martes, 30 de octubre de 2012

1er Aniversario Zombier en The Drunk Monk...

Sábado de plenitud cervecera. Después de una agradable mañana en una presentación de cervezas (de la que os hablaré en una semana), a la que asistí con Mrs. Birraire, tocó comer y tomar el café, con menos tranquilidad de la habitual: el cosquilleo que tenía en el estómago era leve pero evidente, y es que en pocas horas estaría tomando algunas cervezas presumiblemente espectaculares en el templo cervecero por excelencia que tenemos por estos lares.

Con mi coche-cama a punto, me fui en dirección al Maresme. Había quedado previamente con Pau y Rosana para hacerles entrega de unas cuantas botellas que había ido acumulando, y de las que ellos harán mejor uso que un servidor. La verdad es que me hizo ilusión reencontrarme con ellos; casi tanta como a mi esposa el hecho de librarse de las "maleïdes ampolles" (parafraseándola, en referencia a las botellas).

De nuevo en el coche, pudimos aparcar a una esquina de distancia del The Drunk Monk, una suerte que no tuvo todo el mundo por comentarios que pude escuchar durante la tarde-noche. Al entrar, saludé a Dani y a su socio Santi, que aún no tenía el placer de conocer (ahora ya sí), y con quien pude hablar en varias etapas de la celebración.

Sin más dilación, cogí el programilla que informaba de todas las cervezas que estaban presentes en este primer aniversario del proyecto de un grande como Gabriel Bocanegra: la tienda y distribuidora de birras Zombier. Como bien sabréis la mayoría, a menos que no seáis habitantes de alguno de los satélites de Urano, en esta joyosa festividad estaban invitados cerveceros de gran talla internacional como son De Molen, Struise, Alvinne, Toccalmatto, Loverbeer, Lervig y Haandbryggeriet; presentando todos ellos birras vertiginosas, algunas de ellas suficientemente difíciles de encontrar como para no desaprovechar la oportunidad de pasarse, como en mi caso, al menos uno de los dos días (o viernes o sábado) a felicitar al boquerón favorito de todos los cerveceros.

Primera birra: Unionöl de Haandbryggeriet y Narke. Quería algo suave para empezar, pero como no había nada que cumpliera con esta premisa tuve que empezar a lo bestia. Sin duda, una cerveza sorprendente, con un aroma a miel de romero concentrada e intensa y algo de frutas del bosque, repitiendo sensaciones en boca junto con notas tostadas y asadas, toquecillos de especias y levadura. ¿Rara? Sí; pero más que interesante.

Aprovechando la ocasión que nos brindaba The Drunk Monk con su apetitosa carta, y enderezando un poco el rumbo de cervezas con una referencia más suave, decidimos con Rosana y con Pau de coger una botella de 75cl. para homenajearnos los unos a los otros y disfrutar de un exquisito brebaje que nos aconsejó el mismo Sven: la Fantöme Santé 16. Y santo dios como estaba: vainilla, melosa fruta cítrica, deliciosa levadura belga por todas partes. Podría quedarme corto al afirmar que se trata de la mejor novedad (para mí) belga del año. Aunque más tarde entraría otra cerveza en esta particular (e inexistente, por otro lado) disputa.

Y que ambientazo, lectoras y lectores. Quizás había menos gente de la que esperaba, pero el local empezaba a estar bien lleno; todo el mundo contento, sonriendo. "¿Qué les hará tan felices?" podría pensar una tercera persona, ajena a nuestro sentimiento. La respuesta es clara. (¿no?).


Con todo, Glenn Castelein hizo una presentación-flash de la cerveza colaboración de Alvinne, De Molen, Loverbeer y Haandbryggeriet: la ESB (que no responde a Extra Special Bitter, sino a European Sour Beer). Llevaba esperándola desde que entré en el local; de hecho, fue mi primera elección, frustrada por el hecho de que no se pincharía hasta un poco más entrada la tarde. Finalmente la tenía delante y, después de la angelical Fantôme, me dispuse a darle gasto. El resultado fue una cerveza en que dominaba el carácter de Alvinne, aunque con menos estridencias; muy fácil de beber, sabrosa y compleja, aunque siendo sincero quizás me esperaba algo más.

A continuación, pude conocer a uno de los artífices de la cerveza conmemorativa del primer año de Zombier (Zombreaker); pero en este caso, no desde la vertiente puramente cervecera, sino la ilustrativa: Antonio Bravo, otro malagueño la mar de majo con una habilidad loable con el lápiz. Con él compartimos varias historias y alguna que otra cervecita.

En este punto, el hambre se apoderaba de mi ser; esa sensación de vacío estomacal estaba al acecho. ¿Solución? Pasarse por la barra y comer un buen brätwurst, en este caso con Isaac (Reptilian) y los Napars Josu y Juan. De reojo, podía ir siguiendo más o menos las evoluciones de mi segundo equipo de fútbol en Vallecas.


Siguió la noche en la barra, donde tuve una interesante conversación con Santi (CerveTv) acerca de varias temáticas, entre ellas la lingüística y la ortografía. Muy edificante; casi tanto como el otro cervezón belga de la noche: un must, una referencia fija en mi lista de referencias a probar. La Black Berry Albert, aunque su nombre podría peligrosamente trasladarme al mundo encorbatado que habito durante la semana, no falló y se erigió como la mejor variante de la Black Albert que he tomado hasta el momento. (Os aconsejo leer este buen post de Pau, en referencia a esta maravilla de Struise).

Se respiraba, en aquellos momentos, cierta atmósfera de relajación; ambientillo de charla entre buena birra. Todo eso se fue al carajo. De repente, una serie de encapuchados (o debería especificar "barretinados") se hicieron amos y señores del clima del local, que pasó a ser totalmente festivo, aumentando los decibelios y, porque no, la alegría. Sí señores; habían llegado los Laugar. Eneko, Eder, Txus y Aingeru. Falta Sergio; pensé equivocadamente.

Entre saludos, abrazos y gritos, acabé de nuevo sentado en la "mesa Zombier" junto a Pau y Rosana. Pero al rato me presentaron a un americano con quien había compartido espacio en la celebración del Birrasana en abril, pero ninguna conversación. Fue así como conocí a Erik; un auténtico loco de la cerveza, natural de Florida, que hacía un rato que se estaba sacando unas buenas birracas de la chistera para compartirlas con la gente de aquí. De esta manera, pude probar medio trago de una IPA americana como no había probado ninguna antes, y de una lámbica con uvas hecha por él mismo, que apuntaba muy buenas maneras pero parecía faltarle un pelín de reposo.


Seguí a lo mío con la muy fina Rye IPA de Lervig. Mientras, siguieron los parlamentos, y en un pequeño lapso de tiempo hablaron los dos italianos: Bruno Carilli, de la grandísima Birra Tocalmatto, y mi muy apreciado Valter Loverier de Loverbeer. Fue durante el turno de éste, precisamente, que tuve otra interesante charla; esta vez con Juan de Naparbier, y brevemente con Manolo (Freiburg). También pude estrechar la mano de Nando López (Steve's); mano que por cierto vino acompañada de un maravilloso trago a otra de las joyas de la noche: la Russian Imperial Stout Wild Bretta de Toccalmatto. Impresionante (y atrevida) presentación; bestial complejidad. Me quedé entusiasmado. No es nada barata, pero no dudaré en pedírsela al Tió, este año por Navidad.

