que el #FFdA no deja de ser una excusa para pimplárnoslas.

¿Y qué gracia tiene? Yo a veces no consigo verla, sinceramente. Pero en la pasada edición engañé a más de 20 personas para que participaran y comentaran su experiencia: qué birrotes se habían sacado, qué les habían parecido, expectativas vs sensaciones, etc. Al menos, pasar el rato lo pasamos; a la par que comprobamos que hay quien almacena cosas (a) raras, (b) muy raras, (c) soberbias o (d) todas las anteriores. También hubo fotitos, historias personales, creación de un nuevo blog y, para mí lo más importante, una gran interacción entre blogueros y otros cerveceros digitales, muchos de los cuales empezamos a leernos por haber "coincidido" en esta especie de quedada virtual, en la que cada uno se lleva su comida y, especialmente, su bebida.

Pues queda dicho. Los viernes consiguientes voy a postear alguna cosilla más acerca de este 2do #FFdA. Espero que os animéis a participar tanta o más gente que la primera vez. Para apuntarse a la iniciativa, basta con dejar un comentario en este post, o un privado en mi cuenta de Facebook, Twitter, Google Plus o por correo electrónico. Espero que os interese la propuesta. ¡Gracias a todos por vuestra colaboración!



2do #FFdA - Listado de birraires participantes:

1. Joan (vía Birraire.com).
2. BBF Crew (vía Barcelona Beer Festival).
3. Pau (vía Lúpuloadicto).
4. Jorge (vía Cerveriana).
5. Dámaso (vía Damcu).
6. Rodrigo Barón (vía El Jardín del Lúpulo).
7. Débora y David (vía Observatorio Cervecero).
8. Catascerveceras (vía Catas Cerveceras).
9. Mireia y Andrés (vía Cervecearte.com).
10. HdC (vía Hablemos de Cerveza).
11. Patricia y Alberto (vía El Gato que Bebía Cerveza).
12. Álvaro (vía Petróleos Blog).
13. Embracing Darkness (vía Hipos Urinatum).
14. JAB (vía Cerveteca de JAB).
15. Diego (vía Una Cerveza al Día).
16. Txema (vía Y creo que he bebido).
17. Manuel Jim. (vía comentarios en Birraire.com).
18. Javi Calonge (vía comentarios en Birraire.com).
19. David (vía Homo Lupulus).
20. Fran (vía Oh Cerveza).
21. Carlos (vía Cerevision).
22. Cobayahumano (vía Cobaya Humano).
23. José Teddy (vía Rubias, Morenas, Negras...).
24. Raúl (vía In Birra Veritas).
25. ...


P.S. Como ya es habitual, ¡os váis a chupar el logo cutre hasta la saciedad!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cerveza en Canadá (II) - Mill Street Brewery

Después de un primer post introductorio, vamos a repasar mi experiencia canadiense por distintos brewpubs de este precioso país norteamericano, empezando por el primero de la lista.


Mill Street Brewery (MSB)

No fue hasta el tercer día de viaje que nos plantamos en el primer brewpub. Habíamos visto las cervezas de la Mill Street en varios restaurantes de Toronto y Niagara, pero me había abstenido de probarlas para esperar a hacer una degustación in situ.

Probablemente la micro más famosa de la zona, la MSB se encuentra, como bien indica el nombre, en Mill Street: un famosa calle del pintoresco Distillery District de la ciudad de Toronto. Este distrito nace en 1832 a partir de la destilería Gooderham & Worts, que en su momento fue la más grande de todo el imperio británico. En tiempos más contemporáneos, las naves industriales victorianas de ladrillo rojo fueron restauradas, y actualmente albergan estudios de artistas, galerías, tiendas y restaurantes; entre ellos, la famosa Mill Street Brewery.

Después de esperar nuestro turno con las agradables camareras de la puerta, pasamos al interior del local, que nos sorprendió por ser muy espacioso. Con mesas por todos los sitios y en distintos ambientes, la decoración, 100% cervecera, era de un gusto exquisito. Todo el brewpub era como una enorme y valiosa colección de breweriana monoempresa (obviamente de la MSB).

Sí; la luz de techo me enamoró. Podréis deducir
fácilmente que ponía en el otro lado.

