miércoles, 30 de noviembre de 2011

De paseo por la capital de los Países Bajos... (parte IV)

El viaje a Amsterdam llegaba a su fin el domingo; sólo nos restaba visitar alguna iglesia y mercado que nos quedaba apartado dentro de nuestras rutas anteriores. Asimismo, quedaba una de las partes más emocionantes también: la compra de botellas para gozar de cerveza local pausadamente desde casa.

Con los dos chascos del día anterior (Cracked Kettle cerrada y la no-visita a la Brouwerij 't Ij), el balance de cervezas compradas indicaba la cantidad de 6 unidades. A priori podía comprar algunas más para no pasarme del peso límite que impone Transavia para las maletas facturadas. Así, después de unos largos y tranquilos paseos por las calles y canales de Amsterdam, nos plantamos en De Bierkoning un poco antes de que abrieran. La sorpresa agradable fue ver que no estábamos solos, sino que había otros cerveceros (cinco, pero algo es algo) esperando que abrieran la tienda que, ahora sin The Cracked Kettle, es ya sin duda la que mayor y mejor surtido cervecero ofrece en la capital neerlandesa.

El escaparate y lo que podía verse de interior era fascinante. Empecé a temer que no abrieran más tarde de lo que indicaban sus horarios... Pero al cabo de nada vi como un chico empezaba a sacar montones y más montones de cajas de cerveza, con botellas ya vacías, algunas con swingtop (o tapón de cerámica), que me habría gustado requisar (pero cuando voy al extranjero, generalmente, me porto bien). Cuando ya no quedaban cajas, nos indicaron que ya podíamos entrar y, ante las ganas de avalancha de algunos (más grandotes que un menda), cedí el paso a los bárbaros antes de entrar.

Cualquiera podría dejarse su
sueldo entero con un arrebato...
(sólo es una parte de la tienda)

Ya dentro, mi boca quedó permanentemente abierta durante bastante rato mientras admiraba un local lleno de estanterías, a su vez llenas de cervezas. Cartelitos, copas a mansalva, cajas, (¡Westvleterens!), y birra de todas las principales nacionalidades, con auténticas rarezas. Mi mujer contemplaba astónita mi actitud, detectando prontamente mi decisión de reprimirme y girar la espalda a la mayoría de estanterías, una vez localizadas las holandesas. Con un único intento: "¿has visto qué belgas tienen ahí?" le quedó claro que no quería/podía verlo ("las he visto, pero no las puedo mirar"). Alguien podría pensar que es una tontería, y probablemente lo sea, pero me cuesta muchísimo decir que no a tanta cerveza apetecible, y dado que había limitado mi compra a 6 botellas más, no tuve suficientes agallas como para observar con atención todo el stock de cerveza y descartar joyas por el simple hecho de no ser neerlandesas.

Cristalería por doquier...

Centrándome, pues, en el material local, tengo que decir que también me costó un montón. Sin embargo, empecé a seleccionar algunas, con distintos criterios, hasta que tuve mi séquito de cervezas seleccionado. La idea era coger seis marcas distintas, y aún sabiendo que De Molen (y últimamente Emelisse) son más o menos fáciles de obtener, no pude dejar escapar la oportunidad de adquirir sus botellas a unos precios, más que asequibles, increíbles. De la del molino me quedé una de las que no había visto nunca por tiendas físicas u online españolas, la Tsarina Esra (Imperial Porter, no la Reserva), que de hecho anunciaban como novedad en De Bierkoning. Al llegar del viaje, entró como novedad también en Zombier... -suspiro- pero mira, ya la tengo y punto.

De Emelisse me quedé otra novedad (cabe decir que, excepto una, todas las que me quedé estaban marcadas como tal): la White Label, un Barley Wine envejecido en barricas de Jack Daniels. Una gozada de la que espero disfrutar pronto.

En este punto, mi yo coleccionista exigía, al menos, un tapón chulo. Fue así como, después de pensarlo un rato, cogí la Urthel Samaranth, una Quadrupel más o menos conocida, que hacía tiempo que quería degustar, pero que no había encontrado por ningún sitio. Fue volver de Holanda y encontrármela en la Cervecería Europa de Madrid. RABIA.

Toma festival me voy a pegar...

Las otras que cogí eran totalmente desconocidas para mi (la marca quizás no, pero la cerveza en sí totalmente). La Jopen Jacobus RPA fue una de éstas, que como podéis intuir por su nombre es una (Rye) Pale Ale con centeno. Quería otra Mommeriete, así que compré la Heer van Gramsbergh, una Strong Ale que según cuentan estaba pensada como Imperial Stout, pero que el uso de un 15% de malta ahumada cambió el resultado sensiblemente. Por último, una rareza de las buenas, de una divertida micro llamada De 7 Deugden (las siete virtudes), aparecida en Amsterdam justo el año pasado (2010). La cerveza en cuestión se llama Vlier + Fluiter, y es una Sour con bayas del saúco (para quien le pueda sonar más, la palabra inglesa elderberries).

La otra parte del botín, ya sin la caja protectora...

Una vez las tenía todas en mi cestita de la compra (te daban una cestita muy mona para tu compra, pero poco efectiva para transportar cerveza sin tumbarla y que las botellas se golpearan entre ellas), cogí unos posavasos que tenían gratis "for customers only" (sólo para clientes) y me dirigí a la caja. El chico de De Bierkoning aplaudió mi selección, así como el hecho de que fueran todas locales. Las más celebradas fueron la Emelisse White Label y la De 7 Deugden Vlier+Fluiter. De la primera me dijo que alucinaría, que a él le pareció sublime. Con la segunda sentía un vinculo especial, pues la Brouwerij De Zeven Deugden es amsterdaniana, y desde que empezaran se están ganando un sitio entre las grandes cerveceras a base de hacer cervezas muy peculiares y rompedoras, la cual cosa, me dijo, era motivo de orgullo para los cerveceros locales. 