En este punto, Juan me presentó a unos compañeros blogueros con quien últimamente hemos disfrutado de lo lindo gracias a la celebración de San Lúpulo: Mireia y Andrés, de Cervecearte. Primero hablé con Mireia; más tarde con Andrés. Me encantó ponerles cara y intercambiar impresiones con ellos. Fue gracioso que, ni el uno ni el otro, no daban crédito de que una persona adulta pudiera vivir encarnada en un cuerpo de apariencia tan joven como el mío. Yo siempre he defendido que el consumo de birra es responsable de que "me cuide tan bien"; y para muestra, otro botón: ver el post de San Lúpulo.

En una última recta de celebración muy bonita, por lo hablado y lo tomado, me encontré de nuevo en la mesa de Zombier junto a los lúpuloadictos, los cerveceartistas, Erik, Juan, Sven y Manolo, entre otros (mi memoria no da para tanto). De lo hablado, ya os he agobiado bastante y pasaré de contarlo; de lo tomado, destacaría una buena rareza canadiense que habían adquirido Pau y Rosana en su reciente viaje por la Bretaña francesa: Charlevoix Dominus Vobiscum Lupulus, que estaba rica, aunque en general no convenció a los exigentes paladares de alrededor de la mesa; y, como no, la bestialidad que trajo Erik de una tienda que, nos contó, está delante de su casa: The Bruery Fruet, una Old Ale que según dijo es su cerveza americana favorita.

Yo me quedé sin hipo y sin palabras ante una cerveza tan majestuosa; tan apartada de cualquier referencia previa. No es nada descabellado si digo que, al menos, estuve 45 minutos oliendo y reoliendo mi vaso. Bourbon, roble, praliné, caramelo, toques suaves de chocolate, berries. Sólo el aroma ya parecía ser de trago largo. Menuda maravilla. Erik, thanks a lot; you're the man.

La fiesta en el Drunk concluyó para mí de manera ideal: Zombreaker en mano; ¿qué mejor que la birra amfitriona? Ya había podido probarla de botella, anteriormente. Se presentó, en barril, igual de sabrosa, recordando mucho la ZZ Amber con su perfil de lúpulo; tal como si fuera una Imperial ZZ. Que gusto de birra. La culpa es de los padres, que las cuecen así.

Cuando, entre despedida y encaje de mano, ya me veía en dirección al coche-cama, mi destino cambió al cruzarme con "el que me faltaba" por ver aquella noche; el Laugar que anteriormente se me había escapado. En gran parte, la culpa de los siguientes párrafos es suya...

Cerró el Drunk (aunque se quedó gente dentro, ¡que yo lo vi!), y una selecta y variada calaña de degenerados birraires decidimos no terminar la fiesta allí. Algunos pensarán: no, Birraire se fue seguro. Pues no; en esta ocasión caí en la tentación de la mano de Sergio y de Isaac, que había sacado unas Heretic cojonudas (que ante la falta de vaso, ¡horror!, bebimos a morro con permiso réptil) para brindar por nosotros y proseguir con nuestras vidas en un buen local rockero de un polígono mataronenc cercano.

Y de esta manera fue como entramos en la Sala Clap; en mi caso, ya en modo abstemio (aunque más de uno se sintiera contrariado por ello). Hacía, no exagero, al menos 3 años que no me personaba en una discoteca, y recuerdo una noche horrible, con gente, música y bebida indiferente, cuanto menos; notablemente molesta cuanto más. Pero esta noche no fue el caso para nada.

En el Clap pude rebajar mi tasa de alcohol, pero especialmente pude pasar un rato genial con toda la buena gente que habíamos llegado hasta aquel sitio a aquellas horas. Recuerdo los Stones, Queen; y hasta haber cantado enérgicamente "Don't look back in anger", a dúo con Sergio: no nos dijimos nada al respecto, pero me imagino que a los dos nos trae recuerdos de tiempos pasados. Todo ello derivó en una breve conversación sobre gustos musicales, en la que descubrimos que tenemos otras devociones compartidas, a parte de la birra.


Y cuantas cosas que no habré contado. No cabe duda de que fue una tarde-noche-madrugada de escándalo, llena de buenas vivencias y sensaciones. No me queda más que desear a Gabriel y a Zombier que cumplan muchos más: por buena gente, por buen trabajo y por la capacidad de movilizar a todo el personal que se congregó en casa de Sven Bosch a fin de rendir un buen homenaje a la cerveza y a todo lo que se deriva de ella. Felicidades a todos.

viernes, 26 de octubre de 2012

Sorpresa Birraire - Octubre 2012...

Sé que aún no ha terminado el mes; es más, en las próximas 48 horas es más que posible que me entren, al menos, 3 o 4 firmes candidaturas a Sorpresa Birraire de octubre. Pero a fin de hacer una gestión ordenada de los próximos posts, decidí que el plazo terminaba hoy (así, de manera autócrata; que por algo soy el que escribo), y lo que ocurra de aquí al día 31 se clasificará para noviembre.

En todo caso, las bases establecidas en el primer post me amparan. Y recordando que la Sorpresa puede ser por motivos de gratitud, ingratitud o patillerismo, cabe destacar que este mes el Momento (sí, otra vez se corona un momento; pero con matices) viene fruto de una experiencia ingrata previa con final feliz gracias, nuevamente, a la cerveza y a ser cervecero.

No voy a entrar en grandes detalles sobre la previa: soy una persona discreta, y en todo caso no voy a dramatizar una situación en la que se encuentra también mucha gente en estos momentos. Dejémoslo en que, últimamente, se ha traspasado el umbral de buscarme las cosquillas en temas profesionales. Soy tranquilo por naturaleza, y a veces incluso peco de positivista; pero la semana anterior a ésta no andaba sobrado de ánimos.

Teníamos una nueva QCBC (Quedada Chulapo-Bloguera-Cervecera) por Madrid, y por la mañana tenía casi decidido no asistir. Al salir de currar, no obstante, no vi qué podía aportarme de más quedarme sólo encerrado en mi habitación en lugar de irme de birras con una pandilla chulapos, blogueros y cerveceros. De manera que me preparé y me fui directo a Lavapiés para conocer El Pedal donde, a parte de descubrir un nuevo local madrileño, tuve el placer de conocer en persona a José y a Jorge (Teddy y Tedascuenyoyo, para que os ubiquéis).

Allí pasamos un buen rato charlando y riendo todo el grupo; la noche siguió su evolución, y la velada prosiguió en Animal, donde cené mi habitual pa amb tomàquet acompañado de una buena Punk IPA de barril. Empezaba a sentirme bien.

Algunos de los CBCs habían ido desfilando, hasta que me encontré "sólo" con los dos Davides (Homo Lúpulus y Observador). Fue justo en este instante que se produjo la Sorpresa Birraire del mes: con mano de santo, Tibor sacó una Mikkeller Black Hole añejada en barrica de vino tinto, a compartir entre los cuatro. Cada cual fue servido con su dosis, y empezamos a disfrutar de este excelente elixir (probado con anterioridad; bien gozado, pero no tanto como en esta ocasión). La charla fluyó, y el líquido empezó a producirme un placer indescriptible desde el momento en que empecé a oler su agradable fragancia. La inundación de felicidad fue tal que pude relativizar mis preocupaciones notablemente y celebrar por todo lo alto que no me había quedado en el hotel para pasar una gran noche con grandes tipos y un lubricante social de excepción.