Al sentarnos, enseguida nos atendieron. Mrs. Birraire apostó por una ensalada; yo llevaba tres días comiendo hamburguesa, pero con la pinta que tenían las de allí no pude resistirme y me lancé a por otra. Para "pasar el rato", pedimos nuestra primera consumición: había mucho para elegir, tanto en botella como barril. Mi estimada esposa apostó por una Mill Street Raspberry Frambozen; por mi parte, la elegida fue la MS Ambre de Chaudiere.

Detalle de la hamburguesa estocada.

La Frambozen no tenía mucho secreto: cerveza de temporada (verano) de alta fermentación, con notas de fruta natural y fresca interesantes, pero también algunos toques de sirope. A priori, habría pensado que pecaría de dulce, pero presentaba un bien trabajado equilibrio entre acidez (mayoritaria) y dulzor (sutil). De final floral y seco, cuerpo entre ligero y medio; algo aguado. Refrescante y agradable; buena combinación para una ensalada de hoja fresca.

Otro tema fue la Ambre de Chaudiere. Este híbrido entre blonde belga y bière de garde resultó ser muy refrescante también, (algo que agradecí porque el día lo pedía), a pesar de sus 7% ABV. De aroma intenso, con buenas dosis de levadura y notas a banana, algo de caramelo, especias y suaves toques florales. En boca muy similar, con una intensidad alcohólica leve y con recuerdos a hierba al tragar. Con un paso por boca agradable y envolvente, la cervecita en sí me convenció bastante. Habría podido repetir con suma facilidad.

Tanto la Framboze como la Chaudiere acompañaron bien nuestra comida. La ensalada no era cybercósmica, pero estaba bien; la hamburguesa ¡absolutamente deliciosa! Me había quedado genial después del buen trozo de carne y acompañamiento que me acababa de pimplar, así que decidí no pedir postres. En su lugar, ataqué otra cervecita; esta vez en formato pinta. Mi siguiente víctima fue la Cobblestone Stout.

El aspecto era escandaloso; la verdad es que la cerveza alimentaba sólo al mirarla. Si bien en nariz se presentaba algo más tímida, dejando entrever de manera sutil pero elegante el festival sensorial que se despertaría en lo que vendrían a ser mis papilas gustativas. En boca... ¡espectáculo! Con una entrada floral muy agradable, la bestia se despertaba con intensas notas de chocolate y cereal tostado, con un trago largo y seco, reminiscente de frutos secos. Esta Dry Stout es aquello por lo que pagaría pasta gansa para tener fijo (y fresco) de tirador en casa.

Después de mi gozo máximo, pedimos la cuenta. Yo me excusé para que pagará Mrs. Birraire a fin de acabar de dar una vuelta por las instalaciones y ver la maquinaria, que podía verse a través de un cristal desde distintos puntos del brewpub. De hecho, como veréis en la siguiente foto, algunas mesas de privilegio tenían vistas de lujo. A modo de apunte curioso, justo en el momento en que me puse a estudiar detenidamente las máquinas estaban rellenando algunos barriles con frambuesas. De buena gana les habría echado un cable.


Al marcharnos, pasamos un rato contemplando todo el merchandising de la Mill Street Brewery: camisetas, gorras, cubos, cantimploras, chaquetas, bandoleras... Y entre todo, unos growlers preciosos que me pedían a gritos venirse conmigo a casa. Pero quedaba mucho viaje por delante, no andábamos sobrados ni de espacio ni de peso en la maleta, y finalmente tuve que refrenar mis ansias.

Y así fue la primera experiencia birraire en un brewpub canadiense. Habría podido tomar más cerveza, seguro; pero aunque no lo parezca (y a toda la serie de posts me remito) no se trataba de un viaje cervecero. A parte, también tuve oportunidad de coger alguna botellita durante el viaje para probar, por ejemplo, la icónica Tankhouse Ale de la MSB.

En la siguiente entrega, el miércoles que viene, no nos movemos de Ontario. Ni siquiera de Toronto. Espero que os haya gustado este delicioso brewpub. Aquí tenéis dos imágenes extra:

Parte de la larguísima barra. Impecable.

Detalle de una de las originales paredes del local.