No podía faltar...

Pude charlar también un rato con él, y como no volvió a salir el que me parece ya el tema número 1 cuando vas al extranjero en ambientes birreros: la cerveza italiana. Supongo que ayuda el hecho de que, allí donde voy, siempre nos confunden (a mi mujer y a mi) por italianos. También hablamos de alguna micro catalana, que las conocía gracias a una escapada que hizo a Barcelona, visitando algunos sitios, entre los que me destacó especialmente La Cerveteca, por su variedad de cervezas y situación de privilegio.

Terminada la visita a la que, para mi gusto, es la mejor tienda cervecera que he visitado en el extranjero, procedimos a escoger restaurante para la comida, dado que el que teníamos planificado había cambiado de manos (y nombre) y no nos gustó la pinta que tenía. En su lugar, y para estar cerca del hotel en vistas a marcharnos, escogimos la Old Dutch Pancake House, justo en el Bloemenmarkt (mercado de las flores), y con especialidad en tortitas y dulces variados. Pudimos comer unos ricos pancakes y unos postres de vicio, con muy buen trato por parte de todo el personal. En esta ocasión, la cerveza tomada fue la que pensaba que no iba a tomar en toda mi estancia por Holanda, pero no había alternativa (tampoco me molestó): ni más ni menos que una Heineken. Sobre las historias de si sabe mejor en los Países Bajos o no, decir que he tomado Heinekens lamentables en Barcelona y Madrid (otras no), y ésta estaba al punto. Quizás sea verdad.

Y con todo esto, sólo falta añadir a modo de curiosidad que me hicieron una encuesta de satisfacción en el Aeropuerto de Schiphol sobre las instalaciones mientras esperaba para embarcar, y que les dije que todo muy bien excepto que en los Duty Free no había cervezas.


Había mucho posavaso suelto
por Amsterdam...

En resumen, una escapada genial en lo cervecero y lo no cervecero. Sufrí (como siempre) con las pobres botellas viajando en la maleta y siendo presumiblemente maltratadas en ambos aeropuertos, pero no hubo incidencia alguna y ya están todas resposando desde hace unos días en la oscuridad de mi bodeguita. Mi yo coleccionista también volvió contento, con nuevo material para mis múltiples colecciones (chapas y, especialmente, posavasos). Además, pude traerme también una etiqueta ampliada y hecha cartelito de una de las birras de la Brouwerij 't Ij, la Ijnde Jars, que por desgracia no pude tomar ni comprar en ningún sitio.


Antes de terminar, me gustaría agradecer en especial a Gabriel su amabilidad y buenos consejos para preparar la parte cervecera del viaje. Con su ayuda, tuve la certeza en todo momento de que, en cuanto a cerveza, el éxito estaba asegurado. A parte de ser una persona con un amplísimo conocimiento en materia cervecera, es un gran compañero.

En cuanto a mi próximo viaje, la verdad es que no tiene pinta de tener un gran contenido cervecero a priori... si bien haré lo posible para que así sea. En todo caso, si hay alguna cosa interesante, la compartiré con todos vosotros.

¡Saludos!


7 más "pa" la saca. Como me gusta
la de 3 Floyds... La de Mommeriete
me la jodieron... pero tengo otra :-).
El divertido cartelito que pude coger
en la 't Ij.














Puedes ver las demás entregas de esta serie en los siguientes enlaces:

De paseo por la capital de los Países Bajos (parte I)
De paseo por la capital de los Países Bajos (parte III)

lunes, 28 de noviembre de 2011

De paseo por la capital de los Países Bajos (parte III)

(sigue el día empezado en la parte II)

Volvimos, relajadamente, a la zona céntrica de la ciudad para ir a uno de los sitios más esperados: The Beer Temple. Se trata de un pub cervecero con la particularidad de centrarse en material yankee, y aunque por la mañana habíamos pasado por delante y se podía intuir que el sitio valdría la pena, nunca habría podido anticipar lo que encontré (y lo que tomé) allí.

Cualquier problema, queja o chasco anterior quedó en el olvido al cruzar la puerta, justo momento en el que pude divisar un interior pensado y ejecutado para la práctica de hincar el codo con y sólo con cerveza. Pizarras por todos los sitios auguraban un menú de cervezas extenso y variado, y con cuatro miradas rápidas empezaron los temblores de emoción, al identificar algunos nombres clave. Treinta tiradores en fila, detrás de la barra, y con su mango oficial cada uno, no hicieron ningún favor a la necesidad que empezaba a tener de sosegar mis emociones. Después de mucho rato mirando y remirando mi alrededor desde el buen sitio en el que nos sentamos, tenía que decidir: ¿muchas de menos precio, pocas de precio alto, mix-mix? Mi mente daba vueltas sin parar, tenía un sinfín de dudas... si bien la cara de "no te pases y decide de una vez" que vi en el rostro de mi querida esposa desatascó mi cerebelo y me decanté por dos birras concretas (de las caras, ¡que no cada día te las encuentras!): una Three Floyds Pride & Joy y una Neither, una colaboración de Cigar City y Grassroots. La sonrisa de complicidad del camarero y un breve "nice" al hacer mi pedido, anticipaban algo descomunal.

Redefinición de session
beer.