La noche fue rematada con una Lervig Konrad Stout, que sirvió para alargar ese gran momento hasta el cierre del local. A mi edad, y un miércoles, parece que sigo cerrando locales: hay cosas que a uno le reconfortan.

Así, la Sorpresa Birraire de Octubre 2012 se va para este gran momento en el Animal, causado por una gran cerveza como la Black Hole Red Wine Edition y, especialmente, por la buena companía de David Gago y David Blach; así como la maestría detrás de la barra de Tibor Domènech.

Salut i birra!

miércoles, 24 de octubre de 2012

Cerveza en Canadá (I) - Introducción

Canadá es un país singular. Es el segundo más grande del mundo en cuanto a área total (9.984.670 km2), pero no entra en los 25 primeros en cuanto a población (aproximadamente, 34 millones). Por ejemplo, España se sitúa por delante suyo, con algo más de 10 millones de habitantes a su favor. Claro está que gran parte del territorio canadiense es casi inhabitable (Toronto, aún siendo la mayor ciudad del país y estar situada en la parte más sureña, tiene un invierno durísimo).

Cerveceramente, que entiendo que es lo que nos interesa, Canadá guarda también sus singularidades. Su historia es muy parecida a la de los Estados Unidos hasta la Ley Seca. Pero después de que en 1932 se levantara la prohibición, se establecieron una serie de leyes y normas muy restrictivas en cuanto a condiciones de producción, venta y distribución de bebidas alcohólicas, que dibujan aún hoy en día un complicado y restrictivo panorama en el mercado cervecero prohibiendo, entre otras cosas, la circulación provincial de cerveza.

La consecuencia inmediata de esta legislación fue que las grandes cerveceras que ya existían en aquel entonces trazasen una red de unidades productivas provinciales muy efectiva que les permitió vender sus productos en todo el país, ganando cuota de mercado y creciendo a buen ritmo. Las cerveceras pequeñas desaparecieron o se fusionaron con las grandes, quedando así una realidad cervecera homogénea que, además, propició la casi-desaparición de las cervezas de influencia británica que, originalmente, se habían producido en el país, cediendo el paso a lagers de estilo parecido a las de sus vecinos del sur.

De estos grandes grupos, destacan en la historia, especialmente, Molson, Carling y Labatt. La primera fue fundada en Montreal en 1786, y es en la actualidad el quinto grupo cervecero mundial, después de fusionarse en 2005 con la estadounidense Coors, forjando así el gigante Molson Coors. Carling, por su parte, tiene su origen en 1840, y en 1862 se fusionó con su rival O'Keefe. Carling O'Keefe, después de años de rivalidad con Molson, fue absorbida por ésta última en 1989.

(imagen sacada de aquí)

Por último, Labatt se fundó en 1847 en London (Ontario); actualmente es el primer grupo cervecero de Canadá, desde que en 1995 fuera adquirida por Interbrew (InBev).

Después de la adquisición de Sleeman Brewers por parte de Sapporo en 2006, la mayor parte de la industria cervecera canadiense está hoy en día a manos de multinacionales extranjeras. Pero, paralelamente al fenómeno estadounidense, las microcervecerías han ido poblando la particular realidad cervecera del Canadá, controlando ya en 2011 casi un 5% del mercado. De hecho, y como pude comprobar (y voy a relataros en los próximos posts) durante el viaje de este verano, los estados de Ontario y Quebec están repletos de micros y, especialmente, brewpubs que elaboran cervezas de una buena variedad de estilos. Ante este panorama, las grandes no están preocupadas, pero sí que se han puesto las pilas para sacar cervezas alternativas.

¿Queréis cifras? Según un estudio de Kirin Holdings, en 2010 Canadá consumió 2.311 miles de kl de cerveza; una cifra menor a la de España, que presenta una cifra de 3.251 miles de kl. El consumo por cápita, sin embargo, se sitúa muy a la par, con 68 para el país norteamericano (contra los 70 del hispano), siendo el 23º país en esta clasificación. (He visto otros datos, pero no citan fuentes; así que me quedo con estos).

La sensación como visitante fue de un país que consume cerveza de manera más silenciosa: terrazas, pocas; tampoco parecía haber mucha gente bebiendo birra, salvo en los locales expresamente cerveceros. Es más: en folletos, carteles, guías y demás no paraba de leer lo ricos y trendy que eran los vinos del este de Ontario y, especialmente, de Quebec. No obstante, en todos los sitios había un listado mínimo de referencias cerveceras, siempre con alguna craft canadiense entre ellas. Asimismo, las licorerías (o tiendas de alcoholes) tenían un apartado cervecero bastante nutrido.

Mirando números, aunque la cerveza sigue siendo la bebida elegida por la mayoría de los canadienses, sí que se puede observar que, pasito a pasito, el vino va ganando terreno en el mercado de bebidas alcohólicas:

Datos de la Statistics Canadá (Agencia Nacional de Estadística de Canadá),

En cuanto a estilos, la teoría (o al menos los libros consultados) nos dice que Canadá cuenta con dos variedades de cerveza más o menos propias: las Ice Beer y las Cream Ale (por arraigo). Las primeras tienen un proceso de elaboración muy similar a las Eisbock alemanas; y las segundas a las Kölsch, al utilizar levaduras de alta fermentación y pasar, luego, por un condicionamiento a bajas temperaturas. En mi particular experiencia, no vi una sola Ice Beer en los brewpubs que visité; pero si pude probar alguna Cream Ale (y alguna ciertamente memorable). De hecho, las Ice que he podido ver son de las grandes marcas, y parece que conservan su mercado gracias a su relación precio-graduación.

Por lo general, la cerveza que vi y bebí tenía una clara influencia británica; ya no sólo por estilos, sino por el talante propio de cada birra (los sabores maltosos característicos, la carbonatación baja, lúpulos florales, etc.). En muchos sitios parecían prestar atención, también, a los estilos alemanes; y, particularmente en Quebec, pude apreciar una influencia belga importante en varios sitios. Doy casi por sentado de que la historia propia de cada provincia tiene un papel determinante en ello; pero no me pondré ahora a analizarlo.

Quizás lo que más me sorprendió es ver que, al menos en las dos provincias que visité (me consta que no es así en todas) no había llegado la fiebre verde estadounidense: ni IPAs normales ni Stouts extremas; ni nada entre ambas. De hecho, por no haber, no había a penas ninguna referencia de los vecinos sureños en los bares; y, las pocas que encontré, siempre en botella y a precios elevados. No era mi intención consumir birra yankee en Canadá con la buena oferta que había; pero no dejó de sorprenderme. También parece claro que la estricta regulación del país puede tener un papel decisivo en ello; pero tampoco lo voy a tratar (que vago que estoy, ¿verdad?).

Fue duro pasear por pasillos y pasillos llenos de
referencias desconocidas, en las licorerías.

Total, que el panorama encontrado fue totalmente distinto al esperado; pero diría que fue, si cabe, mejor. En todo caso, voy a emplazaros a que descubráis conmigo todo lo que pude vivir y descubrir en Canadá acerca de la cerveza. A partir de este post de hoy, cada miércoles toca dosis de alce. ¡Espero que os aproveche!