Salut i birra!

lunes, 5 de noviembre de 2012

GastroBirraire #1 - Panellets con Pumpkin Ale

Aunque anteriormente ya haya posteado sobre las bondades de la cerveza junto a la comida, este mes de noviembre empieza la que espero sea una de las secciones fijas más moviditas del blog. Uniendo esfuerzos con Mrs. Birraire, una cocinera como la copa de un pino, os presentamos la sección GastroBirraire, donde cabrán maridajes de cerveza y comida, así como recetas con cerveza entre sus ingredientes. Espero que os gusten tanto como a nosotros. Y si no os gusta, siempre podéis cerrar la pestaña del navegador; sin compromiso.

Para empezar esta sección, decidimos fijarnos en una receta de temporada. Se trata de unos dulces típicos catalanes, aptos para todos los públicos (algo gourmands, si cabe), que se preparan especialmente para celebrar la Castanyada y la festividad de Todos los Santos (1 de noviembre). Si no los habéis probado, os estáis perdiendo uno de los mejores dulces de temporada (para mí, sin duda los mejores); con todos vosotros, los deliciosos panellets.

El origen de la Castanyada es religioso. Tradicionalmente, en la vigilia de Todos los Santos se tocaban campanas a muertos hasta bien entrada la madrugada. Para que no faltaran fuerzas, los vecinos y feligreses ofrecían a los campaneros castañas tostadas, boniatos, fruta confitada y unos dulces preparados especialmente para la ocasión: los panellets (también conocidos como empiñonados). Actualmente, esta celebración comparte protagonismo con el Halloween anglosajón el 31 de octubre, noche en la que en muchos hogares se comen cantidades industriales de panellets.

"La historia me la trae floja, ¿a qué saben?", se preguntará más de uno. Pues para que os hagáis una idea, es como una base de mazapán con otros ingredientes alternativos para darle distintos sabores. Los clásicos son los de piñones (de ahí empiñonados), pero los hay de muchas otras formas y sabores: yema, membrillo, naranja, almendra, café, crema catalana, piña, chocolate, cointreau, fresa, etc.

El momento de comer estos geniales dulces es en los postres, acompañados siempre de algún vino dulce como moscatel, ratafía (licor de nueces y hierbas), malvasía o jerez. En este punto es donde una mente birraire como la mía pensó: ¿y por qué no con una buena cervecita dulce y alcohólica? Y claro, entre tanta bruja, esqueleto y calabaza, una Pumpkin Ale parecía una elección más que acertada. Pero no empecemos la casa por el tejado; vamos a ver la receta base de los panellets:


Ingredientes para 1kg:

  • 500g. de almendra molida.
  • 350g. de azúcar.
  • 1 patata pequeña (100g. aproximadamente).
  • 1 huevo.
  • Un poco de piel de limón rayada.

Preparación:
  1. Hervir la patata con piel. Cuando esté enfriada, pelarla y aplastarla en un bol grande.
  2. A continuación, añadir el azúcar, el huevo batido, y un poco de piel de limón. Amasarlo.
  3. Añadir la almendra molida poco a poco, sin dejar de amasar, hasta que la masa quede fina, homogénea y sin grumos.
  4. Una vez lista, hacer una bola con la masa y envolverla con un paño de cocina o papel film. Dejar que repose toda la noche para proceder a dar forma a los panellets el día siguiente.
  5. Con la pasta hecha, sólo queda elegir los ingredientes que acompañarán esta delicia (en nuestro caso, piñones y membrillo).


Y aquí tenéis el resultado:


Para que la castanyada fuera completa, acompañamos los panellets de castañas y boniatos. La cerveza elegida para acompañar este gran manjar fue la americana Imperial Pumking de Southern Tier. Con 8,6% de alcohol y varias especias entre sus ingredientes (clavo, nuez moscada, canela) cumplía perfectamente con su propósito, sustituyendo perfectamente la función de los vinos dulces típicos, con su dulzor y toques especiados, con ciertos recuerdos a calabaza, pero también a naranja y leves matices herbales.