Y bien, queridos compañeros cerveceros, ¿qué puedo contaros yo desde este humilde blog? Ambas cervezas fueron un shock brutal. La Pride and Joy sería más o menos una Amber, aunque 3floyds te la vende como una Mild Ale americanizada. La idea de vincular esta cerveza con un estilo tan británico como las Mild no me pareció nada descabellado, dado que pude imaginarme a mi mismo (con dinero, claro) tomándome pinta tras pinta de Pride & Joy. Si no fuera tan cara, sería una fantástica session beer para tomar en uno de esos encantadores pubs de una remota población en medio de Inglaterra. Me enamoró por igual en nariz que en boca, con un equilibrio entre malta y lúpulos ideal, carácter afrutado compensado por unos suaves pero notorios toques a pino y caramelo. De cuerpo medio y ligera carbonatación, la sensación en el paladar fue altamente placentera. Al cabo de un rato, aparecieron notas a fresa muy interesantes en nariz. Un lujo de cerveza de sesión.


¡Apártate, que llega
Neither!

La Neither otro rollo. Una American Double IPA en su máximo esplendor, con ganas de provocar, sastisfacer y reventar algún paladar, ya de paso, con su muy amargo final. Explosión de lúpulos en nariz y boca, gran variedad de frutas pero destacando sobretodo los cítricos; pino, hierba y un fondo de malta que sin ser muy notorio daba su toque para equilibrar semejante barbaridad. Carbonatación ligera y cuerpo medio completaban una cerveza que me acompañó más de una hora después de haberla tomado. Una IPA extrema y exótica; cero alcohólica aún con sus 9,25% ABV. Cuando estaba reposada, me pareció detectar toques de hojas de té negro en el aroma. Una cerveza muy compleja, fruto de la colaboración de dos grandes en el arte cervecil.


Los bonitos tiradores... No os
cuento lo que llegué a ver
en las distintas neveras...

No quería abandonar el local sin explorarlo a fondo y visitar todos sus rincones. Vi colecciones de todo tipo: tiradores de las distintas breweries americanas, botellas, cartelitos, chapas, etc. Los chicos que regentaban el Templo, a parte, eran muy simpáticos, y en el momento de pagar me interrogaron sobre las cervezas que había tomado. Fue así como tuvimos una breve charla cervecera bastante interesante, en el que pudimos hablar, entre otras cosas, de cervezas italianas y españolas.

Las pizarras del vicio...

Y así es como me fui más que contento directo a cenar, a fin de seguir con una exploración cervecera de carácter más local. ¿Que habría podido tomarme alguna cerveza más en Beer Temple? Sí, por supuesto; pero, cervecísticamente, el día no había concluido, y los matrimonios también se pueden salvar de forma preventiva. Partimos, pues, dirección a la Pancake Bakery, un restaurante típico y muy apreciado por los amsterdamers donde se pueden comer unos deliciosos y típicos pancakes (o panqueques... aunque seguiré llamándolos pancakes si no os molesta, ya que particularmente siempre

Palm tirada sin cariño.
me ha parecido una adaptación de la palabra inglesa un tanto lamentable). Para acompañar esta viciosa cena tuve que escoger entre cervezas normales; seguramente influenciado por mi recuerdo en mente y boca de la Neither no pude disfrutar excesivamente  una triste Palm de barril (sospecho que, además, me la tiraron con los pies y no con las manos...). El sitio, sin embargo, queda muy recomendado para quien quiera unas buenas y sabrosas tortitas (para usar otra posible palabra).

El día estaba llegando a su fin, según nos indicaba nuestro planning; quedaban, aún así, dos paradas: el Biercafe 't Arendsnest y el Red Light District (o Barrio Rojo). Aunque muchos mortales habrían pasado por el primero para desinhibirse en vistas al segundo, la verdad es que yo no tenía ninguna prisa para la última visita, y sí cierta ansiedad para descubrir el Arendsnest. En este caso, después de subir unas escaleras frontales, entramos en un edificio típico amsterdanés, justo delante de uno de los canales, y al pasar la segunda puerta para entrar al local propiamente descubrimos un pub alargado, lleno a rebosar aunque íbamos temprano, con muchas pizarritas (es de los mismos dueños que el Beer Temple, de hecho) y una carta de cervezas con 
Bien.
acento exclusivamente neerlandés. De casualidad, pudimos sentarnos en la barra, aprovechando la marcha de una pareja, y después de observar bien las posibilidades anunciadas en tiza, pedí a un muy simpático camarero si tenían un "beer menu", y con una sonrisa me trajo una gruesa carta, como de restaurante apañado de menú, con TODAS las cervezas que podía llegar a tomar, que no eran pocas.

Empezamos la ronda neerlandesa con una Maallust Weizenbier, una Wit típica salvo por su marcada dulzura y unos interesantes toques de manzana y uva verde. No romperá moldes, pero sí que sabía muy natural y era altamente bebible. La siguiente, otra historia: Emelisse Black IPA. Hacía tiempo que quería probar una Emelisse, y finalmente pude saciar mi sed con un grandísimo ejemplar de barril. Se trata de una cerveza muy compleja, con lúpulos y malta

Emelisse BIPA, deliciosa.
empatando en una lucha para la preponderancia en aroma y sabor, con agradables toques de chocolate, café y caramelo quemado en conjunción con  notas a pino y cítricos. Con un cuerpo medio-alto y paladar muy suave, el retrogusto era intenso y muy placentero. Una cerveza que me gustaría tener fija en casa, para aquellos días que necesitas el punto amargo pero refrescante de una cerveza subidita en lúpulo y la relajación que siempre asocio a las Stout.