Salut!

lunes, 22 de octubre de 2012

Sant Llúpol, o el birrabús...

¿Quién habrá diseñado el cartel, me
pregunto yo? Me recuerda algo...
Con un cierto-mucho sentimiento de culpa por irme de birras justo después de comer y abandonar a mi querida señora y esposa Mrs. Birraire por cinco docenas de borrachos, pero con mucha ilusión por vivir una celebración sólo para fanáticos de la cerveza, dejé mi coche-cama aparcado bien cerquita de la primera estación de la línea que nos llevaría a hacer un recorrido de vicio e IBUs a fin de celebrar debidamente la tradicional festividad de San Lúpulo en tres refinados locales barceloneses y uno del Maresme.

En la primera de estas estaciones se había quedado alrededor de las cinco de la tarde para adquirir el pliegue de tiques de consumición que, previo pago de 36 lerus por barba, nos correspondía a cada lupulado devoto. Al llegar al Freiburg, bien puntual, ya había un montón de birraires hincando el codo como campeones pero, dentro de mi habitual prudencia, quise saludar primero y beber luego.

De esta manera, me acerqué a Mikel y a los Caçadors de Cerveses, representados para esta lupulosa ocasión por Miquel y Alfredo. Al rato llegó también Dani Ruiz, de CerveTv, a quien no hacía precisamente mucho había visto un buen rato, en el marco de una pequeña colaboración de la que no vais a tardar a ver los probablemente-calamitosos resultados (por supuesto, por la parte que me corresponde, no por la suya).

Después de comentar el funcionamiento del tinglado, me dispuse a entrar al Freiburg para saludar al tío soso que está detrás de la barra y pedir mi primera birra. ¡Vaya cosas nos tenían preparadas! Cascarte ya unas birras tan raras y contundentes de entrada estuvo genial; aunque se palpase en el ambiente cierta sensación de taja temprana.

Empecé por la Hornbeer Imperial IPA, que me enamoró. Dentro de las "IPAs subiditas", de lo mejor que he tomado hasta ahora (aunque, para ser riguroso, me gustaría volver a probarlas todas antes de emitir un veredicto serio y cierto).

Antes de que me la pudiera terminar, sin embargo, fui objeto de un control de alcoholemia inesperado: una pinta de cerveza altamente petrolífera (ver mi tercera cerveza consumida, más adelante) se precipitó de repente en mi dirección. Mis reflejos demostraron que podía seguir gozando de la fiesta, al no llevarme más que dos gotitas en las zapatillas (algo que no sé si habría podido repetir en cada una de las paradas que hicimos... pero vamos).



Seguí con la Hornbeer Dryhop; rica, sí, pero no al nivel de su hermana. Ésta, entrar en el pack, no entraba; pero el tío soso del que antes os hablaba estaba empeñado en que los Caçadors y un servidor saliéramos bien finos de la primera parada. Vamos, y Albert y Ana también; que por fin pude saludarles en persona después de varios intercambios de impresiones virtuales y muchas lecturas en redes sociales.
Pero Manolo (sí, el tío soso) demostró que no llevaba mala intención, alimentándonos con unos deliciosos pinchos de bistec con brie desecho por encima, al toque de orégano, que estaban para chuparse los dedos.

Siguió la ronda cervecera con la Black Magic Woman, también de los noruegos cornudos de Hornbeer, que creo que se ganó a todos los devotos que nos habíamos congregado santamente en el templo cervecero de l'Hospitalet, gracias a su alta complejidad. Ésta os aseguro que hay que probarla (si os gustan las tendencias al extremo).

Antes de irnos, Manolo se sacó de la chistera una botellita de Mikkeller Vesterbro Toilet Bajer para rematar la faena. Fue francamente curiosa, esta cerveza; incluso más que su llamativo nombre. Con las prisas del autobús, que ya nos esperaba para iniciar el camino a la auto-destrucción de nuestras personas, no pude probarla tan tranquilamente como me habría gustado, pero sus notas a menta y uva me resultaron muy divertidas para una wit.

Nos despedimos del tío soso más salao y majo de la comarca y nos marchamos al bus. La gente de la calle parecía intuir que no éramos boy-scouts, pero exactamente qué hacía toda esa marea de peña subiéndose a un autobús en la Carretera de Sants, creo que nadie llegó a saberlo.


El vehículo era conducido por un cachondo chófer que en todo momento pareció pasárselo en grande; tal como si estuviera tomando birras con nosotros, él también. Un grande. En cuanto al ambiente, en este primer trayecto fue tranquilo: las Hornbeer, la sonrisa de Manolo, política, deporte, política y deporte, Mónica Limón, Mónica Naranjo. Muchos anticipaban lo que venía a partir de entonces; yo, sinceramente, no había leído previamente qué birras tomaríamos, así que me llevé una buena sorpresa en cada garito. La ignorancia, siempre tan atractiva.

Y después de cruzarnos Barcelona casi de punta a punta, llegamos a la calle Manigua, que no conocería ni Dios ni San Lúpulo si no fuera porque allí está el 2d2dspuma, tienda y cervecería. En este caso que nos viene ocupando desde que he empezado a escribir lo que, a falta de tres paradas, promete ser un post largo, nuestros víveres estaban en la tienda, a fin de no molestar a las pobres personas que querían disfrutar de una birra en la cervecería, y supongo que también por razones de aforo.

Susana, María y compañía nos habían preparado algo muy especial, seguro que con un buen puñado de cariño. Y sino fijaros en la foto, donde podéis apreciar la bonita parada que habían montado con nuestras tostas, que escondían dos pequeñas peculiaridades: gelatina de lúpulo amarillo y salsita de cerveza Bernard.



Para regar este bocata de cardenal tan cervecero había dos buenas cervezas bien cargadas de lúpulo: la Green Gold de Mikkeller, una IPA que nadie discute (y, si alguien lo hace, por ahora ha sido a mis espaldas), y la Viernes 13 de Zulogaarden, que aunque pueda parecer extraño, fue novedad para mí. ¿Mi veredicto? Top-2 de los zulos. Y su imagen, como no podía ser de otra forma, macarra y genial.

A modo de anécdota (en una feria, lo habría puesto en el apartado de miscelánea), destacar que es la segunda vez que voy al 2d2 vestido de calle; y que la primera había sido dos días antes. Un logro; una racha que espero que siga y prosiga.

Y por lo que atañe a desvirtualizaciones, pude estrechar la mano de Sergio Anadón y charlar un ratillo con él. Después de unos cuantos tweets cruzados, finalmente coincidimos. No me pareció una mala persona. A ser verdad, de hecho, hasta reconocería que me pareció un tipo la mar de majo. Ahora me queda conocer a su cuñado (sí, va por ti).

De nuevo en el autobús, el ambiente no arrancaba del todo, pero las métricas de IBUs indicaban ya cierta ingesta de lúpulo, y hasta hubo algún tímido cántico. Rubén, de la Cerveteca, nos obsequiaba con sus acuradas descripciones de las siguientes birras que tomaríamos. No por problemas etílicos, yo seguía llegando a los sitios sin saber qué iba a tomar; quizás la única excepción fuera la siguiente cerveza que tomé.