Los panellets, y resto de comida de temporada, no hace falta decir que estaban de lujo. Os animamos a que probéis la receta: es sencilla, está riquísima y es muuucho más barata que en una pastelería, donde el quilo de panellets cotiza a cuotas astronómicas (hasta los baratos, aquellos que llevan más patata que almendra, cuestan un ojo de la cara).

Salut i birra cuinetes!




Como breve post-data apuntar que, aunque el maridaje casaba de maravilla, las Pumpkin Ale como estilo se me siguen resistiendo.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Gacetilla Cervecera XIV

¡Sexta y última Gacetilla del año! Con esta 14ª edición, nos despedimos del formato clásico de la revista, ya que la número XV vendrá cargada de novedades de diseño que llevamos preparando desde hace un tiempo. Pero no nos adelantemos, que también hay otro aspecto importante a destacar para ésta última: tenemos la ilusión de anunciaros que hemos llegado a las 24 páginas; algo que puede parecer poco, pero que significa un buen esfuerzo de toda la gente que colaboramos en la producción de la GC.

Empezamos, en su día, como una revista "casi mensual" con sólo 4 páginas. Podemos estar orgullosos: lo que es crecer, ha crecido; multiplicando por seis su extensión, y siempre con la intención de proporcionar buenos contenidos, creados por gente diversa que, a veces, puede tener el único pero cualitativo denominador común de amar la cerveza. Pero avancemos; repasemos el contenido:




Abrimos la revista con una editorial que se hace eco de las distintas actividades relacionadas con la cerveza, introduciendo una tipología que parece que va a crecer en los próximos tiempos. ¡Leerla y ya nos diréis!

Sigue un artículo de María Revilla, que la echamos de menos en la anterior revista. Para esta ocasión, nos regala otro gran escrito; en este caso, sobre el papel histórico de la mujer en la elaboración de cerveza. Igor Oyarbide, que también retorna para esta edición 14, nos habla del cambiante panorama en Londres, que empieza a ver como se extienden las microcerveceras "globalizadoras". Muy interesante.

Ángel de Zulogaarden nos habla en primera persona sobre lo que ha podido vivir en sus propias carnes en cuanto a la cerveza en Quebec, en un artículo muy completo que nos acerca a este mundillo que tan poco se conoce por nuestras contradas. Por su parte, JAB nos obsequia con doble aportación en este número: por una parte, nos habla del local que lo está petando en Madrid actualmente (Animal Picar & Beer); y, más adelante, de la cata de cervezas que tuvo lugar en la embajada de EEUU en Madrid. Como siempre, con una prosa impecable. Por su parte, mi compañero Jordi, nos habla, en "Cerrando el Círculo", del fenómeno Yria-Guinea Pigs!, que con la remodelación de Cervezorama ha adquirido una nueva dimensión.

A continuación, el reportaje de páginas centrales se lo hemos dedicado este número al primero y al último en montarse una microcervecería: Glops y Fort, que curiosamente tienen sus respectivas en naves colindantes, y que comparten algo más que su gusto por la cerveza, creando sinergias interesantes.

Luego, tenemos contenido coleccionista de la mano de uno de los grandes de este submundo cervecero (Edu Casas), que nos trae un escrito sobre las no-tan-habituales placas de cerveza. Seguidamente, Pedro Gómez nos regala otra tira de Ale & Lager.

¿Alguien pudo asistir al Borefts Beer Festival de De Molen? Si la respuesta es negativa, leeros el contenido que lleva la firma del Barcelona Beer Festival Team y quizás os trasladéis a los Países Bajos por momentos. Y cuando volváis, tomar nota de la nueva y apetitosa receta cervecera del chef Pep Nogué. Si después de ello os quedan ganas de más viajes, nuestra siguiente oferta es el Stockholm Beer & Whisky Festival, de la mano de nuestro "guía" Sami Claret.

Para terminar, Txema nos repasa una vez más las novedades que se cuecen y se toman por tierras levantinas; y también incorporamos un breve reportaje sobre el 170 aniversario de la Pilsner Urquell.

Un último apunte: aquellos que tengáis previsto ir al Fes-t'hi 2012, o aquellos que queráis ir a un festival que con sólo una edición se convirtió en un clásico, vais a encontrar información útil acerca de esta feria.

Y nada más; espero que la disfrutéis un montón; o, al menos, un poquito. Salut!



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