Potente...

Después de un lavado de boca con pan y agua, pude concentrarme en la que sería la última cerveza de la noche. En este caso opté por una sugerencia del compañero Gabriel (de Zombier), que me había recomendado que probara las cervezas de una cervecera bastante desconocida en los Países Bajos, bajo el nombre de Mommeriete. Después de probar uno de sus ejemplares, no me sorprendió ver que empezaba, ya, a ser una cerveza no tan remota. Escogí la Scheerse Tripel, que con sus 9,2% ABV me hizo disfrutar de su aroma perfumado e intenso, de carácter dulce, cítrico, con un fondo de malta y toques a cereal, levadura y algo de lúpulo. En boca se notaban los toques alcohólicos, si bien daban fuerza y carácter a una cerveza con bastante cuerpo, que terminaba seca y dejando un agradable sabor.

¿Os gusta mi local? Fíjate cuantas referencias locales
tenemos en barril...

Luego nos fuimos de este buen local, que la verdad es que tenía un encanto especial. El barrio rojo nos esperaba, pero dado que el placer que yo buscaba era cervecero mi visita duró lo que un breve paseo por las calles principales y algunas callecitas más estrechas. De mi opinión sobre el Barrio Rojo podemos hablar otro día entre cervezas (aunque os puedo adelantar, con matices en un sentido y en otro, que no es estrictamente negativo).

Sólo nos quedaba medio día en Amsterdam. Faltaba, sin embargo, cargar la "maleta de las cervezas". Próximo episodio en tu casa.
Biercafe 't Arendsnest, por fuera.


Puedes ver las demás entregas de esta serie en los siguientes enlaces:

De paseo por la capital de los Países Bajos (parte I)

viernes, 25 de noviembre de 2011

De paseo por la capital de los Países Bajos... (parte II)


Amaneciendo en la otra ciudad de los canales...
El sábado era el día fuerte de la escapada por Amsterdam, cervecísticamente hablando. Si no fuera porque soy una persona responsable, diligente y dedicada cuando toca dormir, podría haber pasado fácilmente la noche en blanco pensando en lo que me esperaba. Desayunando tranquilamente por la mañana, poco podía imaginarme, aún así, el par de chascos que me llevaría.

El día empezó sin cerveza, con una muy interesante visita a la casa de Anne Frank, seguida de unos paseos por barrios e iglesias de la zona noroeste de la ciudad. Después bajamos a la zona más céntrica, gozando de un mejor día que no el anterior (¡a ratos teníamos hasta sol!); no es que nos hiciera un frío extremo, pero la ventisca que sopla incesantemente en la capital neerlandesa te llega a los huesos si no vas prevenido. Una vez allí, pudimos ver el bonito Begijnhof (beaterio) y, saliendo, nos dirigimos al restaurante elegido para nuestro almuerzo, el Haesje Claes.

Haesje Claes. El sitio es precioso, y se come muy bien
Como en el caso del día anterior, escogimos un restaurante de comida tradicional local. Esta vez, aunque realmente apetecía volver a comer otro delicioso y cálido Hutspot (para así, también, poder comparar ambos restaurantes), variamos y pedimos un fantástico solomillo de ternera con champiñones (súper sabrosos y naturales) y salsa Bearnaise (una especie de mahonesa suave y acebollada, bastante líquida, emulsionada con huevo y mantequilla). Para beber, me gustó comprobar que había carta de bebidas, y que en ella tenían varias cervezas.

El camarero, un venezolano bastante majete, al traerme la carta me indicó lo siguiente, señalando un grupo de cervezas: "estas cervezas son así como casi orgánicas". Concretamente me indicaba las que tenían de Brouwerij 't Ij y las de Brouwerij De Prael. Suerte que iba con la lección aprendida y sabía de buena mano que, directamente, eran orgánicas, porque el "así como casi" podría haberme hecho sospechar cosas raras. Dado que la fábrica de Het Ij sería la visita de la tarde, opté por probar todo el surtido que tenían de De Prael.

Nah...
Empecé con la de trigo para mi mujer (que, sin no antes advertirme de que no me pasara con mis sorbos, me dejó degustar amablemente), la De Prael Heintje. Se trata de una Witbier de aroma muy fresco y natural; más intensa en nariz que en boca. El paladar pinchaba, siendo de cuerpo más bien ligero y algo aguada. Ligera y refrescante, podría mejorarse a mi parecer. Otra cerveza ecológica más para alimentar las bocas críticas con este tipo de cervezas.

Correcta.
La siguiente fue una De Prael Johnny, presentada como Kölsch en su envase. De nariz suave pero agradable, con toques cítricos, de melocotón dulce, paja y un toquecito de levadura y lúpulo. En boca ganaba intensidad, consiguiendo además un agradable paladar, bastante superior al de su hermana Heintje. Una cerveza que, sin levantar pasiones, bajó placenteramente, con suma facilidad, y que además acompañó de maravilla la fresca ensalada verde que pedimos de entrante.

¡Original!
Finalmente, la más contundente de las tres llegaba con el nombre de Mary. Esta cerveza merece un hurra a la originalidad, aportando nuevas sensaciones y matices dentro de su estilo con su particular paladar, que resulta muy curioso al empezar y que engancha cuando la copa va por la mitad. Se trata de una Tripel muy afrutada tanto en nariz como en boca, con notas de melocotón evidentes, pero también de fresa, pera y algo de cítricos. Levadura, toques especiados y suaves pero notorios lúpulos herbales completan un abanico de aromas y sabores que vienen acompañados de un muy buen cuerpo y una densidad y sensación en boca extrañamente parecida a la del zumo de melocotón.