Al llegar a La Cervecita Nuestra de Cada Día, mi sentimiento de culpa inicial ya había empezado a menguar; pero otra culpabilidad me acosaba: con la llegada de más de cincuenta sedientes gargantas, jorobamos la tarde a más de una persona que había apostado por tomar unas birras tranquilamente en el veterano local del Poblenou. Que dura puede llegar a ser la devoción cervecero-religiosa...



Sintiéndome un mal ciudadano, pedí la primera de las birras que me tocaban a Angie: una riquísima Poblenovina, que me sirvió para acompañar el pincho de jamon york con queso cremoso. Asimismo, acompañó una interesante conversación con los Caçadors, en la que por desgracia faltaron Albert y Ana, que tuvieron que excusarse, ya que Ana no andaba fina desde el inicio del día. Una lástima... pero, por lo hablado posteriormente, no tardaremos en compartir alguna experiencia interesante.

En plena conversación, y después de pedir la Double Crooked Tree (que, para mi gusto, aún estando rica le haría un favor controlar algo más el apartado alcohólico), pude conocer también a David, que había llegado a la Cervecita y se sumó a la fiesta, ocupando una de las dos plazas que habían quedado vacantes.

Angie y Joaquín no paraban un momento, y el ambiente empezaba a estar por todo lo alto; realmente, creo que el momento más social, de más intercambio y de más buen rollo de todo el viaje lupulero fue justo este. Tengo que reconocer, con cierta vergüenza, que ésta fue la primera vez que entraba dentro de La Cervecita; imperdonable de no ser que no soy de Barcelona, y que tengo pocos vínculos fuertes y directos con la ciudad condal (la ciudad es preciosa y me encanta; no me malinterpretéis). Pero después de este buen rato, y más sabiendo que es un habitual punto de encuentro de buenos compañeros del mundillo, no voy a tardar en volver. O al menos eso espero.

Quedaba una sola parada. Como el evento tenía un innegable carácter religioso, algunos devotos compañeros de viaje habían apostado por confesar sus pecados. Uno de los más recurrentes y, si me permitís, sorprendentes fue que no se habían estrenado. Y con eso no vengo a referirme a encuentros de índole sexual, ni relaciones coitales; sino que había un cierto grado de virginidad drunkmonkiana. Nunca apreciamos lo que tenemos en casa. Yo tampoco he visitado la Sagrada Familia... (pero el Drunk sí, ¡que uno tiene las prioridades bien establecidas!).

Mientras iniciábamos el viaje más largo y animado con el bueno del conductor, que parecía haber ingerido más lúpulo que algunos (envidiable su capacidad festiva sin estímulos cerveceros), Sven y su equipo se estaban preparando para recibir a veteranos y noveles, de acuerdo a la alta exigencia de hospitalidad que es marca de la casa en la tan admirada cervecería de Mataró.

Llegamos, entramos y nos sentamos. Cosas del destino, me senté en la misma mesa que he ocupado otras tantas veces. En esta ocasión, con la inmejorable compañía de Miquel, Alfredo y David, con quienes ya tendría el placer de pasar la totalidad los minutos que quedaban de celebración.


Empezando por el principio, nos sirvieron una espada de pollo al curry con mango, con una Jandrain IV Saison, que estaba francamente rica, a pesar de que su temperatura de servido me resultó un pelín baja. La fiesta siguió con la fantástica De Molen Rye IPA Cascade-Amarillo; San Lúpulo se relamía los bigotes ante un paladar tan fino y sedoso. Un grifito fijo de esta birra en mi casa no sería objeto de repudia por parte de mi familia.

Para terminar, me atreví a preguntar a mis compañeros de mesa si querían aprovechar nuestra estancia en El Templo para coger alguna cosilla de la carta; ante su falta de complejos, me dirigí a la barra a visitar a Sven, y cogí la carta con una sensación de cosquilleo por anticipación. Después de repasar, el consenso lo encontramos en una botella de Cantillon de 75cl. que prometía ser espectacular: Cuvée Saint-Gilloise, una gueuze con dry-hop de Styrian Goldings.


Y con esto podría terminar el post, pero sería injusto. Creo que los ojos de Alfredo, los ojos de Miquel y los ojos de David hablaban por sí solos. La alegría que aquel delicioso elixir estaba despertando en nuestros adentros era digna de componer una canción, o de recitar una poesía encima de la mesa; no por borrachera, sino por respeto y admiración a esa obra maestra. Pero para subirse a la mesa ya estaban otros compañeros, que parecía que con sus gritos, propios de persona ebria, sólo les faltaba este paso para elevar el grado de molestia otro peldaño. En fin.

La celebración había llegado a su fin, y el birrabús nos llevó a Barcelona, parando en tres puntos estratégicos: Glòries, Plaça Catalunya y Sants. Yo me bajé el último; de hecho, el bueno del conductor me hizo una parada clandestina cerca de Abadal; cosa que le agradecí animosamente.

Mi opinión sobre la celebración es altamente positiva. Creo que este tipo de festividades son muy divertidas, y con las ganas y el entusiasmo que habían puesto las cervecerías se disfrutó mucho más. Para próximas ediciones, creo que sería bueno institucionalizar algún tipo de frikada que anime el ambiente desde el primer momento. Algo simple. Se me ocurre, con las varias referencias que se hicieron a los sanfermines, que quizás se podría preparar algún tipo de pañuelo identificativo y conmemorativo del día. Es una tontería, lo sé; pero todo lo que sea crear un poco más de ambiente y sarao siempre es bienvenido por mi parte.

Ante todo, felicitar a la organización, que de una idea nacida en el blog de Cervecearte para un evento digital, supo organizar un evento físico y jocoso-festivo, la mar de divertido y bien montado; para gozar de la cerveza, los pinchos y la gran compañía de la buena gente que habita este mundillo cervecero nuestro.

A todos ellos, con especial atención a los organizadores, salut i birra!

miércoles, 17 de octubre de 2012

14 de Octubre: Día de San Lúpulo...

Como ya habréis leído en otras bitácoras, o sabréis si consultáis a menudo la Santopedia (sí; existe), o en el caso de que seáis gente de iglesia y de bien, el día 14 de octubre es el día de San Lúpulo de Capua. Y como de blogger cervecero a friki-absoluto sólo hay un pasito, buena parte del mundillo de birreros digitales nos emplazamos a celebrar este día para rendir culto al santo del ingrediente más celebrado de nuestra bebida.

Esta buena iniciativa nace del blog Cervecearte, que hace mucho tiempo se hizo eco de la existencia de este santo día y propuso que hiciéramos algo al respecto. Su propuesta era de hacer algo parecido a Sant Jordi (ya sabéis, la magnífica fiesta del libro y la rosa que celebramos los catalanes), regalando una cervecita a alguien especial.

Y es así como nace esta celebración, que en este "año 0" (como ya he visto escrito en algún sitio) se ha celebrado internetísticamente al estilo #FFdA y, también, en persona con el "autobús del vicio" por Barcelona y cercanías. Esta segunda celebración será objeto de mi siguiente post; por ahora, vamos a ver cómo y con quién celebré el día de San Lúpulo.