Sólo con la De Prael Mary me habría quedado contento ya ese día; aunque mis cervezas insignia son más bien clasiconas, me gusta mucho encontrar (y probar, lógicamente) este tipo de birras que han sido creadas para desafiar la convencionalidad y aportar algo nuevo. Una cerveza para la polémica, de las que nos dividen entre los que nos encanta y los que no le ven la gracia por ningún lado. 

Lo que queda de la Cracked Ketlle.

Después de esta buena sesión gastronómica en Haesje Claes, tocaba una tarde de devoción a la cerveza, empezando por una visita a la mítica tienda The Cracked Kettle (famosa en internet por una polémica con la venta de Westvleteren a través de su tienda online) y la esperada visita a la Brouwerij 't Ij. ¿Verdad que  antes os hablaba de un par de chascos? Pues aquí llegaron ambos, cogiditos de la mano. The Cracked Kettle ya no existe. Después de recorrer 10 veces los 50 metros de callecita donde debía encontrarse, mi mujer vio un cartelito de cerveza detrás de los cristales empapelados de en un local abandonado.

Una fachada de lujo.
Tuve una desilusión importante, pero me quedaba una tienda a priori más interesante en la recámara, y además dentro de nada estaría visitando la "micro del molino" de Amsterdam. Sin embargo, después de un camino nada despreciable en distancia, nos plantamos al precioso local de Het Ij, y pedí a uno de los chicos de la barra tiques para el tour de visita. Con previsión me había encargado de confirmar días y horas de visita por correo electrónico, no fiándome de una información algo confusa en la página web. El chico, a parte de bastante mal educado, parecía no estar bien informado o, al menos, sin ganas de atendernos, pues nos indicó que las visitas eran sólo los viernes y los domingos. Después de buscar mi correo de confirmación y enseñárselo a otro chico (con un grado de amabilidad notable, y más después del otro capullín), me comentó que sí había visitas, pero que para ese día ya estaban completas (¡y eso que llegamos con una hora de antelación!). Ya sabía que no reservaban, pero no me esperaba tanta demanda, sinceramente.

Pizarra con sus cervezas, y parte de las
muchas botellas que había en las
estanterías.
Todo esto dolió, y más teniendo en cuenta que en la visita se podían probar todas las variedades básicas que producen a un módico precio. Por un momento me vi marchándome cabreadísimo del sitio, sin mirar atrás y desterrando la marca del avestruz de mi vida cervecera para siempre. Después de unos momentos de reflexión, aún así, mi mujer me indicó que había un pack de 6 cervezas a 9,5€... así que salí un poco menos dolido con mi pack bajo el brazo, que además del precio tenía la clara ventaja de proteger bien las botellas en vistas al viaje de vuelta.

Respecto al local, destaca su imponente exterior, con un molino auténtico (el único que queda en la parte más céntrica de Amsterdam). Disponen, asimismo, de un beer garden delante del local, muy agradable y concurrido por amsterdamers que aprovechaban el solecito y disfrutaban de su vida social.
  
Dentro, un no parar de servir más y más cerveza de barril a sólo 2€ (si una cosa me sorprendió en general de Amsterdam es el bajo precio de la cerveza). La decoración bastante simple pero atractiva para los amantes del coleccionismo, con estanterías llenas de botellas antiguas (algunas auténticas joyas) de cervezas de todo el mundo (vi unas cuantas San Miguel con más experiencia que uno en esta vida). Detrás de la barra se intuía, a través de un discreto cristal, toda la maquinaria responsable de aquel líquido que no cesaba de fluir de los tiradores.

Sirven, además, multitud de snacks, y hasta un queso orgánico de oveja producido en una granja de las afueras de Amsterdam. No lo probé porque aún tenía la comida muy reciente, pero me habría gustado. La curiosidad es que, semana a semana, el granjero que produce este queso se lleva las sobras de malta utilizada para que sus ovejas se alimenten de éstas.

En conclusión, que dejando de lado al camarero inútil, sin duda se trata de un sitio al que iría con frecuencia si lo tuviera cerca.

Este navideño pack me devolvió la ilusión... En la foto
las botellas en casa, a salvo después del viaje.

 (Y aquí voy a tener que cortar, porque aún falta lo bueno y ya me he enrollado un rato... ¡la tarde-noche de sábado en la parte III de esta serie de posts!).

Puedes ver las demás entregas de esta serie en los siguientes enlaces:

De paseo por la capital de los Países Bajos (parte I)

martes, 22 de noviembre de 2011

De paseo por la capital de los Países Bajos... (parte I)

Hacía ya un tiempo que no hacíamos una escapada con mi mujer, así que aprovechamos y nos fuimos a visitar una ciudad que no conocíamos aún y de la cual teníamos muy buenas referencias: Amsterdam. El objeto principal del viaje era la visita de la ciudad, sus calles, canales, edificios, museos y plazas emblemáticas; sin embargo, trazamos una planificación en la que pudiera entrar todo, y es así como pudimos gozar también de unas cuantas experiencias cerveceras.

Después de pegarnos un buen madrugón, llegamos a Amsterdam y nos instalamos en el hotel. A partir de aquí, empezamos la visita de la zona sur-oeste de la capital holandesa, visitando sitios como la Muntplein, el Mercado de las Flores (Bloemenmarkt), Leidseplein o Vondelpark. Después de esta primera vista de la ciudad, en la que pudimos comprobar lo caótica que puede llegar a ser con tanto turista, tramvía y bicileta, hicimos nuestra primera parada gastronómica programada, no muy lejos de Vondelpark. El restaurante The Pantry fue el elegido para comer, y fue una muy buena apuesta.