Celebración de #SanLúpulo en Can Birraire:

Para ser estructurado y organizado por una vez en mi vida, voy a seguir más o menos los puntos marcados de actividad por parte de los compañeros de Cervecearte. No obstante, el orden de los puntos me lo saltaré a la torera, porque la persona elegida marca bastante el guión de los otros aspectos a los que hacer alusión.

Así pues, con todos ustedes, tengo el placer de presentaros a la persona elegida para el regalo; ¡ni más ni menos que la Iaia Birraire!

La Iaia Birraire, sonriente como de
costumbre.

Para esta primera edición, tocaba una persona muy especial; alguien que podría fácilmente tener una relación directa con mi pasión por la cerveza. ¿Por qué? Pues bien, porque mi abuela es, efectivamente, birraire; y la genética, muy poderosa. No menos importantes son los recuerdos de infancia: pedir siempre cerveza bien fresquita en la terraza de las heladerías en verano, abrazos con aroma a birra, o la "estrella durada" olvidada por algún rincón de casa son sólo algunos ejemplos.

En consecuencia, mi abuela merecía un regalo cervecero por San Lúpulo, y por eso pensé qué cerveza, fuera de sus elecciones habituales, podría satisfacer sus exigentes gustos. Después de consultar mis opciones, La Blanche de Brabant se erigió como la cerveza perfecta para la velada: botella de 75cl. de diseño refinado y sobrio, para compartir entre tres (Mrs. Birraire estuvo también presente en la celebración).

Hablemos de la cerveza. Iaia Birraire no cree en notas de cata ni puntuaciones; tiene cuenta en Ratebeer y BeerAdvocate, pero las usa sólo para informarse. Es por ello que su esperado veredicto fue "muy fina"; corto y raso. Personalmente, no podría estar más de acuerdo: la Blanche de Brabant destaca, en mi opinión, por su fino paladar y equilibrio, así como por la buena definición de sabores. De entre las witbier belgas que podemos conseguir por aquí con más facilidad, es mi favorita por esta razón, y su elegante presentación también fue decisiva para que el regalo fuera completo. No está de más comentar que le tengo cierto cariño a esta cerveza porque la descubrí durante mi etapa vital en Bélgica; y todo suma, ¿sabéis?

Pero faltaba algo sólido para acompañar; y, en este caso, mi abuela nos obsequió con unos dulces típicos de Sabadell llamados belgues, que están a medio camino entre galletita y pasta, y que tienen un dulzor bastante subido, con azúcar y mantequilla por doquier. Una delicia que, desde aquí, os recomiendo entusiastamente a los amantes de los dulces (si a alguien le interesa saber dónde se pueden conseguir, me puede mandar un correo electrónico).

El nombre del dulce es muy apropiado, ¿no creéis?

La botella de 75cl. de BdB descansa, ahora, en una de las estanterías de casa de mi abuela: recuerdo de una bonita tarde que pude compartir con dos de las mujeres más importantes en mi vida. Una, me crío de pequeño, me indujo a la causa birraire y, además, tuvo que soportar mis travesuras de infancia. La otra, Mrs. Birraire, me cría de mayor, se ha pasado a la causa birraire y tiene que aguantar mis trastadas adultas.

Espero que todos hayáis pasado un buen día del santo más cervecero que tenemos. Salut y ¡enhorabuena a Cervecearte por la organización!



Para finales de noviembre toca ya el segundo #FFdA. ¡Qué rápido ha pasado este medio año! Habrá convocatoria oficial, pero ya os podéis ir preparando.

lunes, 15 de octubre de 2012

Vine a Fer Cervesa 2012 - Crónica (desde detrás)...

Antes, llegaba tarde a los sitios. 15, máximo 20 minutos; nunca más. Pero ya no me pasa. Ni al más tardón de los tardones le pasaría; no si una mujer responsable y diligente como Mrs. Birraire se hubiera cruzado por su vida de manera decisiva. Las reprimendas fueron tantas y tan sanguinarias, que llegar tarde dejó de ser una opción racional. Sin embargo, este día salí justo de casa, y aparcar en Sants no es sencillo. Así que llegué tarde; media hora.

Me sentí mal; ya no lo puedo evitar. Por suerte, a las 9:30 aún quedaban cosas por preparar para que, a las 11 de la mañana del sábado 6 de octubre se abrieran las puertas de la novena edición del Vine a Fer Cervesa en el Centre Cívic Cotxeres de Sants. Y es que como ya comenté anteriormente, esta vez mi asistencia a la feria era en calidad de colaborador con la organización. Al llegar, ayudé con lo que pude, llevando a cabo tareas variadas para que todo estuviera en orden.

Inaugurada la feria, mi atribución principal fue la venta de vasos y guías, junto a Jordi y a Toni, y con la ocasional presencia de Carmen (CulturaGastro). Vender, vendimos muchos, y en algunos momentos a un ritmo considerable. Nos turnábamos para ir a por cerveza y disfrutar, también, de lo que nos ofrecían los feriantes.

Dado que estaba trabajando (por amor al arte, pero trabajando), no fui a probar muchas novedades, y aposté en general por cervezas ya conocidas. Así, empecé por la Thymus de Reptilian, que venía en cask y, como novedad, llevaba pomelo en lugar de curasao entre sus ingredientes. Pude probar, luego, las novedades de la feria: la As de Cors de Fordecat (una weizen producida en l'Anjub) y la Barret Belgian Ale, producida en Fortiverd por Hort del Barret.

Pude, asimismo, recordar otras buenas cervezas como las blanenques Marina Pale Ale o la Devil's IPA, o la Tripados y la Supporter de Holz, o la Clot de Birra08. Alguna de ellas fue objeto de maridaje improvisado para la grandísima comida que tomé: unos deliciosos yakisoba con unos maki variados de La Cuina de l'Uribou, y de postres un fantástico brownie de la gente de Bar Seco. En el apartado culinario, el VFC tuvo una oferta privilegiada.


La experiencia en si me gustó mucho: poder ayudar a montar una feria me ha dado una perspectiva diferente e interesante sobre este tipo de eventos cerveceros. Mi tarea principal no fue espectacular, si bien es totalmente necesario tener a gente dando el pistoletazo de salida individual de cada visitante, y si tengo que decir verdad, me pasó volando; que dicen que es buena señal.

En general, la sensación fue que las personas que se acercaron al VFC lo pasaron bien: buena oferta de actividades, de cerveza y de comida, en un espacio amplio y lleno de gente de variada edad y procedencia. Si tengo que ser crítico en algo, mi opinión es que un evento de la veteranía y potencial magnitud como es el Vine a Fer Cervesa, con nueve ediciones a sus espaldas, requiere de una difusión más espaciada y, si cabe, más intensa.

A nivel de lo que viví más de cerca, vasos y guías, creo que el precio ofrecido fue bueno. Si un fallo tuvimos en la mesa de bienvenida fue no disponer de los precios de la buena oferta de libros cerveceros hasta entrada la tarde: mucha gente se quedó con las ganas.

En clave positiva, este año se ha ganado notablemente al gestionar mejor el aprovechamiento del espacio que ofrece el Centre Cívic Cotxeres de Sants, localizando la producción en una de las alas, dejando la nave central para los firaires y unas mesas para que los asistentes puedan descansar mientras toman una cervecita, así como ocupando un buen auditorio habilitado en el edificio adyaciente para las charlas.