Según el guión...
Allí pedimos comida local, concretamente Hutspot (patatas troceadas mezcladas con ternera guisada, zanahoria y cebolla) con albóndiga y salchicha ahumada. Una delicia que os recomiendo que probéis. Antes de empezar probé dos cervezas típicas a modo de aperitivo: la Wieckse Witte y la Wieckse Rosé. La primera es una Witbier simple y sin compliaciones; está bastante rica. La Rosé, como era de esperar, es coger un poco de la Witte y añadirle jarabe súper artificial para darle sabor "como de frutos rojos"; y aunque bebible, no fue fruto de mi devoción.

¡Sorprendente!
En un mundo ideal, en el que yo ya habría probado todas las cervezas habidas y por haber, me hubiera pedido alguna de las referencias trapistas que tenían en carta (la mayoría de La Trappe) para acompañar la riquísima comida que os he comentado hace unas pocas líneas. Sin embargo, dado que uno no puede descansar de sus deberes birraires ni cuando está de viaje por placer y ocio, pedí una cerveza que no tenía controlada y que, además, tenía cartelitos publicitarios en cada mesa para que no pudiera pasar por alto dicha circunstancia: la Amstel Bock. Aquí, quien no la haya probado, podría llegar a pensar que pinché pidiendo esta birra, pero lo cierto es que fue sorprendentemente decente, hasta el punto que puedo asegurar que me gustó y que fue una buena compañera para devorar la comida tradicional holandesa que habíamos pedido. Bastante intensa en sabor y básicamente maltosa y dulzona, la Amstel Bock fue, para mi, la tapada del viaje.

Recomendado queda. Gran recuerdo el que nos llevamos
de este restaurante.

Edificio Heineken, en el centro de
Amsterdam.
Por la tarde, en el planning inicial, habíamos incluído la realización del tour de la Heineken Experience. Finalmente, después de consultar extensivamente mis posibilidades, en parte vía la experiencia de otros compañeros, y además teniendo en cuenta que debía conciliar las visitas y actividades cerveceras con unas cuantas-muchas de no cerveceras, decidí que prefería visitar una micro de la ciudad, además de algún pub adicional y el hecho de no tener que negociar con la jefa la compra de cervezas raras o la cantidad de botellas que se vendrían de vuelta a casa conmigo. La verdad es que mi yo coleccionista, el que va por la calle y se emociona solamente con los carteles de los bares con motivo cervecero, me empujaba a ir, además había podido leer en el blog de Txema que valía la pena. Sin embargo, finalmente aposté por otras ofertas cerveceras que tiene la ciudad de Amsterdam que no tienen un carácter tan marcadamente turístico, y acabé descartando la Heineken Experience.

No es la Heineken Experience,
es una atractiva tienda oficial.
De esta manera, la tarde fue tranquila, visitando la zona de los museos (Museumplein), Rembrandplein, un par de mercados (Albert Cuyp y en Waterlooplein) y el barrio judio. Ya más tarde nos fuimos a un sitio que me recomendó Gabriel (de Zombier) y para tomar algo y luego poder cenar bien: De Zotte. Se trata de una cervecería pequeñita estilo belga, siempre abarrotada de gente. Con mucho ambiente y una decoración cuidada y acogedora, disponen de una carta extensa de cerveza belga, muy conocidas la gran mayoría de ellas.

¿Fácilmente superada?
Primero nos dijeron que para cenar lo tendríamos mal porque estaba todo reservado, pero al cabo de un rato mi mujer, con una hábil maniobra, consiguió dos sitios fantásticos en un extremo de la barra mientras yo miraba la decoración "to despistao". Pedí a las chicas de De Zotte si tenían alguna cosilla escondida fuera de carta, pero me indicaron que sólo la cerveza de la semana (Vicaris Tripel), y que ya no les quedaba. Me imagino que tampoco les pareció el mejor momento para que un guiri les pidiera las cervezas raras que no están en la carta, dado que no disponían ni de 10 segundos para respirar de trabajo que tenían.


Gran Tripel.

Con eso, pedimos nuestra cena. Me apetecía probar los platos cocinados con cerveza (Sopa con Affligem Dubbel, Filete de Ternera con salsa a la Tripel, Pastel con Quadrupel y algo más que no consigo recordar), pero tenía el estómago muy mal desde la última semana, y opté por una simple ensalada con queso de cabra, que me entró muy bien. La quiche que pidió mi mujer también estaba estupenda. Destacar que toda la comida la acompañaban de dos platos previos con ensalada y patatas fritas (por si quedaba alguna duda del carácter belga del sitio), con un híbrido entre mahonesa y all-i-oli dulce que estaba de brutal. En cuanto a cerveza, fui a por dos clásicos que hacía tiempo que no probaba: St Bernardus Tripel y Abt. Ambas geniales, por supuesto, si bien me sorprendió comprobar que, al degustar la Quadrupel (Abt) se me pasaron por la cabeza unas cuantas birras de estilo similar que la superaban (para mi gusto).

Y saliendo de De Zotte ya sólo nos quedaba volver al hotel, que al día siguiente teníamos más visitas y teníamos que descansar las horas que no habíamos descansado la noche anterior. Era necesario, además, cargar las pilas ante el día más cervecísticamente interesante...

Buen ambiente, buena cerveza y buena
comida. Para los nostálgicos de Bélgica.