Me fui de la feria contento: por la experiencia, por haber compartido este día con buenos compañeros del mundillo: organizadores, colaboradores, visitantes, productores, etc. Además, al final me fui "cenado" gracias a la gente de l'Uribou, que me invitó muy amablemente a un arroz al curry que entró de maravilla.

Y ahora os dejo con un pequeño apartado de Miscelánea:

  • "¿Cómo funciona ésto?"  fueron las palabras que más gente me dedicó durante el día.

  • Mi expresión más repetida fue, sin lugar a dudas, "Salut!". Mis cálculos apuntan a que deseé salud a más de 300 personas durante el día. Mi récord personal.

  • Sí: una persona me pidió: "¿y por 2,5€ me rellenan el vaso indefinidamente en las paradas?". Siempre tiene que haber uno.

  • Uno de los momentos más difíciles para mí fue cuando uno de los asistentes me preguntó, como mucha otra gente, "¿cómo funciona ésto?" seguido de "porque... ¿y qué es la cerveza artesana, qué la diferencia de la industrial?".

    Muy difícil para mí. Quienes sigáis este blog de manera asidua (si es que hay alguien que lo haga) sabréis de mis inclinaciones sobre toda esta temática. Pero ante esta pregunta, creo que no podía confundir al pobre chico que me preguntó, soltando mi tesis de manera extensiva y argumentada apasionadamente. Así que, a regañadientes, le conté lo que habría podido leer en muchos sitios (ingredientes naturales, no filtrada, no pasteurizada, amor, artesanía, etc.).

  • No me llevé ninguna botella de birra a casa; o más bien, sólo una, pero puesta. Vi que Isaac tenía OktoRepFest, y no pude resistirme a degustarla durante unos momentos de tranquilidad. La cerveza, muy curiosa y rica: 100% malta de trigo y con un sorprendente a la par que cojonudamente elegido lúpulo Bramling X. Aroma y sabor perfectos. Con un mejor paladar (sobraba carbonatación) habría sido una experiencia total.

  • Alrededor de 12 personas me expresaron su enojo por lo muy caros que les parecieron los precios del pack vaso+guía. No sé qué vale un cubata en Barcelona, porque raras veces salgo por la ciudad y porque nunca tomo según qué alcoholes mezclados con según que refrescos. Pero tengo varios conocidos y algún amigo que no puede salir con menos de 50€. Al VFC, con 2,5€ contribuyes a la causa, puedes aprender a hacer cerveza por la patilla (sin límite de preguntas ni de ignorancia), te llevas un vaso a casa, una guía y si tomas 9 birras (echas aquí, con el tío que las hace detrás de la barra, etc. etc.) te habrás gastado más o menos 20€. No sé, tampoco está tan mal; digo yo.

  • Mención especial merece la mujer que, llegando con su pareja pasadas las 20:30, me pidió dónde era el curso para aprender a elaborar. Respondí, con tacto, que la actividad se desarrollaba durante todo el día, y que a poco más de una hora del cierre ya había concluido. "¿Y esto no se llama Vine a Fer Cervesa?". "Sí, pero no deja de ser una feria". "Pues nosotros hemos venido expresamente a hacer cerveza, y queremos que nos enseñen a hacer cerveza". "Pero esto era una actividad que se hacía durante el día, y ya ha terminado". "No lo ponía en ningún sitio". En este punto, se queda al margen un rato con su smartphone; al rato me enseña como en la web no ponía nada de ello, y me mira con cara de perdonavidas y mucho resentimiento contra mi persona.

    No valoraré más allá de esto este lance; sólo saludar cariñosamente y con compasión a la pareja de la pájara cabreada, que a diferencia de ella comprendió lo que le contaba y no fue desagradable en ningún momento. ¿Poli bueno poli malo? Quizás... pero hasta que Royal no saque unos sobres para hacer IPAs instantáneas, o se inventen un rollo Isostar (¿IPAstar?), o te pasas todo el día o no se puede aprender a hacer cerveza en media hora.

  • Y por último, una cifra que me dediqué de calcular personalmente: ±900 vasos vendidos.



Espero que para la décima edición, el Vine a Fer Cervesa siga creciendo, y que yo pueda aportar mi granito de arena de nuevo. Salut i birra!



¿Leíste la crónica del VFC 2011? Aquí la tienes: Vine a Fer Cervesa 2011 - La Crónica...

martes, 9 de octubre de 2012

Retrato Birraire...

Probablemente os hayáis dado cuenta, pero llevo un atraso importante en entradas. Que haya mucha cosa para escribir y que, además, cuente con poco tiempo para hacerlo, a la vez que acumulo nuevas experienciasa contar, está creando un tapón de posts importante. Y sino fijaros de cuando viene esto.

Antes de vacaciones, me apunté a un pequeño concurso organizado en el blog The World of Pedro, del artista y compañero gacetillero Pedro Gómez. Para participar, era tan senzillo como pedir que te hicieran un retrato en el comentario de la entrada, valorándose por encima de las demás peticiones aquellas que fueran lo "más estúpidas, dementes, absurdas" posible. Mi texto fue el siguiente:


A la atención del Señor Gómez.

Estimado Pedro,

Aún a sabiendas de que lo que estoy haciendo puede jugar totalmente en mi contra, voy a pedirte si, por favor, puedes hacerme un retrato. Desconozco exactamente que afán o motivación me empuja a pedírtelo, aunque tengo tendencia a pensar que el riesgo, parte natural de mi idiosincrasia, es algo que mi oscura naturaleza no quiere sortear.

Todos estos años que llevo vivo con una misma forma humanoide, mi rostro juvenil se ha encargado de esconder mi verdadera naturaleza: oscura, pérfida, demónica. Debería temer las consecuencias de pedirte un retrato; si bien, lejos de sentir miedo, siento como los poros de mi piel transpiran placer. Tengo ante mí la oportunidad de destapar al mundo la maleza que llevo dentro, mostrar sin pudor mi alma corrupta a través de la obra de un artista, observando la evolución natural que los vicios acometidos y por acometer deberían imprimir en mi imagen exterior.

Dorian Grey temblaría ante una muestra de vanidad tan elevada: repetir sus mismos errores un siglo después sólo puede ser fruto de la ignorancia o de la más absoluta alevosía. Si bien, soy consciente de lo que pido; y tú, estimado Pedro, también deberías serlo. Si mi cabeza da un giro inesperado y, así como el protagonista de la novela de Wilde, decido acabar con la vida del artista, puedes contar con la seguridad y el confort de que tu final será cruel y digno de formar parte de tu maldita colección de arte.

Gracias por darme esta oportunidad.

Birraire.


Si estás pensando que se me fue la olla de una manera más que notable, estás en lo cierto. Pero realmente, si quería ganar, debía pensar en algo así... Y el hecho es que, no sé si por sentirse amenazado o por absoluto desconcierto, Pedro decidió que yo era uno de los dos ganadores del concurso. Aquí podéis ver mi premio:




¿Qué os parece? Gente muy-muy próxima, alguno de los cuáles me ha visto crecer, asegura que el retrato guarda un parecido muy razonable conmigo. Los ojos siempre los llevo a medio aire, pero cuando me concentro en algo (raras veces, pero vamos) sí parece que los abro bastante.