Puedes ver las demás entregas de esta serie en los siguientes enlaces:

De paseo por la capital de los Países Bajos (parte II)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Presentación de la Cervesa Mandril...


Este viernes 25 de noviembre se presentará en Manresa la cerveza de los amigos de BeerCentre: Mandril. Se trata de una Pale Ale elaborada en Ca l'Arenys, que cuenta con una atractiva imagen de marca que, según me han comentado, se traducirá en la generación de un montón de material de breweriana: posavasos, chapas, carteles, etiquetas, etc. Los que somos coleccionistas ya nos frotamos las manos :-).

El Senyor Mandril, y la que será
la etiqueta de su primera cerveza
Hasta el momento, el Senyor Mandril ha huido de los micrófonos y las cámaras. Los responsables de BeerCentre, por su parte, no han querido desvelar mucha información acerca de la cerveza ni de todo lo que rodea a esta nueva personalidad (el señor Mandril) del panorama cervecero catalán. Aun así, hace unos meses pude probar en exclusiva una de sus botellas, y puedo adelantaros que se trata de una cerveza suave dentro de su estilo, muy bebible, con toques de lúpulo amarillo evidentes y amargor moderado. Una buena apuesta para conquistar el paladar de los manresans (y de todo aquel que se acerque) que aún no se han atrevido a pasarse al placer de las cervezas con un contenido (al menos) notorio de lúpulo.

Así pues, el viernes a partir de las 19:00h tendrá lugar dicha presentación, durante la cual se podrá probar la cerveza y gozar de la actuación del coro Lupulus Emsembla. Parece, además, que el cervecero Guzmán Fernández podría hacer acto de presencia, así como el mismisimo señor Mandril.

Si consigo más información acerca de la cerveza voy a hacer un pequeño update del post, con la ficha técnica y algún otro dato. Sino, siempre podéis visitar el perfil de Facebook, Twitter o la página web (que por el momento está en construcción) de la cerveza Mandril.


Update (22/11/2011):

Fuentes cercanas al Senyor Mandril me han hecho llegar la ficha técnica de la cerveza, que comparto con todos a continuación:

Estilo: Pale Ale.
Malta: Pils.
Lúpulos: Amarillo (sabor y aroma), Styrian Goldings (amargor).
ABV: 5,4%.
IBUs: 43.

 

martes, 15 de noviembre de 2011

Y al final llegué a Europa...

  
Nubecitas y casitas decoran el espacioso local de la
Cervecería Europa.
Aunque la lluvia quería estropearme la noche, finalmente pude ir a cenar a la Cervecería Europa de Madrid. Como ya comenté en el post anterior, hacía tiempo que esperaba este momento, y el sitio no defraudó.

Pude salir medianamente temprano de trabajar y, después de dejar las cosas en el hotel, nos dirigimos con mi compañero Cristian a la zona de Bilbao. Fuimos directos a la Cervecería Europa, donde había varias mesas libres, por lo que esta vez no tuvimos problema para entrar.

El local es bastante amplio, con una decoración curiosa y divertida. Cristalería oficial para cada cerveza (o al menos para la mayoría de ellas) y ocho grifos para escoger. Al sentarte te dirven enseguida un surtido de ganchitos y patatitas fritas diverso, enemigos del cervecero que entra para degustar bien una cerveza, pero buenos compañeros de charlas y previos de cena.

Dado que antes de empezar a beber cerveza soy un animal más o menos racional, descarté el menú que incluye barra libre de cerveza de barril, pensando que tengo muchos días por delante para acercarme, y que además al día siguiente tocaba currar como un campeón. Aún así, con las cervezas que tienen en carta, la barra libre de Leffe, Hoegaarden y alguna otra podía esperar fácilmente.

Me había dejado mi saca-chapas oficial en casa (después del viajes a Amsterdam, del que voy a postear cuando tenga las fotos disponibles, se había quedado en la maleta), así que pensé que nada mejor que tomar unas Samuel Smith (que no tienen chapa personalizada, por desgracia) aprovechando la variedad que tienen en la Cervecería Europa.

Así pues, tomé primero una Samuel Smith Pure Brewed Lager. Suave, afrutada, con un paladar de excepción; fue una buena introducción para luego atacar las hamburguesas alsacianas que iba a compartir con Cristian. Se pueden encontrar lagers mucho mejores, por supuesto, pero es una buena cerveza, y una curiosidad siendo producida por una cervecera inglesa como la de Tadcaster.

Luego tiré por una de oscurita, la Taddy Porter, que emepezó un poco apagada e iba ganando a medida que iba bebiendo. Se trata de una porter simple, sin peripecias, pero muy bebible y, nuevamente, con muy buen paladar. Chocolate, regaliz y suaves pero notables toques lupulados eran sus mayores atributos.

Podría haber tomado unas cuantas más, pero mejor reservarse para otras ocasiones. Tanto la Lager como la Porter son cervezas muy fácilmente "sesionables" (si me admitís el palabro); quizás no sean las mejores para la comida de hoy, pero debía probarlas dada la ocasión. Supongo que tenía la sensación que la Taddy sería más intensa.

Y hasta aquí mi primera, que no última, experiencia en la Cervecería Europa. El sitio es muy interesante por la comida, con una muy buena relación calidad-precio. Cervecísticamente no son tan pulcros en los detalles como en Oldenburg para mi gusto, pero se pueden compaginar alegremente ambos locales en una misma noche, estando los unos al lado de los otros.

jueves, 10 de noviembre de 2011

De vuelta por la Capi...



La esquina favorita de muchos cerveceros madrileños...

Motivos laborales me han traído de nuevo por Madrid, donde voy a pasar una larga temporada. A fin de aclimatarme bien y hacer mi estancia lo más cervecísticamente provechosa, he cogido el hotel en una zona interesante, cerca de Bilbao. Esta área se ha erigido como la referencia cervecera de la ciudad, con cervecerías de primera y un sinfín de locales que se han contagiado del halo cervecero y apuestan por una carta más o menos extensa de cervezas, especialmente de importación.

Así pues, dado que pude salir más o menos a una hora decente del curro y que el día siguiente era festivo en Madrid (la Almudena) tenía la intención de poner un "tick" al lado de dos cervecerías que hace tiempo que quiero visitar y que, por un motivo u otro, aún no había podido. Estoy hablando de la Cervecería Europa y de Oldenburg.

Mi idea inicial era cenar de menú en Europa, pero la lista de espera me hizo cambiar de planes. Así, y después de ver que en Oldenburg no se cabía, me dirigí con mi compañero "cocacolero" Cristian al nuevo local de Oldenburg, una calle más abajo que la cervecería original. Este nuevo local dispone de unas dimensiones mayores, si bien tampoco cabe mucha gente. Me gustó mucho el ambiente, que recrea bastante el del original, con una fachada casi tan atractiva pero con mayor espacio dentro, magnificado además por el hecho de que las estanterías y paredes no están embutidas de material de breweriana (que en ningún caso significa que no haya). Por mi gusto huele un poco demasiado a comida, pero uno se acostumbra y, viendo las posibilidades que da la carta, se olvida rápido.

Pudimos comer una decente salchicha Nuremberg, con sauerkraut y patatas de acompañamiento. Lo mejor, sin embargo, y como no podría ser de otra forma, fue la cerveza. Dado que mi horizonte laboral me permitirá tantas visitas como me apetezcan, no tuve la presión de tener que probar todas las cervezas que me dejara el cuerpo, y pude, calmadamente, beber las justas y necesarias y tomar mi decisión con juicio. Así, la noche sería de temática alemana.

Empecé por una Andechs Spezial Hell, una Helles muy refrescante, de nariz apagada pero boca intensa y sabrosa; muy rica. Seguí con otra Andechs, aprovechando que hasta la fecha no había encontrado esta marca en ningún otro sitio; en este caso, pedí la Doppelbock. Me pareció muy buena cerveza, seguramente la lager más afrutada que he podido tomar hasta la fecha. Una buena referencia para que la gente crítica con las cervezas de baja fermentación se replantee su posición.

Decidí tomar una tercera y listo, y pude degustar un cervezón mayúsculo, que hacía tiempo que quería probar dada mi admiración por las Eisbock: Aventinus Weizen-Eisbock de Schneider. A quien la haya probado me imagino que le sobrará cualquier elogio que pueda hacer, pero es que realmente la disfruté con delirio. Se trata de una cerveza muy maltosa y dulce, con una graduación alta (12º) pero bien mezclada, con notas de caramelo, toffee, toquecitos de fruta y levadura; mucho cuerpo y muy equilibrada. Una auténtica barbaridad (lager, también ;-).

El día siguiente, después de dormir fantásticamente con mi buena dosis de lúpulo y cebada, seguí tozudo con mi intención de ir a comer en la Cervecería Europa. Primero hice una parada en Oldenburg (local original) para tomar una cervecita a modo de entrante, aprovechando que no sólo se podía entrar sino que hasta había sitio para conservar la distancia de comodidad con los demás clientes. Desde fuera impresiona mucho el Oldenburg; desde dentro es una auténtica gozada: botellas, latas y carteles por todas partes; todo lleno de joyas del coleccionismo de breweriana y, tal y como era de esperar, según me comentaron en la barra, esto es sólo la punta del iceberg.

A las 2 del mediodía el ambiente no estaba nada cargado, y se daban unas condiciones fantásticas para tomar cerveza. Pedí una Witbier, concretamente La Trappe Witte, una trapista holandesa más o menos ya conocida, que sin destacar especialmente es muy bebible y refrescante, aunque un puntillo ácida para mi gusto. Mientras bebía contemplé mi precioso alrededor y pude hojear el número 8 de la Gacetilla Cervecera en formato físico, que presidía el local desde un extremo de la barra. Es bonito viajar por España y encontrarse ejemplares de la Gacetilla lejos de casa.

Salí directo para ir a comer, pero dado que era festivo en Madrid, la Cervecería Europa estaba cerrada. Me imaginaba que cabía la posibilidad, pero dado que la zona es bastante animada no se presentaba como un gran problema, más allá de la rabia de cambiar nuevamente mis planes. Como ya me había hecho a la idea de beber una buena cerveza mientras comía, y como iba solo, volví al nuevo local de Oldenburg, esta vez para tomar una ensalada Waldorf y una salchicha blanca de Munich. Esta vez, la cerveza elegida fue la Samuel Smith India Ale, una IPA de la vieja escuela, con un carácter maltoso y notas frutales de pera y manzana. De paladar muy inglés y final bastante amargo.

Y así fue como Birraire se reencontró, medio año después, con su querida Madrid. Dado que habrá muchas más escapadas por estos y otros locales, voy a ir colgando algunas notas de cata y fotos de lo que vaya tomando.
José Luis y los tiradores de Oldenburg. Que preciosidad
de local.

PD: Como apunte final, cabe destacar que todas las cervezas que tomé en Oldenburg fueron acompañadas de su vaso oficial; un detalle que se agradece muchísimo.

(Las fotos están tiradas con el móvil... perdonar la mala calidad de algunas).