La excepción real, a parte de los granillos, la conformaría la nuez de Adán: de pequeño, tenía muchas ganas de hacerme mayor para tener una marcada y prominente nuez, que sería motivo de orgullo y de exhibición ante personas del sexo contrario; así como para ligar, ya sabéis. Y bien... aquí sigo esperándola. Que malas son las expectativas. Por suerte, para aquellos pobres mortales que no tuvimos la suerte de poder lucir nuestra hombría con una elegante protuberancia en el cuello, alguien se inventó la labia.

Pues nada, agradecer públicamente a Pedro su retrato, y anunciar que este sombrero, el par de ojazos y las babillas que podéis ver en la imagen presidirán, dentro de poco, la barra lateral de este blog. Cuando tenga los cambios de diseño listos, este oscuro retrato os estará observando por el rabillo del ojo.

viernes, 5 de octubre de 2012

Sorpresa Birraire - Septiembre 2012

Entre la dureza de la reentré, después de un plácido verano, y las muchas potenciales sorpresas birraire de este mes, la verdad es que mi ritmo de publicación ha bajado sensiblemente este mes de septiembre pasado.  En este sentido, hoy pongo una primera piedra para que no se repita este escenario en octubre, posteando una de las secciones mensuales que, por ahora, ha estado allí cada mes desde que la iniciara (que tampoco hace tanto, pero bueno...).

En fin, que para el mes de septiembre tenía muchos momentos, cervezas y eventos candidatos a ser la sorpresa del mes: grandes noches madrileñas, birras dignas (y algunas de indignas) de ser mencionadas y eventos variados. De todo ello, por sorprendente, por inesperado, me quedo con algo que ya posteé en su momento: la degustación cervecera en la embajada de los Estados Unidos.

A ser verdad, si cuando empecé a escribir en la Gacetilla Cervecera y a hacer público este blog me llegan a contar que esto me llevaría a apretarme unas birras con el embajador estadounidense en España y Andorra en su casa oficial, me habría hecho un hartón de reír. Pocas cosas de las que me han pasado desde que hice pública mi faceta birraire las habría podido anticipar; pero esta creo que se lleva la palma, y por eso creo que, sin lugar a dudas, merece ser laureada: por diferente, sorprendente y, hasta cierto punto, surrealista.

No os voy a contar de nuevo lo que pasó allí -alivio general-, porque ya le dediqué uno de los pocos posts de este mes a la degustación en la que, por primera vez, pude llegar en traje y no sentirme incómodo. Muchos son los que, especialmente por Madrid, raramente me han visto vestido de calle; en esa ocasión, ver a según que tipejos luciendo sus mejores galas también fue un momentazo. Todo suma, como algunas de las birras probadas allí, o las de después del acto.

La foto es de JAB... y por eso no sale, el pobre.


En todo caso, grata y curiosa sorpresa la de este septiembre. Salut!

lunes, 1 de octubre de 2012

Vine a Fer Cervesa 2012 - Información...

No está claro a qué edad uno alcanza la madurez; supongo que depende de cada caso, pero está claro que generalmente no antes de, pongamos, los 25 (algunos puede que nos quedemos por el camino). Si queremos medir, en los mismos términos, a un evento, sigue sin estar claro dónde establecer ese punto en el que la veteranía es un grado, una virtud; una característica propia y, a mi parecer, positiva. En la misma línea que con las personas, hay ferias que no pretenden llegar a dejar la edad del pavo.

No es el caso del Vine a Fer Cervesa, que con ocho años a sus espaldas encara su novena edición como la feria decana en el panorama cervecero local, siendo un referente en la generación de cerveceros y difusión de lo que llamamos (o mal llamamos) cultura cervecera. Nadie podrá negar la gran labor de difusión y proselitismo de todos los organizadores y colaboradores del VFC, que lleva casi una década formando aficionados en el arte de la elaboración casera de esta querida bebida nuestra.

Preguntas: ¿Cuando? Fácil, el 6 de octubre, a partir de las 11 de la mañana. ¿Dónde? Como ya viene siendo habitual, en el Centre Cívic Cotxeres de Sants, en la ciudad de Barcelona.

Para los más despistados, como bien indica su nombre, el Vine a Fer Cervesa (ven a hacer cerveza... estaba claro, ¿no?) se trata de un evento durante el cual se enseña, en riguroso directo, a producir cerveza a los asistentes, que pueden participar en la elaboración. Asimismo, varios feriantes ofrecen sus productos; a saber:
  • 16 stands cerveceros: EdBeer, Reptilian, Les Clandestines, Birra08, Gothia Launia, Marina, Moska, Homo Sibaris, Guinea Pigs!, Popaire, Segarreta, Holz, Barret, As de Cors, Jo en Vull y Espiga.

  • Y, para esta edición, dos paradas de comida de lujo: La Cuina de l'Uribou (comida japonesa, cariñosamente cocinada por japoneses) y Bar Seco (un bar de Poblesec, ligado al movimiento Slow Food).


Como ya es norma, habrá varias actividades durante el día. Aquí os las anuncio:
  • Taller: “Los sentidos y su función en la cata”, a cargo de Guillem Laporta.
  • Charla: “Teoría del proceso cervecero paso a paso”, a cargo de Pablo Vijande.
  • Taller: ”Las levaduras de Fermentis y su uso”, a cargo de Pierre Basayaux (Fermentis).
  • Taller: “La detección de los defectos en el gusto de la cerveza”, impartido por Antonieitor (Cerveceros Caseros).
  • Charla: “Introducción al lúpulo: variedades y cultivo”, a cargo de Rafael de Amos y Edgar Rodriguez.
  • Taller: "Países cerveceros fundamentales y cata de estilos clásicos”, a cargo de Guillem Laporta.

Para asistir a estas actividades, uno se puede apuntar allí mismo. Pero para quienes tengan claro que van a asistir, pueden hacerlo con antelación, y con un descuento interesante, a través de la página web de Cervezas.info.



Pero... ¿qué tiene de especial, para mí, esta novena edición? Pues bien, que la voy a vivir "desde el otro lado". Efectivamente, recibí convocatoria de Pablo Vijande para tratar, en una reunión, la organización del evento; y para implicarse activamente en éste. Pensé que podría ser bonito vivir una feria como el VFC desde la organización, además de darme una mayor perspectiva de todo lo que no se ve en este tipo de eventos. Así que no dudé en apuntarme.

Aunque si una cosa desconocía, y más me motivó a participar, es que el VFC se hace por amor al arte; sin ánimo de lucro. Se trata, ni más ni menos, de divulgar, hacer llegar el mensaje de que la cerveza tiene más vertientes que la refrescante, enseñar cómo producirla y, en general, hacer crecer este verde pero esperanzador panorama cervecero que tenemos en la actualidad.

Así que ya lo sabéis: pasaros por las Cotxeres de Sants, apuntaros a actividades o ir a tomar unas cervecitas  con colegas. Disfrutad de la cerveza y de esta gran aportación a nuestra sociedad, nacida de una iniciativa de la asociación Humulus Lupulus en 2004, que lleva enseñando y haciendo disfrutar a un montón de cerveceros.
Bonus track... Algunos parece
que prestaron mucha atención...

Probablemente sea la primera feria en la que no me excusaré antes de tiempo... Habrá que buscar alguna manera...

Salut i per molts anys VFC!